Hoy quiero confesar. Como la Pantoja.

Hola,me llamo Mireia, soy madre y… ( pausa folclórico-dramática)…odio ir al parque. 

Ea, ¡ya lo he dicho!

Fuente: giphy.com

Poco se habla de esto en las clases preparto y alguien debería avisarnos de que el parque es un coñazo. Es como un universo paralelo donde el tiempo pasa según su criterio. 

Tú llegas al parque a las 17h y al cabo de una hora  (según tus cálculos mentales) miras el reloj y solo son las 17:05h. 

¡¡¿Pero cómo?!!

Si ya ha subido 23 veces al tobogán, ha estado a punto de lesionarse de 12 maneras distintas y ha tenido 52 pataletas. 

¿Capasao? Jajaja no, ¿capasao?

Señor dame paciencia. Esto va a ser largo.

Una de las cosas que peor llevo es hacer cola en los columpios (porque en los columpios siempre hay cola. Esto es así).

Para amenizar la espera, mi hija suele compartir conmigo sus inquietudes en bucle, mientras me estira del bolso y/o trepa por mi pierna: 

Mami me aburro, cuándo me toca. Mami, me canso, cuándo me toca. Mami tengo hambre, cuándo me toca. Mami, mami, mamiiiii

Y así hasta que empieza a temblarme el labio y me entra un tic en el ojo. 

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Entonces me dan ganas de gritar muy fuerte – ¡¡¡Cállate niña del demoniooo!!!Pero no lo hago (todo controlado @AsuntosSociales) porque practico una crianza amable y compasiva. 

Siempre.

Casi siempre.

Bueno, ¡yo lo intento! ¿vale? 

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Por eso en vez de gritar como una posesa me controlo y le pregunto con amabilidad y de manera completamente desinteresada: Te noto cansada cariño, ¿nos vamos a casa? 

Pero no cuela.

Toca esperar pacientemente. Y cuando por fin llega su turno, no hay forma de bajarla. Lógico, quiere amortizar la espera.   

Yo: (suplicando clemencia) ¿Bajas ya? no me siento los brazos de tanto columpiarte 

Ella: (impasible a mis ruegos)  Nooo, ¡más fuerteeee! 

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Odio el parque, ¿te lo he dicho?

Cuando consigo arrancarla del columpio toca jugar con la arena. Algo,a priori, relajado. Pero no.

Los problemas empiezan cuando pide los juguetes. Momento crítico porque, aunque haya llevado tropecientos juguetes, sólo hay 3 escenarios posibles:

  1. Que quiera precisamente el que no he cogido. Drama. 
  2. Que quiera justamente el que tiene el niño o niña de al lado. Dramita. 
  3. Que se alineen los astros y se cumplan A y B. Dramón. 

Cuando se apacigua el ambiente y empieza a jugar, empiezo yo con mi cantinela:

Déjale al nene el rastrillo. Tienes que compartir

-¿O no? ¿O sí? ¿Tienen que compartir o no?; ¿Qué dicen ahora los últimos estudios? Ay mira, que haga lo que quiera, yo me voy a hacer la loca.- 

No pegues a la nena con la pala. No se pega.

-Violencia no. Rotundamente.Tolerancia cero. Pero si le pegan que se defienda.Pero que no pegue,eh.-

No te comas eso, es caca. 

-Aunque bueno, tampoco pasa nada, así se inmuniza… o le coge el e-coli. Qué complicada la maternidad, de verdad… –

Como ves, el parque lo carga el diablo. No hay un momento de relax. Cuando no es un niño hiperactivo es un adulto cansino

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Ojocuidao con los adultos cansinos. Están al acecho de una presa que apacigüe sus ganas de cháchara. Si te ven vulnerable corres el riesgo de tener una conversación de parque. Y, créeme, no te va a gustar. 

Las conversaciones de parque son igual de interesantes que las de ascensor -o más- pero sobre el universo infantil: cole, mocos, virus, intolerancias ( por cierto, hay algunas muy raras, ¿incluso inventadas?) y cositas por el estilo. 

Un día osé -inocente, yo- sentarme en un banco y bajé la guardia. Una mujer se me acercó y tuvo a bien explicarme que su hijo no digería bien los sólidos y todas las consecuencias que eso conlleva.

-Vaya…pobre– Fue mi escueta aportación a una conversación que para mi gusto se extendió más de lo necesario.

Por favor, normalicemos estar en silencio. Las conversaciones están sobrevaloradas. 

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Pero oye, no todo van a ser quejas.También hay momentos buenos. 

Mi momento favorito es cuando nos vamos del parque.  Por desgracia, yo suelo tener tantas ganas de irme como mi hija de quedarse. Así que para evitar la pataleta tengo algunos truquis. Te los comparto. De nada. 

Primero recurro al típico “La última y nos vamos” pero lo adapto a su edad “ Te tiras una vez más por el tobogán y nos vamos”. Así se va mentalizando.

En principio acepta pero suele incumplir su parte del trato porque cuando se tira siempre me pide renegociar las condiciones.

Entonces paso al plan B “ Yo me voy, te quedas aquí sola. Adiós”. Un recurso menos conciliador pero muy efectivo. 

Aunque soy consciente de que el día menos pensado habrá un giro de guión y me dirá – Hasta luego Maricarmen, yo me voy a hacer cola al columpio

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Y así paso las tardes en el parque. A caballo entre el aburrimiento y el desquiciamiento.

Por estos motivos, y alguno más que he preferido guardarme, a mí el parque no me compensa.

Si tú también  eres un poco hater pero quieres que tus cachorros se diviertan, salten y se lo pasen pipa, esta selección te interesa. 

Encontrarás planes de todo tipo: spas para relajarse en familia ( has leído bien;  Relajarse-en-familia no es un oxímoron gracias a Caldea), salas interactivas para flipar  juntos (todo legal) en el Sweet Space Museum, obras de teatro para aprender cantando con Dámaris Gelabert o visitar  Naturaleza Encendida en el Jardín Botánico de Madrid,  una expo con luces que lo mola todo. Esto, entre otros planes muy TOP.

Échale un ojo porque te va a encantar. Encontrarás propuestas para evitar el parque sin que se note, propuestas para que ellos disfruten y tú no estés pensando en volver a casa incluso antes de salir de ella. 

A mí me van a venir de perlas, porque no sé si te lo he dicho, pero odio el parque. 

¿Y tú? ¡Confiesa!

mm
Casi me llamo Rebeca, pero al final no. Siempre tengo que deletrear mi apellido y nunca perdono el postre. Soy más de perros que de peces y puedo estornudar con los ojos abiertos. ¿Y tú?