Seguro que alguno de tus amigos te ha comentado su experiencia Erasmus. El relato viene a contar una serie de hechos que suceden en una especie de dimensión paralela temporal que te cambiará la vida. La gente suele escoger ciudades europeas, donde buscan esos paisajes espectaculares que publicarán día sí y día también en su perfil de Instagram. No obstante, y como un problema nacional, es recurrente escuchar que “yo me voy fuera porque aquí no hay nada para ver”. Que peligrosa es la ignorancia.

 

Aquí nada en especial. Solo estudio y trabajo

No. No estás en uno de los Reinos de la Tierra Media. Aragó(r)n es mucho más extenso, histórico y trascendental. Mientras tú estás asimilando tu llegada a uno de esos Reinos con los que tu mente friki soñó alguna vez, suena la llamada. “Mamá sí, todo muy tranquilo. Sí, ya he empezado a estudiar, a buscar trabajo. Qué si, los tuppers ya están en el congelador”. En cierta parte, no estás mintiendo en nada. Te parecen fascinantes todos los acontecimientos protagonizados por dinastías como los Trastámara o los Austria, las batallitas de turno o los vaivenes sentimentales entre Felipe el Hermoso y Juana la Loca. Y claro, todas estas historias necesitaban unos escenarios acordes a los hechos. Sencillitos, sin nada visual que llame la atención, claro.

Una vez te decides hacer un poco de turismo, los decorados de aquellas historias no tienen nada que envidiar a Netflix o a HBO. Por palacios, Zaragoza no se puede quejar. Uno de ellos, el Palacio de Sástago, datado del siglo XVI y que conserva una gran portada barroca, grandes columnas y portones de estilos renacentistas. Por otra parte, la joya de la corona. Una de las piezas de la tríada de la arquitectura hispano-musulmana. El Palacio de Aljafería. Para los amantes de la arquitectura, un derroche visual de formas y colores policromáticos, patios ajardinados, palacios dentro de palacios, convivencia de diferentes estilos y como no, el Salón del Trono.

No como demasiado

Recordemos que, además de estudiar y trabajar, prometimos que comeríamos bien. Y no hay mayor satisfacción en el mundo que probar algo y pensar que a tu madre le gustaría. En Zaragoza existe un pequeño oasis gastronómico llamado El Tubo. Entre las estrechas calles, cohabitan los principales bares de tapeo de la ciudad, y donde sus gentes disfrutan la mayoría de su tiempo libre. Las migas aragonesas, las magras con tomate o el guirlache pasarán a formar parte de tu dieta. Un templo imprescindible es la Casa Lac, uno de los restaurantes más antiguos de España, fundada en 1825. Y si ya habéis descartado la idea de ‘ir de tranquis’, los espectáculos de cabaret del café cantante El Plata será el sumun del jolgorio y del cachondeo de la noche.

Estas tierras no son tan bonitas como las nuestras

No obstante, llegará un momento en el que necesitarás desconectar de la gran ciudad. Suspiras por una bocanada de aire fresco, andolotear por los bosques cual hobbit de la Compañía del Anillo. El 99 % de los forasteros reconoce que no es una tarea ardua ni complicada encontrar un pueblo perdido en lugares impresionantes. Parece que Tolkien estuvo de paso por Albarracín para coger ideas para la Ciudad del Valle cercana a Erebor. Monumento Nacional desde 1961, esta pequeña localidad aragonesa se alza sobre las faldas de una montaña en un entorno único, con unas murallas que, aunque no se vean desde el espacio, ya están propuestas por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Las montañas aragonesas son expertas en salvaguardar botines increíbles. Lugares mágicos que te transportan al pasado. La Estación Internacional de Canfranc es uno de esos puntos donde parece que se haya detenido el tiempo y vaya a pasar el próximo tren con destino al Gran Hotel Budapest. Su estética palaciega francesa del siglo XIX es simplemente apabullante.

Aunque quieras seguir intentando decirle a tu madre que en estas tierras no hay nada tan maravilloso como lo que tienes en casa, recuerda que no se deben decir mentiras. Así que te propongo que desconectes del móvil y te pierdas por el Valle de Bujaruelo. O que entres en trance ante las cascadas de Escuain, en el Parque Nacional de Ordesa. Pero ojo, es posible que tengas que llamar a tu madre por la presencia de algún espectro de un caballero templario en las Grutas de Cristal de Molinos, en el Maestrazgo.

Pero tranquila, estoy bien

alina pura. Pero como no sabes si el espectro de turno aparecerá a su hora y no dominas el tema de las psicofonías, te recomiendo algo más terrenal. Las pistas de esquí de Cerler o Formigal son dos de los escenarios claves para los amantes de la nieve. Una vez te dispongas a bajar la pista negra, no te importará quedarte en la cima mirando las nubes y las montañas hasta que llegue un helicóptero con tu madre al rescate.

Sin embargo, a tu madre le parecerá una chiquillada lo del fantasma de un caballero de la Orden del Temple. Para ti, en cambio, sería adren

Pero si eres como yo, y prefieres la nieve en estado líquido, agua vamos, no podrás evitar cantar “Río abajo lo veré, sé que río abajo lo veré. Me asomaré, río abajo lo veré. Lo encontraré, libre ya por fin”. El rafting es la actividad estrella del Río Gallego, uno de los principales afluentes del Ebro, que nace en los Pirineos a 2.200 metros de altura. Si eres un explorador intrépido, te tentará también el descenso entre los barrancos de la Sierra de Guara o la ruta de senderismo en Somontano (Huesca). Piénsalo, tu madre era una auténtica girlscout.

Aunque a veces es difícil conocer a gente nueva

Posiblemente hayas pasado el año más trascendental de tu vida. Vivir en una nueva región significa que caras desconocidas se conviertan en caras amigas. Cuando le estás contando a tu madre que ha sido muy difícil conocer a gente nueva, lo que en realidad le estás queriendo decir es que será difícil dejar de lado todo lo acontecido en un año. La gastronomía, el arte, la cultura o la naturaleza son la base de aquella(s) persona(s) especial(es). Si captas esto, los Baños de Panticosa es el colofón para una despedida brutal.

Créditos: Turismo de Aragón

Aunque el tema de amantes y romances en Aragón siempre ha sido bastante funesto. Posiblemente, tu madre termine sentenciando: “Pareceis Los amantes de Teruel, tonta ella y tonta él”.

Seguro que alguno de tus amigos te ha comentado su experiencia Erasmus. El relato viene a contar una serie de hechos que suceden en una especie de dimensión paralela temporal que te cambiará la vida. La gente suele escoger ciudades europeas, donde buscan esos paisajes espectaculares que publicarán día sí y día también en su perfil de Instagram. No obstante, y como un problema nacional, es recurrente escuchar que “yo me voy fuera porque aquí no hay nada para ver”. Que peligrosa es la ignorancia.

 

Aquí nada en especial. Solo estudio y trabajo

No. No estás en uno de los Reinos de la Tierra Media. Aragó(r)n es mucho más extenso, histórico y trascendental. Mientras tú estás asimilando tu llegada a uno de esos Reinos con los que tu mente friki soñó alguna vez, suena la llamada. “Mamá sí, todo muy tranquilo. Sí, ya he empezado a estudiar, a buscar trabajo. Qué si, los tuppers ya están en el congelador”. En cierta parte, no estás mintiendo en nada. Te parecen fascinantes todos los acontecimientos protagonizados por dinastías como los Trastámara o los Austria, las batallitas de turno o los vaivenes sentimentales entre Felipe el Hermoso y Juana la Loca. Y claro, todas estas historias necesitaban unos escenarios acordes a los hechos. Sencillitos, sin nada visual que llame la atención, claro.

Una vez te decides hacer un poco de turismo, los decorados de aquellas historias no tienen nada que envidiar a Netflix o a HBO. Por palacios, Zaragoza no se puede quejar. Uno de ellos, el Palacio de Sástago, datado del siglo XVI y que conserva una gran portada barroca, grandes columnas y portones de estilos renacentistas. Por otra parte, la joya de la corona. Una de las piezas de la tríada de la arquitectura hispano-musulmana. El Palacio de Aljafería. Para los amantes de la arquitectura, un derroche visual de formas y colores policromáticos, patios ajardinados, palacios dentro de palacios, convivencia de diferentes estilos y como no, el Salón del Trono.

No como demasiado

Recordemos que, además de estudiar y trabajar, prometimos que comeríamos bien. Y no hay mayor satisfacción en el mundo que probar algo y pensar que a tu madre le gustaría. En Zaragoza existe un pequeño oasis gastronómico llamado El Tubo. Entre las estrechas calles, cohabitan los principales bares de tapeo de la ciudad, y donde sus gentes disfrutan la mayoría de su tiempo libre. Las migas aragonesas, las magras con tomate o el guirlache pasarán a formar parte de tu dieta. Un templo imprescindible es la Casa Lac, uno de los restaurantes más antiguos de España, fundada en 1825. Y si ya habéis descartado la idea de ‘ir de tranquis’, los espectáculos de cabaret del café cantante El Plata será el sumun del jolgorio y del cachondeo de la noche.

Estas tierras no son tan bonitas como las nuestras

No obstante, llegará un momento en el que necesitarás desconectar de la gran ciudad. Suspiras por una bocanada de aire fresco, andolotear por los bosques cual hobbit de la Compañía del Anillo. El 99 % de los forasteros reconoce que no es una tarea ardua ni complicada encontrar un pueblo perdido en lugares impresionantes. Parece que Tolkien estuvo de paso por Albarracín para coger ideas para la Ciudad del Valle cercana a Erebor. Monumento Nacional desde 1961, esta pequeña localidad aragonesa se alza sobre las faldas de una montaña en un entorno único, con unas murallas que, aunque no se vean desde el espacio, ya están propuestas por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Las montañas aragonesas son expertas en salvaguardar botines increíbles. Lugares mágicos que te transportan al pasado. La Estación Internacional de Canfranc es uno de esos puntos donde parece que se haya detenido el tiempo y vaya a pasar el próximo tren con destino al Gran Hotel Budapest. Su estética palaciega francesa del siglo XIX es simplemente apabullante.

Aunque quieras seguir intentando decirle a tu madre que en estas tierras no hay nada tan maravilloso como lo que tienes en casa, recuerda que no se deben decir mentiras. Así que te propongo que desconectes del móvil y te pierdas por el Valle de Bujaruelo. O que entres en trance ante las cascadas de Escuain, en el Parque Nacional de Ordesa. Pero ojo, es posible que tengas que llamar a tu madre por la presencia de algún espectro de un caballero templario en las Grutas de Cristal de Molinos, en el Maestrazgo.

Pero tranquila, estoy bien

alina pura. Pero como no sabes si el espectro de turno aparecerá a su hora y no dominas el tema de las psicofonías, te recomiendo algo más terrenal. Las pistas de esquí de Cerler o Formigal son dos de los escenarios claves para los amantes de la nieve. Una vez te dispongas a bajar la pista negra, no te importará quedarte en la cima mirando las nubes y las montañas hasta que llegue un helicóptero con tu madre al rescate.

Sin embargo, a tu madre le parecerá una chiquillada lo del fantasma de un caballero de la Orden del Temple. Para ti, en cambio, sería adren

Pero si eres como yo, y prefieres la nieve en estado líquido, agua vamos, no podrás evitar cantar “Río abajo lo veré, sé que río abajo lo veré. Me asomaré, río abajo lo veré. Lo encontraré, libre ya por fin”. El rafting es la actividad estrella del Río Gallego, uno de los principales afluentes del Ebro, que nace en los Pirineos a 2.200 metros de altura. Si eres un explorador intrépido, te tentará también el descenso entre los barrancos de la Sierra de Guara o la ruta de senderismo en Somontano (Huesca). Piénsalo, tu madre era una auténtica girlscout.

Aunque a veces es difícil conocer a gente nueva

Posiblemente hayas pasado el año más trascendental de tu vida. Vivir en una nueva región significa que caras desconocidas se conviertan en caras amigas. Cuando le estás contando a tu madre que ha sido muy difícil conocer a gente nueva, lo que en realidad le estás queriendo decir es que será difícil dejar de lado todo lo acontecido en un año. La gastronomía, el arte, la cultura o la naturaleza son la base de aquella(s) persona(s) especial(es). Si captas esto, los Baños de Panticosa es el colofón para una despedida brutal.

Créditos: Turismo de Aragón

Aunque el tema de amantes y romances en Aragón siempre ha sido bastante funesto. Posiblemente, tu madre termine sentenciando: “Pareceis Los amantes de Teruel, tonta ella y tonta él”.

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Corista atarantado, periodista y coleccionista. Ilustrado de la caja tonta de los noventa, amante de los G5 Belts y escéptico del queso. Tráeme patatas fritas un jueves, Cuéntame hará el resto.