EscápateViaja

Siempre nos quedará París

La ville de l'amour está tan cerca que por mucho que lo intentes te quedarás sin excusas para no volver a ella una y otra vez

París es mi ciudad “comodín” perfecta. Es esa carta que uso cuando quiero cambiar de aires, hacer maletas y sacar la cámara, siempre ávida de nuevos recuerdos, pero sin demasiado ajetreo, ni complicaciones. La capital francesa cumple todos los requisitos para ser mi vía de escape preferida.

Primero de todo porque París y yo ya nos tuteamos. La conozco bastante y le he perdido ese respeto, casi miedo, que se siente al pisar LA VILLE en mayúsculas. Me ubico bien (quiero decir, con el Google Maps, claro) y conozco algunos restaurantes donde puedo ir si no tengo ganas de improvisar y el hambre aprieta fuerte. Eso siempre es un punto muy a favor, que París enamora, pero aprieta el bolsillo, las cosas como son.

Que la conozca no quiere decir que ya la haya descubierto, y es que el segundo punto a tener en cuenta es que París es una ciudad grande y necesitaré, por suerte, muchas escapadas para conocer todos sus rincones mágicos. Tiene planes durante todo el año, monumentos por doquier, una lista de museos casi interminable, restaurantes de todo tipo… tiene croissants, steak tartare, gente hablando en francés, escaparates maravillosos… ¿Se nota que tengo ganas de ir?

Conozco los edificios más famosos y ya tengo fotos en los must de la ciudad, así que cuando voy puedo disfrutarla con calma, sin la presión terrible de “tengo que verlo todo porque puede que no vuelva nunca”. Y es que la clave de todo reside en que París, para nosotros está cerca, tanto que yo incluso voy en tren.

Me gusta hacer maletas, pero el lío de aviones, facturaciones, transfers y conexiones aeropuerto-centro de la ciudad cargada de bolsas ya no me gusta tanto. Así que desde que RENFE se alió con SNCF, paso de asientos reclinados y oídos taponados en mitad del vuelo y opto por la comodidad del viaje sobre raíles y a alta velocidad. En unas seis horas salgo del centro de Barcelona y me planto en el de París. C’est simple comme bonjour! (Vamos, facilísimo).

En mi próxima escapada, que será muy pronto, porque el verano es tentador, quiero ir al Centro Pompidou y visitarlo con calma, quiero probar los famosos macarons de la Pastelería Ladurée, quiero ir al café de Amelie, quiero perderme en Montmartre y contar los escalones al Sacre Coeur, quiero comprar un libro en Shakespeare and Company y quiero bordear el Sena desde Notre Dame hasta donde me den los pies. Todo sin prisa y disfrutando del viaje, porque París es París, es haute couture (aunque reconozco que cuando voy con mi outfit de turista mi glamour deja bastante que desear), es haute cuisine y haute cultureImagina si tiene gancho, que hasta los americanos, teniendo Nueva York, se dieron cuenta de que “siempre nos quedará París”.

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Me gustan los superhéroes de carne y hueso, que luchan por restablecer el equilibrio y llevar luz a los rincones donde reina la oscuridad. Busco aliados que se sumen a mi causa todos los meses, porque la tierra gira sola, pero el mundo lo hacemos girar nosotros.