Vivimos en un momento en el que no solo buscamos desconectar de la rutina al viajar sino, también, sumergirnos en nuevos estados de conciencia, experimentar el momento, reconectar a través de un aroma, un horizonte o un recuerdo. Alentejo bien lo sabe y la región más versátil de Portugal despliega un plantel de opciones con el slow travel como mejor hilo conductor.

Portalegre
Portalegre

El tiempo se detiene en un Alentejo donde pueblos de cuento, una artesanía centenaria, rutas a pedalear con calma, playas de ensueño y cielos estrellados confabulan para hacerte seguir los caminos de la memoria y volver a encontrarte.

Évora

Puedes comenzar por Évora, la joya de la corona y flamante Patrimonio de la Unesco, donde su Capilla de los Huesos te recuerda la fugacidad de la vida para sentarte a la mesa y devorar una açorda à alentejana, un plato que hará las delicias de los amantes del cilantro. Y perderte por su casco antiguo, soñar con una extensión en forma de pueblecitos como Mértola, con sus calles empedradas donde susurra el cercano Guadiana; y Mourão, la historia en torno a un pueblo medieval que recalibra los sentidos

Marvão

O mejor: perderte por pueblos no tan conocidos como Monsaraz, con sus casitas blancas, y Odemira, una oda al descanso en la cuna donde el río Mira se funde con el Atlántico. Te recomiendo una visita al bello Castillo de Marvão, una de las muchas fortalezas que conforman la riqueza histórica de la región. Seguir por Beja, dejar que te fascine la imponente Torre de Menagem, la más alta de la península ibérica, y terminar por Santarém, una ciudad que se alza majestuosamente sobre el valle del río Tajo y ofrece una ventana al pasado medieval de Portugal.

Lluvia de Perseidas
Lluvia de Perseidas

Los problemas se ven más pequeños desde un globo aerostático, el cielo se hincha de estrellas en Dark Sky Alqueva – todo un icono del astroturismo -; el mejor country chic en hoteles rurales y glampings con cúpulas acristaladas, perfectas para dormirse viendo el cielo alentejano. Aquí los astros, el sol y el viento ralentizan cualquier pulso, lo notas ahí dentro, todo se ralentiza y sonríes entre los quesos D.O.P. de Nisa o Serpa, el aceite de oliva nacido en lagares icónicos, o un ensopado de borrego que supone una caricia al paladar. 

La felicidad fluye también a través de una artesanía alentejana fascinante, como sus tapices de Portalegre, las mantas de Mértola o las intrincadas alfombras de lana de Arraiolos. Es el umbral de la memoria, la que te lanza al abrazo de un viñedo, en mitad de tantas rutas enogastronómicas, “De la tierra a la mesa”, por supuesto. Los paisajes que conmueven, especialmentecuando te pierdes en bicicleta o a pie por la Ruta Vicentina, la red de centros de ciclismo o el TransAlentejo hasta que allí, a lo lejos, ves la línea azul como mejor serendipia. 

El viaje lento se mece en campos que tiritan por el viento, manos en torno a materiales legendarios pero también olas, muchas olas. La costa más exclusiva de Portugal se vive mucho más allá de Comporta para seducirte con Carrasqueira y su puerto palafítico, posiblemente una de las construcciones más singulares del país; la playa de Carvalhal, con sus arenales dorados; o el hermosa pueblo encalado de Porto Covo

Alentejo portugal,

Alguien ha olvidado la tabla de surf entre los árboles, el mar trae una canción, los pájaros planean suavemente, los pensamientos cruzan el horizonte. Más que un viaje lento, el Alentejo supone una pausa.

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Alicantino de nacimiento, amante de cualquier lugar con mínimas de 25ºC. Mi debilidad es escribir en cafés secretos, tengo curry en las venas y una palmera tatuada (tiene su miga, aunque no lo parezca). Una vez gané un premio en Japón.