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Faro en Córcega

Córcega, "la sublime". ¡No eran listos ni nada los griegos cuando le pusieron este adjetivo a la cuarta isla más grande del Mediterráneo! Pero los franceses también son conscientes de su belleza. La Île de la Beauté("isla de la belleza") es hoy en día territorio galo, aunque anteriormente pasó por un montón de manos: fenicios, griegos, romanos, aragoneses, genoveses... Precisamente estos dejaron una gran impronta en la cultura de la isla, patente en el dialecto corso, muy similar al italiano estándar.


Córcega es una montaña que le ha ganado el pulso al mar. El centro de la isla es toda una cordillera que rebasa los 2.000 metros de altitud, un universo de naturaleza en estado puro compuesto por bosques de pinos, pastos alpinos, lagos y ríos y donde destacan las espectaculares Gargantas del río Restonica. Los corsos, tradicionalmente arraigados a su naturaleza y a la vida montañosa del interior, son muy conscientes de la joya que tienen por hogar, de ahí que Córcega sea la isla mediterránea menos explotada, a la par que la más bella.


Te perderás por los múltiples rincones que esta isla esconde. Pequeños pueblos pintorescos como Bonifacio (¡a tan solo 12 kilómetros de la vecina Cerdeña!), Calvi, Porto-Vecchio... Aunque también podrás encontrar pequeñas ciudades como Bastia, cuyo puerto es el más importante de la isla, o Ajaccio, "ciudad del coral"... ¡y cuna del mismísimo Napoleón Bonaparte! Precisamente fue un tío del emperador el que promovió en esta ciudad el Museo Fesch, que reúne la mayor colección de pintura italiana en Francia solo por detrás del Louvre de París.


Mar y montaña. Playas recogidas con cristalinas aguas azul turquesa donde practicar submarinismo y escarpados calanques ideales para los amantes de la escalada. ¡Córcega es un lugar de contrastes! Así, su costa occidental está repleta de espectaculares acantilados de caliza rojiza, mientras que el litoral oriental es una larga planicie en el entorno de la villa de Aléria. Y rodeando la isla, ¡multitud de islotes donde perderás el sentido! En las Islas Sanguinarias te morirás de placer cuando divises la espectacular puesta de sol.


Un paraíso en el Mediterráneo occidental que te conquistará no solo por las vistas, sino también por el oído (¡los cantos tradicionales corsos te encandilarán!). Y por el gusto: el brocciu(un queso de leche de cabra y oveja), el figatellu(una peculiar salchicha de hígado), la miel y el vino de Córcega son solo algunos de los platos principales de la riquísima gastronomía de la isla.


En hora y media desde Barcelona puedes surcar los aires para vivir en tus carnes el universo de sensaciones que produce Córcega. Los dos principales aeropuertos de la isla, el de Bastia al norte y el de Ajaccio al sur, disponen también de conexiones con las principales ciudades de la Francia continental. ¡Ya no tienes excusa para no descubrir de primera mano todo lo que esconde esta isla con personalidad propia!