El gordo y el flaco, más conocidos por Laurel (flaco) y Hardy (gordo), es uno de los mitos que con el paso del tiempo se han ido desdibujando hasta el punto de que los más jóvenes desconocen su existencia como uno de los referentes en la historia del cine de humor junto a Chaplin, Keaton o los Hermanos Marx.
El éxito de Laurel y Hardy llegó sobre todo con el cine sonoro y protagonizaron multitud de películas en las que desarrollaron numerosos gags y situaciones disparatadas. El descubridor de la excéntrica pareja fue el productor, guionista y director Hal Roach que convirtió a Laurel y Hardy en una especie de matrimonio inseparable.
Con buen criterio Mayorga rescata el mito para convertirlo en un espejo en el que reflejar las relaciones y conflictos, amores y desamores de la pareja, más allá del arquetipo de `el gordo´ y `el flaco´ y de las diferencias de sexo. En resumidas cuentas las relaciones de convivencia en sus aspectos más tiernos y miserables como metáfora del matrimonio. La dualidad que representan Laurel y Hardy nos sugiere la permanente confrontación entre el `yo´ y el
`otro´ en la que Hardy parece representar el papel de la figura masculina y Laurel el prototipo de lo femenino; roles que se manifiestan en cualquier tipo de pareja.
Sin pretender convertir el montaje, únicamente en una reivindicación de la libertad en las relaciones humanas, ni en una nueva versión teatral de las andanzas de tan singular pareja, sí me interesa fundamentalmente, escenificar la contradicción entre el placer hedonista y la necesidad del `otro´ como referencia sentimental y afectiva (`contigo pero sin ti´). Este conflicto
sin aparente resolución, escenificado a través de la comicidad de las situaciones, casi gags en estado puro, como crítica jocosa y entretenida de nuestro mal llamado mundo `civilizado´.
El Autor (Juan Mayorga)
La risa y el cuerpo. El humor, elemento que tenía escasa relevancia en mis primeros trabajos, ha ido ganando peso en los más recientes, hasta convertirse en fundamental en el penúltimo, Cartas de amor a Stalin. Parece natural que la obra que sigue a Las cartas tenga en su centro el factor humorístico. No sé si el El gordo y el flaco puede ser caracterizada como una comedia. En todo
caso, pretende, sin complejos, hacer reír.
Así como pretende explorar lenguajes en lo que hasta hace poco mi escritura no se había aventurado –y de nuevo Cartas de amor a Stalin constituya una excepción-. Me refiero al ámbito de lo no verbal; al espacio del gesto, a la fisicidad del actor. Sin renunciar, claro está, a la palabra, pero poniendo a ésta en permanente tensión con el cuerpo que la dice. El gordo y el flaco debe mucho a la convencionalidad radical de los payasos, a la artificiosidad del cine mudo y a los descubrimientos del llamado teatro gestual.
Esos lenguajes del cuerpo no pueden ser impuestos desde el texto. Más bien corresponderá al texto la tarea de abrir espacios que esos lenguajes puedan ocupar. De ahí que un proyecto como éste exija más que otros el diálogo entre el autor del texto y sus intérpretes (...) Una extraña pareja que entra en crisis. Y que entonces, en su crisis, se parece a cualquier otra pareja del
mundo.
Ficha artística
Intérpretes: Israel Elejalde y Luís Moreno
Diseño gráfico: Rocío Domínguez
Vestuario: Ikerne Jiménez
Escenografía: Rocío Peña
Sonido: Jorge Martí
Producción: Manuel Mata
Ayudante de dirección: Sara Martínez
Autor: Juan Mayorga
Iluminación y dirección: Carlos Marchena
Agradecimientos: Colegio Mayor San Juan Evangelista, Les Felices, Comunidad de
Madrid.