Pues la verdad es que yo nunca he sido muy de San Valentin, pero es que este año NADA ES COMO ERA. San Valentín era algo como de cursis, empalagosos, incluso me atrevería a decir que algo hortera. Bastante hacemos con la rosa y el libro en Sant Jordi los catalanes… pedirnos, no una, no, ¡dos! muestras de amor al año me parecía excesivo, hasta de mal gusto… Pero claro, todo eso era antes de haber sobrevivido a una pandemia mundial.

Rosa y libro

Y es que una cosa es gustarse, quererse, salir de copas, a cenar, a bailar y de viaje… pero tú enciérrate seis, ocho, diez meses con alguien (incluso contigo mismo, que aunque te canses no puedes salir de ti) sin más plan que hacer magdalenas, manualidades y maratones de Netflix… Un largo encierro de angustia e incertidumbre en el que la aventura más apasionante era hacer una gincana entre las sillas del comedor, o conseguir un paquete de levadura del vecino. Ese reto, esa muestra de amor incondicional, perdonad, pero no hay test de la Super Pop ni Isla de las Tentaciones que lo supere.

Así que si has tenido la suerte de confinarte con alguien que ha aguantado el tipo con actitud, que a pesar de todo te levantaba el ánimo por las mañanas, emparejaba calcetines y limpiaba baños… eso es amor verdadero y lo demás son cuentos. Incluso si no se ha portado taaaan bien, pero sabes que lo ha dado todo, también merece un reconocimiento. Este año lo importante ha sido participar sin romper en el intento. 

Este año, todos esos héroes sin capa que hemos hecho la vida y el confinamiento más fácil a nuestros compañeros de piso, nos merecemos un homenaje. Yo al mío le voy a regalar un viaje a donde él quiera, porque se lo ha ganado, y además porque es importante volver a tener horizontes más allá del recibidor. Si hay un año para demostrar amor a quien se lo haya ganado con Covid, amor y sábanas, es este. No seáis ratas.

¡Feliz San Valentín a todos!

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No te tomes tan en serio, nadie más lo hace.