València es una de esas ciudades que engaña, y no me refiero a que no sea de fiar, sino a que más que una, es varias ciudades en una; y si te quedas con la primera impresión, aunque ésta sea espectacular, te estás perdiendo mucho. Está la València más clásica, con sus tradiciones centenarias, está la València moderna e innovadora, la gastronómica, la turística, la de la fiesta, la de los negocios, la del buen tiempo y la buena gente…

Lo mejor es que en cualquiera de sus versiones, se trata de una ciudad abierta y acogedora, como buena ciudad mediterránea, y te hace sentir pronto como en casa. Yo siempre digo que cuando llego a València me convierto: se me despierta el hambre de paella, el alma de fallero y el acento de la terreta, nano. Como si me atrapara el espíritu de la ciudad, de sus calles y de sus gentes, de sus playas y de sus paisajes.

Fuente del Río Turia. Plaza de la Virgen
Fuente del Río Turia. Plaza de la Virgen

Una de mis debilidades es el casco antiguo. El barrio del Carmen es una de las joyas de la ciudad, y no es para menos. Aquí se percibe a la perfección esa mezcla entre historia y modernidad que destila València. Un barrio para deleitarte con sus diferentes teatros, del ocio en cada uno de sus bares y restaurantes y de los monumentos como la Catedral de València, el Miguelete o las Torres de Serrano y de Quart que, históricamente, fueron dos de las puertas fortificadas de la muralla medieval de València. 

Una buena forma de descubrir València es recorrerte entero el Parque de Cabecera siguiendo el antiguo cauce del río Turia, convertido en un maravilloso parque que cruza toda la ciudad y en el que te cruzarás con niños correteando, paseadores de animales, runners, yoguis y demás deportistas disfrutando de este pulmón verde. 

Otra de las paradas imprescindibles de la ciudad son el Palau de la Música, el puente de las flores o el famoso puente de “la peineta”.  Y por supuesto no puedes volver sin pasar por la Ciudad de las Artes y las Ciencias, la expresión más brutal de la cultura y el arte en València.

Ciudad de las Artes y las Ciencias
Palacio de las Artes. Ciudad de las Artes y las Ciencias, Valencia.

Si vienes en época de baño (que es casi todo el año) no puedes dejar de darte un chapuzón en la playa de la Malvarrosa, en el barrio marinero del Cabanyal, que representa uno de los oficios más antiguos de la ciudad y mantiene intacta su esencia para mostrar sus costumbres a todo aquel que lo visita. Otra de las paradas de rigor es la playa de las Arenas, junto al puerto de la ciudad, que se ha ido adaptando a los nuevos tiempos para hacerte sentir la auténtica experiencia mediterránea

Y un viaje a València no puede acabar sin un recorrido gastronómico por todos sus sabores a través de los productos del mar y de la huerta valenciana. Una titaina del Cabanyal, una paella a pie de playa o un esgarraet valenciano, con horchata y fartons como colofón a esta fiesta del paladar.

Valencia

València es en definitiva una ciudad llena de magia, algo tiene su gente abierta y su aire mediterráneo que me hace sentir como en casa, pero a la vez libre y con ganas de vivir aventuras (es verdad que cuando vuelvo aquí se me despierta mi espíritu rebelde de juventud, ya os contaré un día por qué). Así que no voy a insistir con lo de que es uno de esos destinos a los que siempre querrás volver. Si no te lo crees, ven y compruébalo tú mismo, che.

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Cantante asmático y carismático, abogado del diablo más por oficio que por convicción. Viajero, vividor y trotamundos, voy de gira porque me toca. No soporto a la gente gris ni a los cobardes. La vida es música, música, música.