1. La sabina de El Hierro

Si un poema melancólico fuese un árbol, ese sería sin duda la famosa sabina de El Hierro, gran icono de la isla canaria. Tres metros de alturas por los vientos atlánticos y que se arrodilla ante el océano en un lugar privilegiado en el parque de La Dehesa, al oeste de la isla. Una estampa fotografiada por medio mundo hasta tal punto que que mencionar “la sabina” es suficiente para evocar a este árbol centenario.

2. El árbol de la vida (Bahréin)

Según las antiguas mitologías, existe un árbol de la vida que une el Cielo con el Inframundo atrayendo todas las energías cósmicas del mundo, teoría que sería adaptada por Charles Darwin en 1872. Un mito que encuentra su mejor forma terrenal en pleno desierto del Reino de Bahréin, donde el árbol más solitario del mundo aguarda a cientos de peregrinos mientras la ciencia continúa explicándose por el origen del manantial que lo abastece aun cuando no se ha encontrado ninguno en cientos de kilómetros a la redonda.

3. Árbol de glicina (Japón)

La naturaleza a veces regala formas y colores que parecen salidos de una película de ciencia ficción, siendo el mejor ejemplo el enorme árbol de glicina que luce en el Ashikaga Flower Park de Japón. Digno de una película de Miyazaki, este árbol de flores rosáceas que juguetean con la luz fue plantado en 1870 y aunque no es el más alto del mundo (este habría encontrarlo en Sierra Madre, en California) su encanto marciano lo convierten en uno de los grandes iconos del país del sushi.

4. Jaya Sri Maha Bodhi (Sri Lanka)

Considerado como el primer árbol plantado del planeta, el ficus religiosa fue el mismo bajo el que Gautama Buda pasó semanas meditando hasta alcanzar el Nirvana, adquiriendo el nombre de árbol bhodi. El mismo que en el siglo III a.C. sería traído a Sri Lanka por una orden de monjas budistas para trasplantarlo en Anuradhapura, antigua ciudad imperial hoy convertido en uno de los centros de peregrinaje religioso más importantes del mundo.

5. Los baobabs de Madagascar

Cuentan que los dioses sentían tanta envidia de los baobabs que los colocaron boca abajo como venganza dejando al aire sus raíces. Siglos después, El Principito huiría de su asteroide a consecuencia de la aparición de este árbol que puede alcanzar hasta 30 metros de altura y cuya ubicación más famosa reside en la Avenida de los Baobabs, en Madagascar.

En el Día del Árbol, continuar plantando esperanza alrededor del mundo se convierte en el mejor desafío a la hora de proteger un planeta que hoy, más que nunca, necesita de nuevos pulmones.

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Alicantino de nacimiento, amante de cualquier lugar con mínimas de 25ºC. Mi debilidad es escribir en cafés secretos, tengo curry en las venas y una palmera tatuada (tiene su miga, aunque no lo parezca). Una vez gané un premio en Japón.