La Tristura presenta su segundo trabajo Años 90, nacimos para ser estrellas. Un recorrido por la última década del siglo veinte, (desde la caída del muro de Berlín en 1989, hasta la caída de las torres gemelas, en 2001) a través de la historia íntima de dos hombres mayores, interpretados por Itxaso Arana y Violeta Gil. Los años noventa es una historia de amor, un viaje de lo privado a lo público, y una reflexión sobre los últimos acontecimientos de la historia. Un llanto por el siglo veinte. Una historia de amor para contar la historia del mundo.
Contra la violencia y la sociedad del espectáculo, los hombres se asocian creando formas de vida diferentes, que puedan proponerse como alternativa a las vidas comunes.
`Me siento ante la televisión
Y espero una catástrofe
Pero cuando encienda la tele y no pasa nada
Pienso que hay mucha gete como yo en todo el mundo
Esperando una catástrofe lejos
Una catástrofe para pasar el día
Esos quieren acabar conmigo
Quieren que la catástrofe me suceda a mí´
En los años 90 se ha tenido más información que nunca, se ha leído más, se ha viajado más, se han podido comprender las cosas más rápido que nunca. Ellos se han entregado a su propio talento, a su propia belleza, a su propio proyecto. Todo lo que llena su casa, las presencias, las imágenes, los mitos y las canciones, ha sustituido al mundo. Una casa donde se acumula y se protege la belleza que han ido recogiendo. Un museo, nuestro propio museo.
Protegidos y expuestos a un tiempo, han levantado una casa llena de palabras bellas y objetos imprescindibles, llena de memoria y dolor. Travis representa la acción, la calle, la ciudad, la animalidad. Klaus es la razón, la languidez, la palabra.
`Estar en casa es estar muerto´ (Pascal)
`Estar separado es estar en casa´ (Lévinas)
Algo importante parece haberles sucedido, algo ha causado una fractura dentro de ellos, quizá la acumulación de cosas que han vivido, quizá la forma de vivirlas, quizá su relación. La palabra sola no puede llegar a ningún sitio, la palabra ya sólo sirve si se hace una con el cuerpo, si es acción, si es discurso ante los demás, si es pensamiento fuerte, si tiene origen y destino, no es suficiente la palabra por la palabra, no es suficiente la palabra cotidiana.
Los años noventa empiezan en la tierra, con la caída del muro, y acaba en el cielo, con los aviones que destruyen las torres gemelas. Este es el cielo que hemos querido construir. Un cielo desde el que las estrellas bajan a salvarnos. Y así acaba su historia.
`Tal vez crees que estoy hablando de una época
Pero estoy hablando de ti
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Hemos construido una fábula sobre la creación, sobre la inspiración, y sobre la luz. Desde siempre, el hombre ha hecho preguntas al cielo. Y algunas veces, ha obtenido una respuesta.
Desde Valencia, Tafalla y Segovia cuatro jóvenes dejan su casa y viajan a Madrid para hacer teatro. Se encuentran en la Reda (Real Escuela Superior de Arte Dramático). Nacidos en los años ochenta, no comprender la escuela, ni el teatro, ni la capital: deciden formar una compañía. Creen que el teatro es un invento para que no puedan esconderse, un buen invento al fin y al cabo. La tristura son Itaso Arana, Pablo Hidalgo, Violeta Gil y Celso Giménez.
En 2005 empiezan a trabajar y en 2006 estrenan en Valencia, Instrucciones de nadador. Este mismo año ve la luz La velocidad del padre, la velocidad de la madre, con esta obra realizan gira por diversas ciudades de España como Sevilla, Bilbao, Valencia, Madrid o Vigo. El texto es publicado por la colección Pliegos de teatro y danza.
La tristura cree que el teatro es el lugar adecuado para el encuentro con el otro, para hablar y escuchar. Cree en la implicación absoluta de cada miembro de la compañía en cada aspecto del hecho teatral, en la toma de decisiones, y en el compromiso activo con una forma de vivir. Apuesta por un lenguaje poético y político, lejos del realismo y de las formas convencionales, buscando la excelencia en cada uno de sus trabajos.
Formando parte de una generación que se declara desencantada y nihilista, La tristura reivindica el teatro como espacio sagrado y lugar de asamblea. Si la velocidad…, fue una reflexión sobre la educación y los modelos familiares, Años noventa… trata de mirar al mundo cara a cara, sin acusar y sin buscar culpables, e intenta, una vez más, responder a la pregunta de cómo vivir. En el tiempo de la postmodernidad, La tristura hace teatro con la convicción de que las palabras y los gestos pueden cambiar las cosas. Y de que sólo hay una manera de diferenciar lo real y lo ficticio, la búsqueda incansable de la belleza y la verdad.
Ficha artística
Texto: Pablo Hidalgo y Celso Jiménez
Intérpretes: Itxaso Arana y Violeta Gil
Diseño de iluminación: David Benito
Colaboran: Aula de Teatro de la Universidad de Alcalá y La Casa Encendida
Agradecimientos: Pablo Caruana, Jesús Ubera, Elena Quintana, Javier Mendoza, Elsa Minapeix, Javier Marquerie Thomas, Federico Vladimir, Nadia, Getsemaní de San Marcos, Estefanía García, Antonio Fernández Lera, Juan y Elisa, Maral Kekejian, Óscar Cornago, José Vicente Torrejón, Juan Loriente, Alberto Jiménez, Adolfo Arrieta, Antonio de la Rosa, Laura Marta, Casio Brito, Orane Arana, Fernando Arenas, Santiago Martínez, José E. Jiménez y Teatro la Galera.