Tu padre, tu primo y hasta la persona que te hace las uñas. Todo el mundo ama Madrid y soñamos con perdernos por tiendas, coger esa barquita en El Retiro y comernos un bocadillo de calamares de camino al musical de El Rey León. Pero atención, spoiler: la ciudad de Madrid puede ser también la excusa para desplegar el mantel de cuadros de vichy durante esa escapada campestre.  

Patones de Arriba
Patones de Arriba

La Comunidad de Madrid engloba un conjunto de pueblos y parajes históricos donde fundirnos con el silencio y, de paso, comernos un buen cocido. Las calles empedradas de Patones de Arriba, al norte, confirman por qué este es uno de los pueblos más bonitos no solo de Madrid, sino de toda España. La arquitectura negra, con su piedra de pizarra, se apodera del pueblo para sumergirnos en algún lugar perdido de la Edad Media. 

Los viajes en el tiempo continúan en Chinchón. Entrar a la Plaza Mayor de este pueblo al sur de Madrid nos sumerge en un micromundo del que, en algún momento, brotarán viejos hidalgos y alguien se asomará para ver una obra de teatro en el corral. Y perderse en la Iglesia de la Asunción y el encanto de Goya, o ascender hasta los restos del viejo Castillo para hacernos una idea del Madrid más espléndido. Una cerveza en la plaza y la historia es tuya sin pestañear. 

Rascafría
Rascafría

En la Sierra de Guadarrama suspiran las campanas del Monasterio de Santa María de El Paular, en Rascafría. Los monjes benedictinos aún conviven entre sus paredes admirando bellos paisajes regados por el río Lozoya, y rutas que nos permiten alcanzar bellezas naturales como el bosque de Finlandia o las cascadas del Purgatorio. 

Una piscina natural, una ruta en bicicleta y un pueblo como Buitrago de Lozoya. Enclavado en la Sierra Norte, este pueblo a 75 km de la capital es el único de toda la Comunidad de Madrid que aún conserva sus murallas defensivas sobre el río homónimo. La antigua residencia del Marqués de Santillana confirma por qué hace siglos los nobles no necesitaban un apartamento en la playa, y el Museo Picasso es una serendipia que nadie esperaba. 

Recinto amurallado. Buitrago de Lozoya
Recinto amurallado. Buitrago de Lozoya

Rozamos Ávila, pero no dejes que el olor a chuletón te embelese. San Martín de Valdeiglesias merece una tregua, empezando por el Castillo de la Coracera, su gastronomía y paisajes o, mejor, la propia playa de Madrid: el Embalse de San Juan, donde puedes hacer hasta esquí acuático. Alguien ha visto a Tim Burton en el Bosque Encantado, buscando inspiraciones para la segunda parte de Eduardo Manostijeras. Este jardín botánico es pura fantasía y despliega un conjunto de vegetación recortada o asimétrica simplemente espectacular. 

Y San Lorenzo de El Escorial, con su histórico monasterio Patrimonio de la Humanidad, tan contemplativo, tan eterno. Pasear por sus secretos implica descubrir rincones con encanto o disfrutar de la mejor gastronomía. Ya no echas de menos la ciudad y podrías quedarte buscando la receta de la mejor tortilla de patatas. 

San Lorenzo de El Escorial
San Lorenzo de El Escorial

Por último, no nos olvidamos de Aranjuez, ciudad con alma de pueblo donde la primavera y el otoño se viven como en ningún otro lugar de la comunidad. Su situación privilegiada entre los ríos Tajo y Jarama nutren aquí la residencia favorita de Felipe II, los hermosos jardines de La Isla y la belleza propia de un Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad.

En la Comunidad de Madrid, la ciudad no se concibe sin el campo. Porque el campo es poesía y la ciudad ritmo. Y en Madrid, todo rima

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Alicantino de nacimiento, amante de cualquier lugar con mínimas de 25ºC. Mi debilidad es escribir en cafés secretos, tengo curry en las venas y una palmera tatuada (tiene su miga, aunque no lo parezca). Una vez gané un premio en Japón.