El mundo a través de los miradores de Mallorca
El mundo a través de los miradores de Mallorca
O el arte de alcanzar las mejores vistas de la isla balear.
En el mundo existen lugares cuyo paisaje evoca ese misticismo y belleza que, en ocasiones, nos conmueve. Es el caso de la isla de Mallorca, cuyo conjunto de pinos, barrancos, playas, pueblecitos y masías nos retrotrae a una especie de poema viviente cuyos versos siempre terminan en el mar Mediterráneo. Y, en ocasiones, en los mejores alojamientos entre montañas, en un hotel en Mallorca o en un mirador que reinventa nuestra percepción del entorno.
La isla balear despliega un conjunto de espacios en los que otear sus contornos supone una de las mejores recompensas viajeras. Especialmente, desde los siguientes miradores de Mallorca, donde contemplar el horizonte (casi) a vista de gaviota.
Sa Foradada (Deià)
Cuando asciendes hacia esta cumbre asomada a una de las playas más bellas de Mallorca, entendemos que “forat” significa “agujero” al contemplar un lejano ojo azul dibujado en la roca de un acantilado. Tan solo uno de los hitos a descubrir desde este mirador icónico situado entre Valldemossa y Deià. Un ensoñador enclave que una vez sedujo al mismísimo Archiduque Lluís Salvador de Austria, quien construyó aquí su mansión, conocida como Son Marroig.
Mirador Es Colomers (Pollença)
A 232 metros de altura, este mirador ubicado cerca de Formentor cautiva a cada uno de los viajeros que accede a las alturas. Construido en 1961, el mirador nos recuerda el hito de Antonio Parietti Coll, ingeniero de caminos encargado de diseñar la carretera que hoy nos permite obtener esas panorámicas fascinantes. Un horizonte del que sobresale el islote del Colomer, la montaña de Es Fumat y la atalaya defensiva de la torre de Albercutx.
Mirador de la Torre de Ses Ànimes (Banyalbufar)
Cuenta la leyenda que las almas de este rincón de Mallorca tejen unas redes invisibles en las noches de invierno a fin de atrapar a quien se atreva a surcar sus alrededores. Unas ‘ánimas’ que también bautizan este imponente mirador considerado como uno de los más espectaculares de toda la isla, ubicado al sur de la sierra de Tramuntana, además de por su famosa Torre del Verger que sobresale sobre el acantilado recortado.
Mirador La Victoria (Alcúdia)
La influencia medieval de Mallorca se respira en los rincones más insospechados, entre ellos el mirador La Victoria, situado a 150 metros sobre el nivel del mar, en Alcúdia. Un icono que, además de descubrirnos una pintoresca ermita del siglo XIII, ofrece increíbles vistas de la bahía de Pollença y del Cap de Formentor. Sin duda, uno de los mejores miradores de toda Mallorca.
Mirador del Castillo de Bellver (Palma de Mallorca)
Los miradores urbanos de Mallorca apuntan a uno de los más icónicos: el del Castillo de Bellver, cuya sorprendente forma circular ofrece vistas únicas de la Bahía de Palma y la sierra de Tramuntana. Todo ello, sin olvidarnos del famoso castillo homónimo, una fortificación de estilo gótico que domina gran parte de la vista de la capital isleña.
Carretera de Sa Calobra
¿Puede una carretera ser un mirador imprevisto? Por supuesto, especialmente cuando hablamos de ese increíble zigzag que supone la carretera que conduce a la cala de Sa Calobra, una de las más bonitas de la isla. La sensación de avistar el azul superlativo a lo lejos supone aquí una experiencia única al avanzar por una carretera con curvas de 180º, además de una curva que alcanza los 360º.
Cap de Formentor
Otra carretera única también nos conduce hasta el extremo noreste de Mallorca, donde un lejano faro promete la mejor recompensa. Hablamos del Cap de Formentor, un conjunto de acantilados que regala una de las mejores vistas de la bahía de Alcúdia e, incluso, ¡de Menorca!
Mirador del puig de Randa
Este mirador ubicado en la costa este de Mallorca se encuentra a 543 metros de altura y engloba el Santuario de Cura, un monasterio situado encima del puig de Randa que también hoy está habilitado como hospedería y restaurante.. La perfecta combinación de historia, ocio y naturaleza de la que brotan unas panorámicas de ensueño para las que, por supuesto, no falta una típica y emocionante carretera empinada.