Comienza el día. Tú te preguntabas si ‘El Show de Truman’ no sería demasiado exagerado, pero tampoco es que tu vida diste mucho de la película del señor Carrey: saludas al mismo portero, tomas el chai latte con dos de azúcar y tienes que hacer la postura del cuervo cada vez que interrumpes a la mujer de la limpieza. Otro café, ninguna notificación; al parecer ya no eres tan importante. Y las facturas siguen llegando, claro.

Tienes que comprarte una camiseta con flamencos, ¿o era de brontosaurios? Vuelves a comprobarlo en Instagram. Y cortarte las uñas, porque no querrás que nadie en clase de judo te sugiera que te compres unas tenazas. Finalmente, al salir de ese restaurante el señor Google te sorprende a la salida preguntándote por una reseña.

Una publicación compartida de Almu Glez

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Alicantino de nacimiento, amante de cualquier lugar con mínimas de 25ºC. Mi debilidad es escribir en cafés secretos, tengo curry en las venas y una palmera tatuada (tiene su miga, aunque no lo parezca). Una vez gané un premio en Japón.