Cuenta la historia de la humanidad, que muchas doctrinas antiguas usaban un grupo de elementos para explicar los patrones de la naturaleza: agua, fuego, tierra y aire. Hoy estos se agrupan en una isla en mitad del atlántico bautizada como “Lanzarote”, un rincón del mundo que promete ser uno de los mejores destinos en tus próximas vacaciones. 

Agua: todo paraíso la tiene

Todo sabe a mar en Lanzarote; desde la comida hasta la brisa que sopla en sus rincones. La isla está rodeada de playas espectaculares de agua cristalina y arena fina de todos los colores. ¿Nuestras favoritas? En el sur destacan las calas de Papagayo, y en el norte las playas de Famara y Caletón Blanco. Además, Costa Teguise, Playa Blanca y Puerto del Carmen, merecen también una larga y placentera visita. 

Pero más allá de la arena, existen varios lugares mágicos que te transportarán un mundo de fantasía. Los Jameos del Agua se encuentran en el interior de un túnel volcánico creado por las erupciones del Volcán de La Corona. Las filtraciones marinas han constituído una formación geológica de lo más original, que ha sido aprovechado para albergar un auditorio natural de lo más impresionante. ¿Te imaginas disfrutar de un concierto en un lugar como este? ¡Ah! Y hablando de música… no te pierdas el Festival Sonidos Líquidos que tiene lugar en junio, solo apto para aquellos que quieran disfrutar de la mejor música en vivo. 

Fuego: creó paisajes increíbles

La visita al Parque Nacional de Timanfaya es lo más parecido a viajar a la luna, sin salir de la tierra. Se encuentra en las llamadas “Montañas del Fuego”, donde podrás disfrutar de un paisaje único e imaginar el momento en que la actividad volcánica se adueñó del territorio para construir tal obra de arte. Además, podrás saborear los mejores platos, cocinados literalmente al calor del volcán, en el restaurante “El Diablo”. Querrás repetir.

“La Geria” es otro de estos paisajes que merece una foto en tu feed de Instagram, ya que tras las erupciones, los campesinos tuvieron que adaptar la forma de cultivo al entorno. Se trata de unos viñedos únicos en el mundo, de los que se obtienen vinos de Malvasía Volcánica de primerísimo nivel. 

Tierra: la que todo lo sustenta 

El paisaje de Lanzarote es lo más parecido a un arcoíris que se extiende por toda la isla. Tiene tantos colores como razones para que vayas y lo veas con tus propios ojos. El municipio de Haría, al norte de Lanzarote, destaca por su microclima especial, que convierte sus tierras en las más verdes de la isla. Esto provoca que la mayor parte de flora de Lanzarote se concentre en este punto, así que si eres fan de los paisajes florales… déjate caer por aquí ;) 

Las flores son bonitas sí… pero dicen que toda buena flor tiene sus espinas. Esta isla se caracteriza por tener innumerables tipos de cactus, y para contemplar muchos de ellos, no te pierdas el Jardín de Cactus, que acoge alrededor de 4.500 ejemplares, de 450 especies distintas, llegadas de los 5 continentes. Te encantará. 

Aire: sinónimo de libertad

Las temperaturas suaves durante todo el año y los escenarios naturales de Lanzarote, la han convertido en el escenario perfecto para todo tipo de deportes, en especial de agua. El viento y las olas que acarician sus costas son un gran reclamo para los amantes del windsurf y aquellos deportes que tienen al viento como su mayor aliado. Además, cuenta con más de 35 eventos deportivos internacionales cada año, que puedes consultar aquí. Y hablando de aire, ¿qué mejor que disfrutar de planes al aire libre? Piérdete en sus mercados locales, baila al ritmo de sus músicas y disfruta de su ocio y naturaleza en estado puro.

Lanzarote te llama desde las aguas del Atlántico para que vayas a dejar tus huellas hundidas en sus playas y tradiciones. ¿A qué esperas? Y si te quedas con ganas de más… siempre puedes dejarte caer por La Graciosa, un archipiélago muy próximo al norte de la isla, donde te sentirás como un auténtico náufrago en su propio paraíso. 

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Amante de la música y las letras desde que tengo uso de razón, sueño con aprender todos los idiomas del mundo antes de los 30. No hay puzzle que se me resista, y tengo siempre las maletas listas para salir a la aventura. Las tres veces que he estado en África, he querido quedarme.