En realidad en La última cruzada sólo usaron la fachada: Al Khazneh, como todas las demás construcciones de la ciudad de Petra, está excavada en la piedra (de ahí su nombre), con lo que el resto del templo estaba, lógicamente, falseado. Eso no ha impedido que todos aquellos que crecimos en los 80 queriendo ser arqueólogos no hayamos fantaseado continuamente con atravesar el desfiladero Siq para encontrarnos de frente con la fachada del Tesoro, que cambia de color en función de la luz a lo largo del día. Aunque es casi invisible desde fuera, la ciudad rosada cuenta con otras delicias arquitectónicas, como Al-Madbah, el Alto de los Sacrificios, conocido por sus obeliscos, el Templo de los Leones Alados o el Monasterio El Deir, para el que hay que realizar una pequeña subida… de 850 escalones. Y sí, queda muy exótico subirla en burro (ya tienes tu foto-cuqui), pero advertimos que se resbalan igual que los humanos. Quien avisa…

Jordaniafinal

Petra

Petra es desde hace unos años una de las maravillas del mundo moderno, sí, pero no la única joya de la corona de Jordania. También sus castillos han sido reconocidos por la UNESCO, y el Wadi Rum, o Valle de la Luna, es Patrimonio de la Humanidad desde 2011: un lugar donde podremos sentirnos como el Curiosity explorando Marte; de hecho, la película “Marte” se rodó allí. De este desierto rojizo al sur de Jordania dijo T. E. Lawrence (a.k.a.) Lawrence de Arabia que estaba “como tocado de la mano de Dios”, aunque lo que se rumorea es que lo que tocaba al señor Lawrence era más bien su amante beduino en una de las cuevas escondidas entre las rocas graníticas. Este desierto suele recorrerse en 4×4, pero desde hace poco están disponibles también trayectos en globo en primavera y otoño. Para los que no son fans de las alturas pero sí de la historia, hay una opción alternativa a bordo de un tren de la I Guerra Mundial. Spoiler: al final del recorrido es asaltado, como en la Gran revuelta Árabe de 1916. Y los más aventureros pueden unirse a una experiencia de ecoturismo organizada por las tribus de beduinos y dormir en una jaima. Un desierto de lo más animado, en fin.

globo

Jerash y Amman

Volviendo a las ciudades, Jerash, a 30 kilómetros de Amman, fue parte de la llamada Decápolis del Próximo Oriente en la era romana; eso ha dejado huella en la llamada “Pompeya del Este”, con varios templos, teatros y hasta un Hipódromo en excelente estado de conservación en el que se siguen representando carreras de cuadrigas (como en Gladiator). En la propia Amman podemos visitar también la Ciudadela, el Museo Arqueológico y el Teatro Romano; además de la antigua acrópolis griega o la mezquita del rey Abdullah, con una preciosa cúpula azul con la que hacer explotar los filtros de Instagram.

En este crisol de civilizaciones encontramos varios restos arqueológicos propios de la considerada cuna del cristianismo. En Jordania, se presupone, se asentaban ciudades como las famosas Sodoma y Gomorra; también se cree que fue en la Colina de San Elías donde se bautizó a Jesucristo, o que en el Monte Nebo, tumba de Moisés, se ocultó el Arca de la Alianza… No es de sorprender que Indy terminara viniendo a parar a Petra, en fin. En Madaba, llamada “la ciudad de los mosaicos”, podemos admirar el mapa de mosaico de Jerusalén y Tierra Santa, del siglo VI; una técnica también utilizada con maestría en escenas paganas que nos transmiten la cotidianeidad de la vida en la antigua Jordania.

Estas tradiciones se han integrado de forma bastante natural en la oferta turística. En Amman encontramos Kan Zaman, literalmente “Érase una vez”: un complejo de establos y graneros tradicionales (pero renovados) donde descubrir la comida y artesanía jordanas. En el Festival de Jerash, en julio, se representan bailes folclóricos locales en las ruinas. Y un proyecto muy interesante en Madaba es el de las ‘Mujeres tejedoras de Bani Hamida’, que emplea a las mujeres beduinas de la región de Mukawir y permite que los visitantes conozcan sus telares e incluso participen en sus tareas.

deadsea

 Mar Muerto

Otra de las citas imprescindibles de Jordania es la del Mar Muerto: en el oasis termal de Hammamat Ma’in podemos chapotear en una sorprendente red de cascadas, riachuelos y piscinas naturales, algo que, se dice, hizo hasta la mismísima Cleopatra dadas las extraordinarias propiedades de las aguas que se dan cita en el punto más bajo del mundo. Podemos dejarnos mimar en alguno de los establecimientos que ofrecen tratamientos termales, o llevarnos a casa algunos productos con los “mágicos” lodos y aguas de la zona.

Shaboula

Aqaba

Pero no nos engañemos, que no todo es desierto y ruinas: ¡este país está muy vivo! En Aqaba, el único puerto marítimo del país, se practican todo tipo de deportes acuáticos. Hay mil maneras de relajarse viendo el Mar Rojo: desde la orilla en sus restaurantes y hoteles de lujo, a bordo de uno de los barcos y submarinos con fondos transparentes y ventanas que lo surcan, o directamente y sin intermediarios, haciendo snorkel (nuestra recomendación).

Y es que aunque cueste encajarlo en nuestra imagen de desierto y restos arqueológicos, la biodiversidad en Jordania es increíble: no sólo bajo el mar, sino también en las montañas, donde encontramos exuberantes valles. Existen varias reservas naturales en el país, por las que podemos hacer safaris para descubrir especies casi extintas, como el órix de Arabia en Shawmari; descender por los cañones en la reserva natural del río Mujib, o descubrir la flora y fauna autóctona en Azraq, Dana o Aljoun.

Y ahora, te digo Jordania, y tú, ¿qué dices? Porque yo digo ¡vámonos!

 

En realidad en La última cruzada sólo usaron la fachada: Al Khazneh, como todas las demás construcciones de la ciudad de Petra, está excavada en la piedra (de ahí su nombre), con lo que el resto del templo estaba, lógicamente, falseado. Eso no ha impedido que todos aquellos que crecimos en los 80 queriendo ser arqueólogos no hayamos fantaseado continuamente con atravesar el desfiladero Siq para encontrarnos de frente con la fachada del Tesoro, que cambia de color en función de la luz a lo largo del día. Aunque es casi invisible desde fuera, la ciudad rosada cuenta con otras delicias arquitectónicas, como Al-Madbah, el Alto de los Sacrificios, conocido por sus obeliscos, el Templo de los Leones Alados o el Monasterio El Deir, para el que hay que realizar una pequeña subida… de 850 escalones. Y sí, queda muy exótico subirla en burro (ya tienes tu foto-cuqui), pero advertimos que se resbalan igual que los humanos. Quien avisa…

Jordaniafinal

Petra

Petra es desde hace unos años una de las maravillas del mundo moderno, sí, pero no la única joya de la corona de Jordania. También sus castillos han sido reconocidos por la UNESCO, y el Wadi Rum, o Valle de la Luna, es Patrimonio de la Humanidad desde 2011: un lugar donde podremos sentirnos como el Curiosity explorando Marte; de hecho, la película “Marte” se rodó allí. De este desierto rojizo al sur de Jordania dijo T. E. Lawrence (a.k.a.) Lawrence de Arabia que estaba “como tocado de la mano de Dios”, aunque lo que se rumorea es que lo que tocaba al señor Lawrence era más bien su amante beduino en una de las cuevas escondidas entre las rocas graníticas. Este desierto suele recorrerse en 4×4, pero desde hace poco están disponibles también trayectos en globo en primavera y otoño. Para los que no son fans de las alturas pero sí de la historia, hay una opción alternativa a bordo de un tren de la I Guerra Mundial. Spoiler: al final del recorrido es asaltado, como en la Gran revuelta Árabe de 1916. Y los más aventureros pueden unirse a una experiencia de ecoturismo organizada por las tribus de beduinos y dormir en una jaima. Un desierto de lo más animado, en fin.

globo

Jerash y Amman

Volviendo a las ciudades, Jerash, a 30 kilómetros de Amman, fue parte de la llamada Decápolis del Próximo Oriente en la era romana; eso ha dejado huella en la llamada “Pompeya del Este”, con varios templos, teatros y hasta un Hipódromo en excelente estado de conservación en el que se siguen representando carreras de cuadrigas (como en Gladiator). En la propia Amman podemos visitar también la Ciudadela, el Museo Arqueológico y el Teatro Romano; además de la antigua acrópolis griega o la mezquita del rey Abdullah, con una preciosa cúpula azul con la que hacer explotar los filtros de Instagram.

En este crisol de civilizaciones encontramos varios restos arqueológicos propios de la considerada cuna del cristianismo. En Jordania, se presupone, se asentaban ciudades como las famosas Sodoma y Gomorra; también se cree que fue en la Colina de San Elías donde se bautizó a Jesucristo, o que en el Monte Nebo, tumba de Moisés, se ocultó el Arca de la Alianza… No es de sorprender que Indy terminara viniendo a parar a Petra, en fin. En Madaba, llamada “la ciudad de los mosaicos”, podemos admirar el mapa de mosaico de Jerusalén y Tierra Santa, del siglo VI; una técnica también utilizada con maestría en escenas paganas que nos transmiten la cotidianeidad de la vida en la antigua Jordania.

Estas tradiciones se han integrado de forma bastante natural en la oferta turística. En Amman encontramos Kan Zaman, literalmente “Érase una vez”: un complejo de establos y graneros tradicionales (pero renovados) donde descubrir la comida y artesanía jordanas. En el Festival de Jerash, en julio, se representan bailes folclóricos locales en las ruinas. Y un proyecto muy interesante en Madaba es el de las ‘Mujeres tejedoras de Bani Hamida’, que emplea a las mujeres beduinas de la región de Mukawir y permite que los visitantes conozcan sus telares e incluso participen en sus tareas.

deadsea

 Mar Muerto

Otra de las citas imprescindibles de Jordania es la del Mar Muerto: en el oasis termal de Hammamat Ma’in podemos chapotear en una sorprendente red de cascadas, riachuelos y piscinas naturales, algo que, se dice, hizo hasta la mismísima Cleopatra dadas las extraordinarias propiedades de las aguas que se dan cita en el punto más bajo del mundo. Podemos dejarnos mimar en alguno de los establecimientos que ofrecen tratamientos termales, o llevarnos a casa algunos productos con los “mágicos” lodos y aguas de la zona.

Shaboula

Aqaba

Pero no nos engañemos, que no todo es desierto y ruinas: ¡este país está muy vivo! En Aqaba, el único puerto marítimo del país, se practican todo tipo de deportes acuáticos. Hay mil maneras de relajarse viendo el Mar Rojo: desde la orilla en sus restaurantes y hoteles de lujo, a bordo de uno de los barcos y submarinos con fondos transparentes y ventanas que lo surcan, o directamente y sin intermediarios, haciendo snorkel (nuestra recomendación).

Y es que aunque cueste encajarlo en nuestra imagen de desierto y restos arqueológicos, la biodiversidad en Jordania es increíble: no sólo bajo el mar, sino también en las montañas, donde encontramos exuberantes valles. Existen varias reservas naturales en el país, por las que podemos hacer safaris para descubrir especies casi extintas, como el órix de Arabia en Shawmari; descender por los cañones en la reserva natural del río Mujib, o descubrir la flora y fauna autóctona en Azraq, Dana o Aljoun.

Y ahora, te digo Jordania, y tú, ¿qué dices? Porque yo digo ¡vámonos!

 

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Adicta a la música en directo y matriarca de una peluda familia numerosa. Tiene el corazón dividido entre Sevilla y Lavapiés. El 70% de su cuerpo no es agua, sino una mezcla de café, cerveza y gazpacho. Cuando domine el mundo implantará los tres desayunos diarios por ley.