No sé si os he contado alguna vez mi afición por pasapalabra. A estas alturas estoy casi seguro de que podría ir y llevarme el bote, y la verdad es que gracias a este juego he aprendido mucho, entre otras cosas, de geografía. No es ningún secreto que yo soy más del norte que el bonito, y que aún siendo catalán de nacimiento, soy navarro de adopción, vasco de afición y cántabro de corazón. Sin embargo, en los últimos años debo reconocer que la capital riojana se ha convertido en una de mis favoritas cuando quiero escaparme un par de días sin complicarme demasiado, no solo por su increíble oferta enológica, que también, sino por el verde de sus calles, la alegría de su gente y muchas otras cosas que vengo dispuesto a contaros hoy. 

Del centro histórico me quedo con la Concatedral de Santa Mª de La Redonda y el resto de iglesias y lagares de vinos. Y por supuesto la muralla; no sé que tienen las ciudades amuralladas que me fascinan. Creo que es por las historias de otros tiempos que imagino tras esos muros, siempre dispuestos a proteger a su pueblo de ataques enemigos.

De Logroño no puedes irte sin hacer una visita a la Sala Amós Salvador, una antigua fábrica de tabacos convertida en sala de arte contemporáneo, en la que siempre encontrarás una exposición interesante. Por supuesto, antes debes conocer el Teatro Bretón de los Herreros y el Ayuntamiento, una de las obras más importantes de Rafael Moneo, de esas cosas que hay que saber para llegar lejos en pasapalabra o para destacar con tu bagaje cultural en cualquier sobremesa de nivel.

Apuntes culturetas aparte, lo que todo el mundo sabe es que Logroño es ante todo una enópolis, y aunque ofrece desde los pinchos más tradicionales hasta los platos más sofisticados en restaurantes estrella Michelín, si hay algo que destaca en esta tierra son sus vinos. Logroño es en realidad una ciudad en mitad de una viña, rodeada de 4 hectáreas de viñedos, de bodegas modernas y centenarias y de calados y lagares que colman de esencia riojana su Centro Histórico. De cada viaje a Logroño me llevo una experiencia única en uno de estos templos del vino, y es de  esas cosas que no me importa repetir una y otra vez. Si algo funciona, ¿por qué cambiarlo?

Puede que el confinamiento me haya afectado, pero este año, además de que cualquier plan me sabe a gloria, lo cierto es que estoy descubriendo lo que realmente me importa en la vida. Ojo que me pongo profundo. Estoy saboreando los pequeños placeres de la vida, el olor a hierba mojada, la belleza de las cosas sencillas y cotidianas, de la comida casera, de una sobremesa de vinos y charlas interminables… y todas esas cosas que he echado de menos en este tiempo extraño que nos ha tocado vivir y que nada tienen que ver con viajar a lugares remotos o descubrir sabores exóticos. 

Porque, teniendo en casa estas tierras maravillosas que parecen bendecidas por los dioses, ¿a quién se le ocurriría irse lejos? 

Pasapalabra.

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Cantante asmático y carismático, abogado del diablo más por oficio que por convicción. Viajero, vividor y trotamundos, voy de gira porque me toca. No soporto a la gente gris ni a los cobardes. La vida es música, música, música.