Me temo que este verano no será como lo habíamos planeado. No habrá festivales, ni olimpiadas, ni verbenas, ni noches de locura (para locura, la que ya nos ha tocado vivir). Parece que el verano 2020 nos llama irremediablemente a la calma, la prudencia y la tranquilidad. Atrás quedaron los lemas valientes. Este verano cambiaremos el “sólo se vive una vez” por “Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy”. Y la verdad es que tampoco pasa nada. No serán vacaciones de tirar la casa por la ventana, ni falta que hace. Yo sé de un sitio en el que siempre es verano y huele a calma y a tranquilidad. Este año, la Isla Bonita se lleva La Palma como destino ideal para desconectar de la locura post-crisis. 

Empieza en la Caldera de Taburiente

Foto: JavierCamacho (Turismo de Palma)

Seguramente éste sea el lugar que hace merecedora a La Palma del sobrenombre de la Isla Bonita. Un enorme cráter en el centro de la isla alberga kilómetros de rutas de senderismo aptas para todos los públicos. Ese “todos los públicos” hoy tiene más sentido que nunca, así que ya sabéis:  la Caldera de Taburiente es un plan perfecto para disfrutar de vistas increíbles, barrancos, vegetación y cascadas de agua…¡Qué bonita es la Isla Bonita!

Hasta el infinito y más allá

Foto: Jose Ayut (Turismo de Palma)

En lo alto de la isla está instalado el Observatorio del Roque de Los Muchachos, uno de los observatorios de estrellas más importantes del mundo. Gracias a las condiciones especiales de claridad de los cielos de la isla durante todo el año, se ha convertido en uno de los centros mundiales de la observación astronómica. Poder profundizar en la infinidad del firmamento mientras buscas Kripton es la sensación más espectacular del mundo, sólo comparable quizás a la que viví en el desierto de Atacama, pero ese es un viaje para otra historia.

Paseo por el Bosque

Foto: Klawter (Turismo de Palma)

En el municipio de San Andrés y Sauces, el sendero te adentra entre un bosque de tilos y helechos para vivir una auténtica conexión con la naturaleza. Olvida la mascarilla y haz la fotosíntesis. Está permitido perderse para dedicarle todo el tiempo que necesites. Si la naturaleza es sabia, hagámosle caso.

Callejear

Foto: Mauro Castro (Turismo de Palma)

El casco histórico de Los Llanos de Aridane te regala un entramado de calles coloridas y alegres en las que da gusto perderse y olvidarse de todo. Otro paseo que nadie debería perderse es la Calle Real y las callejuelas que la rodean en Santa Cruz de La Palma. Sus balcones de madera y casas de estilo colonial se mezclan entre las pintorescas tiendecitas y cafeterías locales.

¿Playa o Piscina?

Foto: Klawter (Turismo de Palma)

Si algo hay en una isla, son playas. Pero todos sabemos que hay playas y playas. La playa de Nogales, en Puntallana, es mi favorita; solitaria y con una fina arena negra de origen volcánico, de esas que yo llamo “con personalidad”, ubicada entre acantilados y cambios de oleaje. 

Otra opción es la de Tazacorte, adornada por el típico paseo marítimo lleno de terrazas donde ver la puesta de sol más espectacular que recuerdes. Yo además me animé al avistamiento de delfines y volví a casa hablando balleno. No os preocupéis, en unos días se pasa.

Pero si te cansas de playa, prueba las piscinas naturales de agua salada de La Fajana, en Barlovento. Eso sí que es un baño relajante de hidrógeno, oxígeno y sal.

Si después de todas estas pistas no estás buscando billetes para La Palma, me quito de influencer.

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Cantante asmático y carismático, abogado del diablo más por oficio que por convicción. Viajero, vividor y trotamundos, voy de gira porque me toca. No soporto a la gente gris ni a los cobardes. La vida es música, música, música.