1. Rosalía – El mal querer

Sí, puede que la figura de Rosalía se haya visto endiosada. Que haya fans y también haters. Incluso algo de apropiación. Pero nadie puede negar el impacto que la de Sant Esteve Sesrovires ha supuesto para el panorama musical español. Precedido por el éxito de Los Ángeles, un disco más puramente flamenco, El mal querer llegaba en noviembre de 2018 hilando los capítulos de una antigua novela occitana del siglo XIII que sonaba a trap-flamenco, siendo Malamente y sus “trá-trá” el nuevo gran hit de una generación. El resto es historia. 

2. Kanye West – My Beautiful Dark Twisted Fantasy

A Kanye se le ha tildado de “bocachancla” en más de una ocasión (¡hola Taylor Swift!). Sin embargo, es innegable el talento del marido de Kim Kardashian a la hora de fundir géneros y adelantarse a los ritmos mainstream. El mejor ejemplo es este disco de carácter colaborativo y basado en beats presentes en los cuatro anteriores trabajos de West. Una oda a la fama y los excesos que se labró en su momento el título de Mejor Álbum de 2010 por numerosos medios especializados. 

3. Beyoncé – Lemonade

El lanzamiento sorpresa de BEYONCÉ en 2013 cambió las reglas en torno a la forma de hacer y promocionar música, pero sin duda fue Lemonade el álbum que consolidó a Beyoncé como uno de los grandes iconos de la música de este milenio. Un recorrido por la historia, no solo de la artista, sino también de su raza y su país, acompañado de un documental que recreaba hits como Formation o Hold Up, himnos mezclados a ritmo de trap, pop, calypso y hasta rock psicodélico

4. Frank Ocean – Channel ORANGE

2012 nos descubrió a un nuevo artista caracterizado por un dominio del R&B diferente, incluso surrealista. Frank Ocean llegaba con Channel ORANGE bajo el brazo dispuesto a reinventar los sonidos de la década, apoyándose en un compendio de canciones que, a modo de storytelling, narraban la historia de aquel amor de verano vivido a los 19 años entre jazz-funk, electro y soul. 

5. Adele – 21

En 2011, el boom del CD físico comenzaba un retroceso marcado por el auge del single. Una tendencia que Adele fue capaz de frenar gracias a 21, disco multipremiado donde los haya (recibió hasta 6 Grammys) y el más vendido del siglo XXI. Una genuina mezcla de pop y soul que parecía extender el fenómeno Amy Winehouse adaptándolo al estilo personal de aquella joven inglesa. 

Estos discos no solo definen el sonido de una década, sino que se convierten en el mejor legado de una música en constante reinvención. 

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Alicantino de nacimiento, amante de cualquier lugar con mínimas de 25ºC. Mi debilidad es escribir en cafés secretos, tengo curry en las venas y una palmera tatuada (tiene su miga, aunque no lo parezca). Una vez gané un premio en Japón.