La poesía de Machado recurre frecuentemente al camino como concepto del viaje de la vida y reivindica el camino como presente, recordando el pasado y mirando al futuro, que es nuestro destino. 

Con esta idea en la cabeza decidí emprender mi primer viaje a Santiago, y desde entonces no dejo de ver mi vida como ese recorrido en el que debo transitar, vivir, disfrutar y acompañar… y lo mágico cuando te pones poético es que sientes que el misticismo de la concha del peregrino está presente en las botas, las mochilas, los bordones y los callos, y sueñas con la llegada triunfal a la catedral de Santiago, rodeado de todo tipo de gente proveniente de todas partes del mundo, exhaustos y felices con sus sueños, sus motivaciones y sus promesas cumplidas tras culminar la hazaña. 

Y sin embargo, no es la Plaza del Obradoiro lo que hace del camino un viaje tan especial (aunque debo reconocer que la sensación de ascenso a los cielos al final es impresionante). Lo increíble del camino es que cada paso se convierte en una pequeña y casi invisible transformación y así, sin querer, te das cuenta de que no es solo el paisaje lo que cambia a lo largo del recorrido. Tú ya no eres el mismo después de este viaje. Y aunque todos salimos con la ilusión de llegar a Santiago, pronto te das cuenta de que lo importante no es el destino, es lo que pasa en el camino.

Lo que pasa en el camino

Vieira de metal nunha praza

El camino puedes hacerlo a pie, en caballo o en bicicleta, cada uno requiere una vestimenta, equipaje y plan diferente, y aunque puedes lanzarte “peregrinamente” a la aventura, yo te recomiendo que entres en la web de Turismo de Galicia y leas todas las recomendaciones para evitar vivir al 100% de improvisación, sobretodo según quien te acompañe en tu periplo, que luego todo son quejas.

Otra cosa del camino que debes tener en cuenta y que te recomiendo encarecidamente que pierdas el tiempo en descubrir es la gente DEL camino. Me refiero a los que no andan, ni trotan ni pedalean; sino que acogen peregrinos en sus casas generación tras generación. Gente de aldeas perdidas en el fin del mundo que igual no han salido de casa, pero tienen más mundo que muchos de nosotros, porque en este mágico lugar en el que nacieron todo el mundo viene a ellos. Y a través de las historias de los peregrinos viven cien mil vidas en una. La sabiduría en MAYÚSCULAS. Si en alguno de los albergues conocéis a Luisa, no dejéis de tomaros un café con ella y entenderéis de qué os hablo.

Yo lo he hecho dos veces y mientras os lo cuento, siento que ya necesito una tercera, porque seguro que hoy hay más Luisas con las que tomarse un café. Y más gente espectacular que hoy está emprendiendo su camino, como hicieron Itziar, Antoine, Niccolo, Joao, Kirsten, Salvador… gente que cruza montañas, valles, ríos y senderos que son como arterias que llevan sangre nueva al corazón. Pies llagados y corazones humildes y llenos de esperanza que llegan hasta el fin del mundo para encontrarse a sí mismos y en el camino encuentran un mar de historias compartidas.

Mientras me organizo, te recomiendo que hagas lo propio, que 2021 es año Xacobeo y tenemos mucho en lo que pensar y por lo que pedir para este mundo loco que nos ha quedado. 

Por mucho que diga Machado, en Santiago sí hay camino, y se hace camino al andar.

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Siempre creo que me he dejado la llave del gas abierta.