Para comprender la importancia que tuvieron las tonadillas durante la segunda mitad del siglo XVIII, no hay más que echar un vistazo a los “periódicos” que se publicaban por entonces en Madrid. En la última página del “Diario curioso, erudito, económico y comercial”, por ejemplo, y tras el epígrafe “comedia”, aparece la programación de los teatros de Madrid (La Cruz, El Príncipe, Los Caños del Peral...), especificando las funciones y dando siempre especial relevancia a la inclusión en la programación de las tonadillas.
Las tonadillas son una “fusión” magnífica entre la comedia popular, los “sainetes”, tan del gusto de los españoles de la época y la música más clásica adaptada a la “escuela española”. Para unos es el origen de la zarzuela o de la canción española, para otros la versión española de la “ópera cómica”. La tonadilla es, básicamente, la expresión de un movimiento artístico que impulsa a los compositores a expresar en su música las raíces tradicionales de su cultura musical.
Son tiempos duros para la música española (¡cuándo no lo son!), que se ve siempre sometida a comparaciones, casi siempre injustas, con los estilos europeos más en boga en los ambientes cortesanos. Esto queda plasmado en muchos argumentos de las tonadillas, en los que se vitupera y se zahiere a “petimetres”, madamas y afrancesados sin ninguna consideración.
De las muchas características de las tonadillas, hay una que llama poderosamente la atención en estos tiempos que corren, que es el “feminismo militante” que rezuman con más frecuencia de la que cabría esperar. En las tonadillas se nos presentan heroínas inteligentes, emprendedoras y valientes, que se enfrentan, animosas, a hombres poderosos, machistas y prepotentes, ayudadas únicamente por sus inocentes armas de mujer.
No faltan en la tonadilla todos los ingredientes del género, que, como no podía ser de otra forma, incluye, además de música característicamente española, arias y movimientos con un tono italianizante e incluso, en ocasiones, con un cierto regusto afrancesado.
Nuestro espectáculo incluye en sus dos actos las tonadillas “El celoso” y “Al fin vence la mujer” del maestro Blas de Laserna, en las que nos encontramos a Gumersinda y Robustiano, primero de novios, de recién casados luego, enfrentados a los conflictos de intereses de una pareja medioburguesa madrileña de finales del siglo XVIII.
Hemos conservado el texto íntegro del original aunque hay palabras en desuso de las que damos algunos ejemplos con las definiciones del Diccionario de la Real Academia Española de 1803, fecha aproximada en la que se estrenaros nuestras comedias.
Estafermo. La persona que se queda parada como embobada y sin acción por algún motivo. Homa a sensibus abstractus, suspensus (RAE 1803).
Cocar. Hacer cocos y gestos. Gesticular.
Fam. Hacer ademanes, o decir palabras lisonjeras para captar la voluntad de alguno. Adulari, blandiri, gestibus, aut verbis.
Damiento.- Lo mismo que dádiva.
Duro. El peso de plata de una onza, que vale diez reales de plata. Úsase también como sustantivo masculino. Moneta argentea unciae pondos exaequans.
Fleco. Cierto género de pasamano, texido con hilos, cortados por lo regular de un lado, el cual se hace con hilo, lana, seda, ú otra cosa, y sirve de guarnición en los vestidos, pegándole á las orillas: hácense con mas, ó menos labores, y suelen llamarse de campanilla, redecilla,&. Floccus.
Mono, na. Fam. Cosa pulida, delicada ó graciosa. Res perpolita.
Pericón. Abanico muy grande.