El Quijote pasó sus últimos días como caballero andante en Barcelona, ’Bien sea venido a nuestra ciudad el espejo, el farol, la estrella y el norte de toda la caballería andante’, introducido en la ciudad por el bandolero Perot Rocaguinarda, ’por caminos desusados, por atajos y sendas encubiertas, partieron Roque, don Quijote y Sancho con otros seis escuderos a Barcelona. Llegaron a su playa la víspera de San Juan en la noche’ descubre el mar y una ciudad muy animada, lo sacan a un balcón y camina por las calles siendo reconocido por todos los que le ven, admira una cabeza que habla, baila hasta caer desfallecido, sube a una galera que ataca una nave de piratas, visita una imprenta y pierde su última batalla con el caballero de la blanca luna en las playas de Barcino. Todo esto en los capítulos finales de la Segunda parte del Quijote una excelente guía para recorrer la ciudad: “Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades y en belleza única. Y aunque los sucesos que en ella me han sucedido no son de mucho gusto, sino de mucha pesadumbre, los llevo sin ella, solo por haberla visto”.
PASEOS CON DON QUIJOTE (Joaquín Roglan, la vanguardia, 16 enero 2005)
Una ruta descubre los rincones de Barcelona que visitó el personaje de Cervantes
Siete damas y tres caballeros han sido los primeros que han recorrido las calles que pisó el ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha durante su estancia en Barcelona. Meses antes de que comiencen los fastos oficiales del cuarto centenario de la obra de Cervantes, Edu García, guía-historiador especializado en rutas urbanas sorprendentes, estrenó un trayecto que se goza con la lectura de fragmentos seleccionados y se complementa con episodios de la historia secreta de la ciudad que Alonso Quijano llamó ‘archivo de cortesía’.
Basándose en la obra original y en los ensayos de Martí de Riquer, Edu introdujo a sus acompañantes por Ciutat Vella, no sin antes advertirles de que ’el Quijote no existió, pero vino a Barcelona, la gente le recibió encantada, vio por primera vez el mar, visitó una imprenta, asistió a un atraco y a una batalla naval, bailó y se marchó de Barcelona siendo el caballero más desdichado porque le venció el caballero de la Blanca Luna’. Nada que no se haya escrito antes, pero con el encanto de ver los lugares donde acontecieron tales hechos.
El trayecto cobra tanto encanto que no sería raro ver aparecer a Don Alonso Quijano sobre su jamelgo y a Sancho a lomos de su asno. Tanto es así que el público se ríe, pregunta y se interesa por una obra de la que se ha sabido extraer su esencia popular. Prueba del interés universal del Quijote y de su relación con Barcelona es que entre las señoras que formaron el primer cortejo había dos que llegaron desde Sabadell y Sant Esteve Sesrovires. ’Todo resulta fascinante, pero lo más bonito es la pasión con que lo cuenta Edu’, declararon.
El primer paso tras las huellas de Don Quijote y Sancho Panza comienza en el callejón de Perot lo Lladre, dedicado al caballeroso bandolero que invitó y acompañó a Alonso Quijano durante tres días y tres noches en que ‘durmieron de pie’. En una de esas agotadoras jornadas, el hidalgo manchego y su escudero asistieron a un atraco.
La comitiva visita después la oficina tipográfica Cormellas, en la calle del Call número 16, en cuya fachada hay esgrafiados con el oficio de impresor. Allí se describe la elaboración de un libro, algo nunca visto antes por tan gran lector de libros de caballerías.
Más adelante, el Palau de la Generalitat, donde el Sant Jordi de la fachada recuerda a la orden de caballería barcelonesa que llevaba su nombre y que organizaba justas y torneos. Se llega luego ante la imagen de un mago moderno y se recuerda la magia presente en el libro y sus capítulos barceloneses. Cerca de ella la calle Cervantes, homenajea a quien dejó la loa más grande escrita sobre la ciudad.
Se llega a la calle Ample. Parece ser que allí se hospedó Alonso Quijano, salió a uno de los primeros balcones que hubo en la ciudad, le sacaron a pasear entre aplausos de la gente, y le invitaron a bailar doncellas de dudosa virtud, hasta que se retiró a dormir cansado y espantado de sus ’malos pensamientos y deseos’.
Siguiendo la ruta quijotesca, se realiza una parada en la Casa Cervantes, situada en el número 2 del paseo Colom, llamada casa Cervantes porque se cuenta que alojó al escritor.
De allí el paseo prosigue hasta el Mirador del Port Vell, ’que era todo playa’ cuando el caballero de la triste figura vio descargar navíos, ahuyentar y derrotar naves piratas que secuestraban pescadores catalanes. Admiró las cuatro galeras de la Generalitat, capitaneadas por la Sant Jordi, y, de paso, se relatan las bromas y chanzas que los marinos gastaron a Sancho. Sin olvidar a un capitán de extraña belleza al que el virrey preguntó quién era y respondió: ‘Ni turco, ni moro, ni renegado, sino mujer cristiana’.
En el Pla de Palau hubo la Porta del Mar por la que entró y salió el Quijote. Y en la sede de la Delegación del Gobierno cuelgan lienzos del hidalgo manchego y uno donde se ve a Sancho con barretina. Cerca, el Quijote cayó bajo la lanza del Bachiller Carrasco disfrazado de caballero que le hizo volver a ver si se le sanaba el seso.
Finalmente, la ruta del Quijote finaliza en el paseo del Born, donde tenían lugar las justas y torneos que organizaban los caballeros de Sant Jordi para divertir al pueblo y los más pecaminosos carnavales de la ciudad. Tras despedir al cortejo, parte el guía y se quedan los asistentes departiendo entre ellos. Como Jordi Sanz y Àngel Martínez: 'Hemos leído El Quijote, pero hemos descubierto detalles y curiosidades que no habíamos imaginado’. O como Joaquima Albiol y Amàlia Botella: 'No habíamos leído El Quijote desde que éramos niñas, pero ahora tenemos ganas de releerlo con la experiencia que dan los años y la perspectiva de todas las cosas que nos han contado'.
Visto el paisaje, el resto depende de la ingeniosa fantasía de quien pose los ojos sobre una de las obras más hermosas de la humanidad.
«Por la manchega llanura se vuelve a ver la figura de Don Quijote pasar...
Y ahora ociosa y abollada, va en el rucio la armadura,
y va ocioso el caballero, sin peto y sin espaldar...
Va cargado de amargura, que allá encontró sepultura su amoroso batallar...
Va cargado de amargura, que allá quedó su ventura en la playa de Barcino,
frente al mar...
Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura, en horas de desaliento así te miró pasar...
y cuántas veces te gritó: «Hazme un sitio en tu montura y llévame a tu lugar.
Hazme un sitio en tu montura, caballero derrotado, hazme un sitio en tu montura, que yo también voy cargado de amargura y no puedo batallar.
Ponme a la grupa contigo, caballero del honor,
ponme a la grupa contigo, y llévame a ser contigo, contigo pastor...»