En Formentera, el agua cristalina necesita una tregua. En un barco pesquero, alguien cura sus heridas gracias a una solución mágica. Y allí, en la costa de Marruecos, las ovejas cuentan con camas que consiguen aislarlas del frío mientras, en Italia, los cultivos despiertan alimentados por nuevos nutrientes.

El pulmón del Mediterráneo no es un yate, ni una construcción en primera línea de la playa. Es una pradera de posidonia que abastece todas sus costas, personas e historias. Es la encargada de asegurar nuevos hábitats y colores, el pulmón que insufla brisa y sanación, y la mitad del oxígeno que respiramos.

Sin embargo, los bosques marinos de posidonia de Formentera han sufrido una pérdida de entre el 30 y el 40% en los últimos años. La amenaza real de perder este tesoro natural ancestral declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco arroja nuevas necesidades y reflexiones, una revolución azul que necesita de nuestra escucha.

Es Calo de Sant Agusti

Del 23 al 26 de septiembre se celebra el IV Foro Save Posidonia, un proyecto pionero en el mar Mediterráneo occidental que nace del Consell Insular de Formentera para promocionar el turismo sostenible. Un encuentro que contará con la participación de biólogos y ONGs como Greenpeace, Oceana o WWF.

Entre las acciones de Save Posidonia Project se engloba la posibilidad de apadrinar metros cuadrados de posidonia, inspirar a nuevos socios o fomentar las buenas prácticas de los colaboradores oficiales. La gestión de residuos, el ahorro de consumo de agua o la conservación de los hábitats son vitales para proteger el alma de nuestro mar.

Es hora de escuchar al pulmón del Mediterráneo con el corazón para seguir respirando. Para seguir contando historias.

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Alicantino de nacimiento, amante de cualquier lugar con mínimas de 25ºC. Mi debilidad es escribir en cafés secretos, tengo curry en las venas y una palmera tatuada (tiene su miga, aunque no lo parezca). Una vez gané un premio en Japón.