Los Porretas son el espíritu de una cultura de barrio que encuentra en la música el mejor o casi el único vehículo de expresión propia, de una forma de vida, de un lenguaje y unas costumbres que ocupan el sustrato más bajo, y por ello tal vez el más sólido, de la vida social española.
Orgullosos de sus orígenes, se expresan sin dobleces ni ambigüedades, a las claras, y no maquillan su lenguaje ni sus dejes callejeros y madrileños con pomada de cultura fina. Siempre con alguna que otra cerveza de por medio y a lo mejor unos canutos para inspirarse.
Los Porretas llevan haciendo su rock en el límite con resonancias punk desde 1985, aunque no se dieron a conocer hasta comienzos de los noventa a través de una recopilación de grupos de su barrio fruto de un certamen que ganaron.
El sexto disco de los Porretas, "Rocanrol" (1998, Edel Music), son catorce veloces temas de una media de menos de tres minutos que consagran a estos veteranos como los creadores de un sonido que sintetiza veinte años largos de rock urbano. Es el primer disco de Porretas que repite estudio y equipo de producción, en Sonoland y con Carlos Martos, lo cual indica que la banda ha encontrado una fórmula que desea explotar para lograr ese estilo cuya evolución aparentemente mínima esconde una constante depuración y corrección. Después de diez años largos de carrera, eso que los Porretas hacen tiene un nombre bien sencillo, "rocanrol", que no "rock´n´roll" anglosajón, sino puro rock "made in Spain", o sea, música popular eléctrica de aquí, "rocanrol y punto".
Tras un largo año de conciertos imparables, los Porretas están de nuevo en las ondas. En esa evolución que conecta un sonido aclamadamente actual con unos orígenes imprescindibles, los de Hortaleza recopilan ahora una historia, la de su propia genealogía. "Clásicos" (2000, Edel Music) es eso, una tanda de versiones de lo mejorcito, lo más relevante, lo más genuino de esas fuentes originarias de las que estos Porretas han sabido beber con fruición y aprovechamiento, como hacen con la "priva". No es este un disco de puro homenaje a sus maestros, ni tampoco un manual de la correcta interpretación del rock duro: curiosamente, es en los temas de otros cuando se hace más patente la personalidad de este grupo, la existencia de un "sello Porretas" que va más allá de la etiqueta de Mahou y los papelillos, un estilo musical genuino e inimitable.