El mundo sagrado del Tibet es un mundo lleno de cantos de textos budistas y recitados de mantras, de sonidos de campanas, címbalos, trompetas y tambores. Los Monjes del Monasterio de Tashi Lhunpo, ubicado en el sur de la India, nos acercan con su espectáculo a la música y danzas tradicionales de esta fascinante cultura.
Los Monjes del Monasterio de Tashi Lhunpo llevan varios años realizando exitosas giras presentando su música y danzas por toda Europa, incluyendo países como Reino Unido, Suiza, Italia, España, Portugal y Holanda. Sus presentaciones en directo se complementan también con exhibiciones de Mandalas (complejos diagramas simbólicos que se presentan como maravillosos dibujos realizados con polvo de mármol en vivos colores) así como diversos talleres prácticos.
El monasterio de Tashi Lhunpo es una de las seis grandes Universidades monásticas tibetanas, y sede del Panchen Lama, el segundo líder espiritual tibetano, detrás del Dalai Lama. Fundado en el siglo XV por el primer Dalai Lama, continua siendo el mayor representante de la tradición Gelugpa dentro del Budismo tántrico tibetano. El monasterio se reestableció
en el exilio en 1972 (Bylakuppe, en el estado de Karnataka, India) y es ahora el hogar de 250 monjes, que estudian filosofía budista y la tradición Tashi Lhunpo de artes y música sagrada tántrica.
La música de los monjes del monasterio de Tashi Lhunpo, es una música extremadamente sutil y compleja, indisociable de las tradiciones antiguas de cuyo significado está impregnada. Además, en lo esencial se halla destinada a la vida espiritual. Ya sea vocal o instrumental, requiere no solamente un conocimiento perfecto de los textos transmitidos por tradición oral, sino además un alto nivel de virtuosismo en la interpretación.
Íntimamente ligada a la tradición, la música desempeña un papel importante en la vida de la comunidad monástica. Los monasterios tibetanos son verdaderos conservatorios en el sentido occidental del término, es decir, escuelas de música que dispensan a los monjes una formación
musical de alto nivel, organizan conjuntos vocales y orquestales, y mantienen una estética y unos medios de expresión particulares cuidadosamente codificados.
Los instrumentos, tanto de viento como de percusión, son de origen local
y extranjero. Algunos de ellos, como la caracola o dung kar, trompeta
fabricada con la concha de un gran caracol blanco que se pesca en la
costa oriental del Hindostán, son originarios de la India. Dicho instrumento
es el que, según el libro sagrado `Bhagavad Gita´, emite `ese ruido
formidable que sacude el cielo y la tierra´, y exige de quien lo toca un oído
sumamente fino y pulmones poderosos.
De origen indio son también la campanilla y el tambor en forma de clepsidra,
el damaru del dios Siva. Otros instrumentos parecen ser de origen
tibetano: la trompeta fabricada con una tibia humana o kang ling, y el chodar,
tambor formado por dos cráneos humanos y con bolas batientes. La
influencia del Irán, ya sea directa o a través de la India, está presente en
una especie de oboe, y la influencia china en los címbalos.
Esta música se ejecuta dentro y fuera de los monasterios. En las lamaserías
acompaña las ceremonias religiosas, particularmente en las salas
reservadas a la oración y, a veces, algunos ritos que se celebran en el
patio. Se ejecuta como señal para que los lamas den comienzo a su meditación
en sus respectivas celdas o para efectuar ofrendas a ciertas divinidades.
En este último caso, se toca en el techo del monasterio para que
pueda ser escuchada a distancia.
Fuera del monasterio, se interpreta en los hogares privados con ocasión
de nacimientos, matrimonios, fallecimientos u otros sucesos, o cuando
alguien quiere hacer "méritos" para alcanzar una reencarnación mejor.
También se toca en las procesiones, para recibir visitas de importancia o,
simplemente, para estudiar los instrumentos cuyo sonido, generalmente
muy fuerte, podría molestar a otros monjes que oran o estudian en el
monasterio.
Igualmente se interpreta esa música fuera del monasterio o en el patio del
mismo para acompañar las danzas religiosas de máscaras, o cham, ejecutadas
exclusivamente por los monjes y que representan, con episodios
humorísticos, el triunfo del budismo sobre la religión tibetana precedente.
Por su parte, la orquestación misma de la música tibetana está determinada
por la relación que existe entre cada instrumento y las divinidades.
A las divinidades pacíficas corresponden los oboes, la caracola y un par
de címbalos. A las combativas, cuya misión es defender la libertad y exterminar
a los espíritus enemigos, la trompeta corta y los címbalos rolmo. Las
trompas y tambores están asociados a ambos grupos por igual.
Generalmente es el director de orquesta el que toca los címbalos, de los
cuales depende, en gran medida, la relación entre las partes ejecutadas
por los diferentes instrumentos. Asimismo, él es quien dirige la ceremonia,
el canto y la recitación del rezo y quien marca el tempo de la ejecución.
Los monjes consideran que la música es un medio de expresión espiritual
y que se toca exclusivamente para los dioses. El hecho de que los músicos,
extremadamente sensibles a la perfección técnica, tengan conciencia
de la función de su arte y experimenten una satisfacción y un interés profesional
no está en contradicción con el carácter de la música, sino que
garantiza la permanencia de una tradición cuyo origen y naturaleza se
consideran esencialmente espiritual.