1. Villajoyosa

La Costa Blanca está llena de lugares dignos del mejor feed viajero: el casco antiguo de Altea, los rascacielos de Benidorm, las lagunas rosas de Torrevieja… y las casitas de colores de Villajoyosa. Pintadas por los pescadores que no reconocían sus viviendas al volver meses después del Mediterráneo, el barrio antiguo de “La Vila” es un conjunto de callejuelas, ropa tendida, colores y aromas a azahar y paella simplemente espectacular. 

2. Plaza Alta (Badajoz)

Antiguo zoco musulmán, la Plaza Alta de Badajoz fue concebida para atraer a todos aquellos que ya no cabían en la alcazaba de la ciudad. Un espectáculo olvidado por el tiempo que hoy resurge en forma de comercios, espectáculos flamencos y unas primeras instantáneas de Instagram que reviven esta joyita exótica que, curiosamente, recuerda a una mezquita de Sri Lanka visitada este año. Curiosidades de la vida.

3. Setenil de las Bodegas (Cádiz)

Designado Conjunto Histórico e incluido dentro de la famosa ruta de los pueblos blancos, Setenil de las Bodegas es un pueblecito de Cádiz asomado a la provincia de Málaga cuya principal característica reside en un entramado de lo más curioso: grandes rocas a las que una vez se adaptaron esas casitas blancas que, aún hoy día, se ven separado por peñascos de proporciones épicas. 

4. Parque La Florida (Vitoria)

En 2012, Vitoria-Gasteiz recibió el designio de European Green Capital, y creemos que, en gran parte, culpa de ello la tuvo el parque de La Florida. Un pulmón de plantas y árboles en el corazón de la ciudad vasca donde destaca, especialmente, la presencia de ese antiguo quiosco que al caer la noche se nos antoja un complemento más de cualquier película de terror ochentera. O romántica, según la perspectiva. 

5. Puerto Lápice (Ciudad Real) 

Aquí, en cierto pueblo perdido de Ciudad Real, El Quijote rescató a una vez a una señora vizcaína que andaba camino de Sevilla de dos monjes benedictinos. O así al menos lo aseguró Miguel de Cervantes. Siglos después, Puerto Lápice continúa siendo un homenaje a Don Quijote y a La Mancha en sí misma gracias a los “gallineros” de sus viviendas, el color de sus casas o un reclamo quijotesco que inunda algunos bares guiris. El lugar con encanto, lo eliges tú. 

Si quieres adelantarte al resto, estas próximas semanas organiza una excursión y sorprende a todo el mundo con ESA foto que, si lo propones, puede marcar tendencia. 

mm
Alicantino de nacimiento, amante de cualquier lugar con mínimas de 25ºC. Mi debilidad es escribir en cafés secretos, tengo curry en las venas y una palmera tatuada (tiene su miga, aunque no lo parezca). Una vez gané un premio en Japón.