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Imagínate que buscas un plan playero en el último momento. Imagínate que quieres sol y playa sin gastarte demasiada pasta. Figurate que por coordenadas geográficas y de disponibilidad lo único que te cuadra es el levante español. Y que buscando algo que cumpla con las 3 Bs (lo de barato en estos casos de última hora es relativo…) acabas en Torrevieja. Imagínate todo esto y piensa que te puede pasar a ti. Te lo digo yo porque me pasó a mí. Sí sí. Y lo abracé sin dudarlo. Todo por mi finde playero.

Quítate los prejuicios y para asombro de propios y extraños, plántate en Torrevieja con una sonrisa. Sin festival de música ni excusa variopinta de por medio. Sin llaves del apartamento de la abuela de alguien. Viaje consciente y decidido a Torrevieja, pagando religiosamente alojamiento y de todo. Sin tuppers. A todo trapo. “Pa’fuera telarañas”, que diría Bebe en sus tiempos buenos. No pasa nada por no estar en una encantadora playa de Cantabria, por no chapotear en la donostiarra Zurriola este fin de semana, o por no disfrutar de las chumberas y el ambiente desértico de la Playa de los Genoveses en Cabo de Gata (Almería). Estás aquí y ahora, y estás en Torrevieja. Y te voy a dar motivos para que lo hagas en algún momento. Sí.

1. Viajar en el tiempo

Cuando vas rumbo hacia allá no sabes si viajarás a los 70, a los 80 o a los 90. Solo escuchar el nombre “Torrevieja” te retrotrae a esos programas de ‘El precio justo’, en los que el premio más codiciado era un apartamentito en la localidad alicantina. ¿La realidad? Viajas a un mejunge, un remix de todas esas épocas. Abuelos con nietos con hijos con sobrinos con parejitas llevan ropa de hoy, pero los guiris dan esa nota “noventas”. Esa gente roja, oriunda del UK o de Rusia o de ese tipo de lugares que imprime tanto carácter al aspecto físico. Pertrechados en colores feos, hechuras improbables, de esa que ni imaginas de dónde ha podido salir. El entorno, el ambiente, la fisionomía de la localidad… todo te lleva a Alfredo Landa, a Borat, a Ozores… Tiempos pasados o presentes con un regusto rancio pero que por algún motivo da como gustito.

VIAJAR EN EL TIEMPO
Fotos: Henar Ortega

 

2. La belleza de la ausencia

Casas vacías, ventanas tapiadas, construcciones cercadas por todos lados, llenas de pintadas y de restos del paso de gente, estancias destartaladas… Hay determinados lugares en pleno Torrevieja y en sus inmediaciones que apelan a la poética de la fotografía, de lo que se ha detenido en el tiempo, de quienes se fueron y ya no volverán, de la última vez que se estuvo en un lugar, que se quedó así. Ya lo cantaban Astrud: “para cada cosa hay una vez, que es la última”.

abandono

3. Letreros luminosos

Lo de los luminosos en Torrevieja es de otro planeta. En serio. No hablo de esos luminosos lujosos, en movimiento de arriba para abajo tipo Benidorm o Marbella, ni rollito Las Vegas, no. Hablo de letreros que son vintage sin querer serlo. Con tipografías improbables, sin intención pero que la adquieren toda con su simple contemplación. Algunos medio caídos. Otros directamente fundidos. Moteles, Clubes que se anuncian como casinos, hoteles, tiendas, bares… Decrepitud entrañable lo llamaría yo.

letreros

4. Los chiringos

Estés donde estés, Torrevieja o inmediaciones. Hayas visto lo que hayas visto por el camino. Oliera como oliera la calle que has tenido que pasar para llegar hasta la playa. ¿Qué es eso que avistas? ¿Un oasis? No: un chiringuito. De ahí no te saca ni Dios. Silla de plástico de la marca de cerveza de turno. Una ídem en la mano. Vistas al mar. Unas papas de bolsa, con suerte gratis a modo de tapa. Es tu momento. Estás en EL CHIRINGUITO. Da igual Torrevieja que Castrourdiales: disfrútalo con todas las letras. Y si tienen de comer y te da buena pinta no dejes de comerte unas tellinas, una sepia y un arrocito. P’al body.

chiringuito

5. La arquitectura loca

El deleite y la diversión de la vista es una de las actividades más placenteras y relajantes que hay. ¿Que lo que buscas es desconectar? Abre bien los ojos en Torrevieja y alrededores. No te vas a encontrar con construcciones dignas de Jacques Tati, pero por un pelo. Piscinas rarísimas en tonos inusuales, duchas con forma de delfines, barandillas rococó, edificios inspiración Pirámides de Teotihuacán, minigolfs abandonados… O cosas como las de la foto. ¡Disfruta!

arquitectura loca

6. Los tonos ocres y “amarronaos”

Si hay un color que define a la zona de Torrevieja es el ocre. El color arena, y sus variantes quemada por el sol -más clarita-, y más anaranjado o directamente marrón. Es como las pelis del Oeste pero en deslavado. Es como una paleta de polvos de maquillaje de verano, pero sin colorete. El Oeste lavado a la piedra. El 90% de los objetos, texturas, estampados, lonas o toldos te llevarán a esa gama. Hazte a la idea y gózalo. Jamás ante tus ojos una gama de color tan completa.

7. Las palmeras y los flamencos 

Palmeras solitarias. Palmeras en hilera. Palmeras en la carretera y en el paseo marítimo. Palmeras desgarbadas, altas, finas, con vocación de rascacielos. Toda esa zona levantina está plagada de palmeras. ¡Viaja a Malibú con tu mente mientras estás en Torrevieja! Y en tus trayectos en coche por el litoral, atento a las salinas y a los flamencos que están en ellas. Simplemente preciosos.

palmeras

8. Los Miguelitos de la Roda

Si vas por carretera y tienes que pasar por tierras albaceteñas… ¡oh, eres un suertudo! A ver, explico el modus operandi que propongo: calcula la gasolina para tener que parar en esa zona. Cuando estés en las inmediaciones de La Roda para en la gasolinera con bar de carretera que más rabia te dé. Y cómete un Miguelito de la Roda. Si no te apetece dulce en el momento, llévate una caja a casa. De crema o de chocolate, los que prefieras. Y no dejes de pedirte un buen bocata de jamón y queso de la zona, y de llevarte para casa unos ajos de Las Pedroñeras. De nada.

9. Escenitas como de película de Almodóvar

Más bien, los fueras de campo sensoriales correspondientes al imaginario fílmico del manchego. Terrazas de apartamentos pobladas de gente desnuda de cintura para arriba (en su mayoría hombres de la tercera edad) en torno a una mesa al anochecer. Sonido de tenedor contra plato de duralex y olor a fritanga de haber hecho tortilla de patata. Fluorescentes dando luz a esa velada. A pie de calle, bares alejados de la playa en los que comer algo que se parecen mucho al que regentaba Penélope Cruz en Volver. Para muestra, un botón:

almodovar volver

10. La Playa del Pinet

25 minutos en coche separan Torrevieja de este remanso de paz familiar. Un enclave costero con mucha historia. Una alargada playa con relativa poca ocupación, y un paisaje formado por una hilera de humildes casitas construidas en los 50 (impensables hoy, Ley de Costas mediante). Una estampa en la que solamente falta ver ahí sentado al Fary ataviado como en la mítica foto aquella que tiene en bañador (¿os acordáis?). Es como estar en una playa que te mete dentro de una foto en sepia. Allí, además de espacio para la toalla -condición que no siempre se da en las playas de la zona-, hay un área más amplia con hamacas y sombrillas tropicales que se pueden alquilar. Para comer y beber algo, son varias las opciones, si bien el Hostal Maruja es la más típica y variopinta. Merece la pena tomarse allí unos refrigerios y un arrocito a escasos metros del mar, con las mejores vistas, la amabilidad de sus trabajadores, y a precios ajustados. Nunca hubiera encontrado la playa del Pinet sin un alma cándida lugareña que me lo indicase. Y yo, querido lector, encantada de ser tu proveedora de una buena recomendación para sobrevivir por la zona y de cerrar este artículo con lo mejorcito de lo que viví por allí.

playa de pinet

Quítate los prejuicios y para asombro de propios y extraños, plántate en Torrevieja con una sonrisa. Sin festival de música ni excusa variopinta de por medio. Sin llaves del apartamento de la abuela de alguien. Viaje consciente y decidido a Torrevieja, pagando religiosamente alojamiento y de todo. Sin tuppers. A todo trapo. “Pa’fuera telarañas”, que diría Bebe en sus tiempos buenos. No pasa nada por no estar en una encantadora playa de Cantabria, por no chapotear en la donostiarra Zurriola este fin de semana, o por no disfrutar de las chumberas y el ambiente desértico de la Playa de los Genoveses en Cabo de Gata (Almería). Estás aquí y ahora, y estás en Torrevieja. Y te voy a dar motivos para que lo hagas en algún momento. Sí.

1. Viajar en el tiempo

Cuando vas rumbo hacia allá no sabes si viajarás a los 70, a los 80 o a los 90. Solo escuchar el nombre “Torrevieja” te retrotrae a esos programas de ‘El precio justo’, en los que el premio más codiciado era un apartamentito en la localidad alicantina. ¿La realidad? Viajas a un mejunge, un remix de todas esas épocas. Abuelos con nietos con hijos con sobrinos con parejitas llevan ropa de hoy, pero los guiris dan esa nota “noventas”. Esa gente roja, oriunda del UK o de Rusia o de ese tipo de lugares que imprime tanto carácter al aspecto físico. Pertrechados en colores feos, hechuras improbables, de esa que ni imaginas de dónde ha podido salir. El entorno, el ambiente, la fisionomía de la localidad… todo te lleva a Alfredo Landa, a Borat, a Ozores… Tiempos pasados o presentes con un regusto rancio pero que por algún motivo da como gustito.

VIAJAR EN EL TIEMPO
Fotos: Henar Ortega

 

2. La belleza de la ausencia

Casas vacías, ventanas tapiadas, construcciones cercadas por todos lados, llenas de pintadas y de restos del paso de gente, estancias destartaladas… Hay determinados lugares en pleno Torrevieja y en sus inmediaciones que apelan a la poética de la fotografía, de lo que se ha detenido en el tiempo, de quienes se fueron y ya no volverán, de la última vez que se estuvo en un lugar, que se quedó así. Ya lo cantaban Astrud: “para cada cosa hay una vez, que es la última”.

abandono

3. Letreros luminosos

Lo de los luminosos en Torrevieja es de otro planeta. En serio. No hablo de esos luminosos lujosos, en movimiento de arriba para abajo tipo Benidorm o Marbella, ni rollito Las Vegas, no. Hablo de letreros que son vintage sin querer serlo. Con tipografías improbables, sin intención pero que la adquieren toda con su simple contemplación. Algunos medio caídos. Otros directamente fundidos. Moteles, Clubes que se anuncian como casinos, hoteles, tiendas, bares… Decrepitud entrañable lo llamaría yo.

letreros

4. Los chiringos

Estés donde estés, Torrevieja o inmediaciones. Hayas visto lo que hayas visto por el camino. Oliera como oliera la calle que has tenido que pasar para llegar hasta la playa. ¿Qué es eso que avistas? ¿Un oasis? No: un chiringuito. De ahí no te saca ni Dios. Silla de plástico de la marca de cerveza de turno. Una ídem en la mano. Vistas al mar. Unas papas de bolsa, con suerte gratis a modo de tapa. Es tu momento. Estás en EL CHIRINGUITO. Da igual Torrevieja que Castrourdiales: disfrútalo con todas las letras. Y si tienen de comer y te da buena pinta no dejes de comerte unas tellinas, una sepia y un arrocito. P’al body.

chiringuito

5. La arquitectura loca

El deleite y la diversión de la vista es una de las actividades más placenteras y relajantes que hay. ¿Que lo que buscas es desconectar? Abre bien los ojos en Torrevieja y alrededores. No te vas a encontrar con construcciones dignas de Jacques Tati, pero por un pelo. Piscinas rarísimas en tonos inusuales, duchas con forma de delfines, barandillas rococó, edificios inspiración Pirámides de Teotihuacán, minigolfs abandonados… O cosas como las de la foto. ¡Disfruta!

arquitectura loca

6. Los tonos ocres y “amarronaos”

Si hay un color que define a la zona de Torrevieja es el ocre. El color arena, y sus variantes quemada por el sol -más clarita-, y más anaranjado o directamente marrón. Es como las pelis del Oeste pero en deslavado. Es como una paleta de polvos de maquillaje de verano, pero sin colorete. El Oeste lavado a la piedra. El 90% de los objetos, texturas, estampados, lonas o toldos te llevarán a esa gama. Hazte a la idea y gózalo. Jamás ante tus ojos una gama de color tan completa.

7. Las palmeras y los flamencos 

Palmeras solitarias. Palmeras en hilera. Palmeras en la carretera y en el paseo marítimo. Palmeras desgarbadas, altas, finas, con vocación de rascacielos. Toda esa zona levantina está plagada de palmeras. ¡Viaja a Malibú con tu mente mientras estás en Torrevieja! Y en tus trayectos en coche por el litoral, atento a las salinas y a los flamencos que están en ellas. Simplemente preciosos.

palmeras

8. Los Miguelitos de la Roda

Si vas por carretera y tienes que pasar por tierras albaceteñas… ¡oh, eres un suertudo! A ver, explico el modus operandi que propongo: calcula la gasolina para tener que parar en esa zona. Cuando estés en las inmediaciones de La Roda para en la gasolinera con bar de carretera que más rabia te dé. Y cómete un Miguelito de la Roda. Si no te apetece dulce en el momento, llévate una caja a casa. De crema o de chocolate, los que prefieras. Y no dejes de pedirte un buen bocata de jamón y queso de la zona, y de llevarte para casa unos ajos de Las Pedroñeras. De nada.

9. Escenitas como de película de Almodóvar

Más bien, los fueras de campo sensoriales correspondientes al imaginario fílmico del manchego. Terrazas de apartamentos pobladas de gente desnuda de cintura para arriba (en su mayoría hombres de la tercera edad) en torno a una mesa al anochecer. Sonido de tenedor contra plato de duralex y olor a fritanga de haber hecho tortilla de patata. Fluorescentes dando luz a esa velada. A pie de calle, bares alejados de la playa en los que comer algo que se parecen mucho al que regentaba Penélope Cruz en Volver. Para muestra, un botón:

almodovar volver

10. La Playa del Pinet

25 minutos en coche separan Torrevieja de este remanso de paz familiar. Un enclave costero con mucha historia. Una alargada playa con relativa poca ocupación, y un paisaje formado por una hilera de humildes casitas construidas en los 50 (impensables hoy, Ley de Costas mediante). Una estampa en la que solamente falta ver ahí sentado al Fary ataviado como en la mítica foto aquella que tiene en bañador (¿os acordáis?). Es como estar en una playa que te mete dentro de una foto en sepia. Allí, además de espacio para la toalla -condición que no siempre se da en las playas de la zona-, hay un área más amplia con hamacas y sombrillas tropicales que se pueden alquilar. Para comer y beber algo, son varias las opciones, si bien el Hostal Maruja es la más típica y variopinta. Merece la pena tomarse allí unos refrigerios y un arrocito a escasos metros del mar, con las mejores vistas, la amabilidad de sus trabajadores, y a precios ajustados. Nunca hubiera encontrado la playa del Pinet sin un alma cándida lugareña que me lo indicase. Y yo, querido lector, encantada de ser tu proveedora de una buena recomendación para sobrevivir por la zona y de cerrar este artículo con lo mejorcito de lo que viví por allí.

playa de pinet

mm
Henar con H de hedonismo. Recomendadora profesional. Muchos años enviando a gente a los sitios adecuados. Camino por la vida en una eterna vacación (o eso intento). Profesional camaleónica, soy periodista, consultora de comunicación y gestora cultural freelance. No conoces a nadie a quien le flipe más Madrid (y mi barrio, Antón Martín). Cine, música, arte, ocio urbano, comer, beber, salir, y demás. Bajar a comprar pan y acabar en una despedida de soltero en Ibiza (de La Costa Brava) como way of life.