Las Islas Canarias son siete, un número mágico considerado como el número de la suerte por muchísimas culturas y que encierra un halo de misterio. Para Pitágoras era el número perfecto e incluso habla de las siete maravillas. Pues bien, cada una de estas siete maravillas que integran el archipiélago canario contiene un mundo de fauna y flora rica y diversa y cada una merece mención aparte, pero hoy vengo a hablaros de Gran Canaria. Esta isla amable y redondita, también conocida como “el pequeño continente”, ofrece tal diversidad de paisajes, vegetación y especies, que bien podría ser un refugio selecto cual Arca de Noé, de lo mejor de Europa, América y África en medio del Atlántico. 

Espectáculo natural

Puedes empezar por Las Palmas de Gran Canaria, una ciudad súper interesante y agradable (no confundir con la isla de La Palma, que de esa os hablaré otro día, ni tampoco con Palma de Mallorca), donde perderte por las calles adoquinadas del barrio de Vegueta, la Catedral de Santa Ana o el barrio de Triana y saborear ese estilo colonial de colores vibrantes que te recuerda a cada esquina por qué los canarios son seres de luz y color. ¿Os he contado lo mío con los canariones? Yo que solo los conocía por su acento sabrosón ahora siento que son los mejores anfitriones sobre la faz de la tierra, y que si pudiera elegir, vendría a morir aquí, rodeado de color, calor, cariño y ron, como el que desde hace décadas se fabrica en Arucas y que es sinónimo de tradición artesanal.

Otro imperdible en tu ruta son las Dunas de Maspalomas, una reserva natural que te teletransporta al mismísimo Sahara, donde viven varias especies protegidas, como los lagartos gigantes. Si puedes acercarte a ver amanecer o anochecer, sentirás la energía del desierto en su máxima expresión. Al sur se encuentra el faro de Maspalomas, uno de los faros más antiguos de todas las Canarias y otro de los iconos que merece la pena visitar. Y ya puestos a regalarse los sentidos, recomiendo una parada en el Puerto de Mogán, un pueblecito pesquero de calles pintorescas llenas de casitas blancas y restaurantes que sirven un pescado fresco de no dejar ni las raspas. Lugar ideal si quieres hacer snorkeling y disfrutar de los fondos marinos, o incluso viendo la vida marina sin mojarte desde un submarino. 

Pero no es suficiente. Aquí hemos venido a jugar. Así que vamos un poco más arriba, al Roque Nublo, de casi 90 metros de altura, que es un símbolo muy importante para los isleños y parada obligada de todo visitante que quiera sentirse un poco más canario a su vuelta. Puedes contemplarlo desde el mirador de La Goleta, o llegar a pie, pasando por Tejeda, otro paraje natural espectacular. Si eres capaz de andar algo más de un kilómetro, llega hasta la Ventana del Nublo y haz “LA foto”: un espectacular arco de piedra natural que enmarca el Roque Nublo para deleite de locales y visitantes. Ya les gustaría a los parques naturales americanos lograr el efecto roquenublense. 

Otro que se está poniendo de moda gracias a los instagramers es el Barranco de las Vacas, que parece el Antelope Canyon, con sus paredes sinuosas esculpidas por la fuerza del agua y la erosión.

Aquí sí hay playa

Sí, sí, ya vamos a las playas, que aunque quiero que quede claro que Gran Canaria es mucho más que playas, entiendo que no hemos venido hasta aquí para quedarnos en tierra firme. La playa de las Canteras o la playa del Inglés son dos de las playas más family-friendly de la isla, interminables y fáciles para olvidarse de todo y recordar sólo que estás de vacaciones. La playa de Anfi de Mar o la playa de Amadores te encantarán si eres de arena blanca y aguas turquesas. La playa de Maspalomas tiene el atractivo inconfundible de su paisaje desértico con las dunas al fondo. La playa virgen de Güi Güi es una de las más bonitas de la isla, está un poco lejos de Las Palmas de Gran Canaria pero merece la pena acercarse si vas a estar unos días por aquí. Si estás en plena forma, lo suyo es llegar a pie (unos 5 km) por senderos. Pero tranquilo, hay un atajo que no está nada mal: los pescadores de Tasartico te pueden llevar directamente a la arena, y si no, siempre está la excursión para ver delfines que incluye parada en la playa.

Las Salinas de Agaete son un conjunto de piscinas naturales de agua salada (y helada!) ideales para los que preferimos las rocas y no pringarnos de arena. Y para rocas, las del Bufadero de la Garita, otro espectáculo de la naturaleza de esos que parecen de otro mundo: un conjunto de rocas marinas que expulsan agua hacia afuera como si fuera una ballena gigante con ganas de jugar.

Mírala, mírala

Uno de los mejores miradores de la isla es el mirador de “El Balcón”, en la carretera que va de Agaete hasta la Aldea de San Nicolás. Desde allí las vistas del Océano son espectaculares, y se puede ver perfectamente los acantilados que forman la famosa “Cola de Dragón”. El “Pico de los Pozos” es el mirador más alto de la isla, a casi 2.000 metros de altura. Aquí puedes ver una puesta de sol legendaria, con la isla de Tenerife flotando en un mar de nubes

El Parque arqueológico del Maipés es lo que queda de los aborígenes de la isla: unas 700 tumbas de más de 1.000 años de antigüedad conservadas en una necrópolis en la falda del Maipés. Y para completar tu recorrido cultural, en la Cueva Pintada puedes ver pinturas rupestres prehispánicas con motivos geométricos que esconden un misterio todavía por resolver. Los arqueólogos creen que era la sala donde se desarrollaban actos políticos y/o religiosos mucho antes de la llegada de los conquistadores a la isla. 

En cuerpo y alma

La gastronomía canaria, junto con su gente, es uno de los grandes descubrimientos de este viaje. Potaje de berros, papas arrugadas con mojo picón o puchero canario y un chupito de ron miel son solo algunos de los platos típicos de Canarias que tienes que probar antes de irte. Aunque he de decir que lo que realmente me fascina es su enorme variedad de quesos y vinos. En la famosa destilería Arehucas (Uh!) puedes aprovechar para degustar el mejor ron canario. Y si te pasas, la penitencia es siempre más recogida y más fácil en la Iglesia de San Juan Bautista, uno de los símbolos de la isla. Si puedes acercarte a Teror, también vale la pena visitar a Nuestra Señora del Pino, patrona de Canarias. Y disfrutar del verdadero paisaje de Teror, con sus callejuelas de casitas de colores y los típicos balcones canarios que lo llenan de vida.

En fin, que si alguien puso GRAN Canaria a una isla de 1.500 kilómetros cuadrados, está claro que no se refería al tamaño, sino a la grandeza de sus encantos.

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Cantante asmático y carismático, abogado del diablo más por oficio que por convicción. Viajero, vividor y trotamundos, voy de gira porque me toca. No soporto a la gente gris ni a los cobardes. La vida es música, música, música.