Consigue tu vuelo+hotel y conoce Karlsruhe

Karlsruhe

¡Ay, si el margrave Carlos Guillermo de Baden-Durlach levantara la cabeza y viera en qué se ha convertido la ciudad que fundó en 1715! Una bella urbe situada al norte del estado alemán de Baden-Wurtemberg, a poco más de 20 kilómetros de la frontera con Francia. Lugar donde no pagan justos por pecadores, ya que es sede del Tribunal Constitucional Alemán. Una meca para científicos y amantes de las tecnologías, con un envidiable aire intelectual y artístico y unas cálidas temperaturas que no hacen pensar que esté plantada en mitad del continente europeo.


La ciudad de Carlos Guillermo es Karlsruhe, y su nombre significa literalmente "Refugio de Carlos". El margrave no pudo refugiarse durante muchos años de su vida en el palacio que ordenó construir aquí, pero su legado sigue en pie después de 300 años. ¡No importa que haya guerreros que la quieran destruir! Tras alguna que otra reconstrucción, las formas barrocas del impresionante Palacio de Karlsruhe, una Versailles en miniatura, descansan mecidas por los verdes jardines que las acarician con disimulo, mientras que desde la torre del palacio puedes admirar la posterior creación del hombre. Un total de 32 calles que parten de ella emulando los radios de una rueda de bicicleta. O rayos de sol formando un abanico, como lo prefieras. El caso es que el conjunto compone una curiosa estampa urbana que le ha valido a Karlsruhe el sobrenombre de "ciudad abanico" (Fächerstadt).


Los aires cosmopolitas que el abanico sopla son un tanto atípicos para una ciudad que no llega al tercio de millón de habitantes. Quizás porque nunca en su historia ha contado con murallas. O porque en su nacimiento participaron gentes de Francia, Italia, Suiza, Polonia y de la propia Alemania. Un crisol de culturas que desde el minuto 1 es inherente al ADN de Karlsruhe. Y una ciudad de vanguardia, siempre adelantada a su época, inquieta y rebosante de cultura y ciencia. El Instituto Tecnológico de Karlsruhe (KIT) es toda una institución que cuenta con el título de mayor centro de investigación de toda Alemania. El Centro de Arte y Tecnología Mediática (ZKM), ubicado en una antigua fábrica de armas y compuesto por varios museos especializados, es uno de los mejores lugares del mundo para analizar el progreso de las tecnologías de la información. Por otra parte, Karlsruhe también mira a su pasado y a su entorno: el Museo de Historia Natural disecciona a los seres vivos que pueblan la naturaleza de estas tierras germanas, mientras que el Museo Regional de Baden explica la historia de la región de la que un día fue capital.


Pero quedémonos en el presente, que en Karlsruhe vale la pena... ¡Y mucho! Ciudad perfecta para dar un relajante paseo atravesando sus múltiples zonas verdes. Los cantos de los pájaros pondrán la melodía a tu travesía por el enorme jardín botánico y por el variado zoo de la ciudad. Si prefieres el contacto con las gentes de Karlsruhe, la zona de la Plaza del Mercado es idónea para ti. Un área alegre, que vive intensamente el día y que no descansa por la noche. Las terrazas de sus bares y cervecerías son perfectas ubicaciones para catar un típico Rehrücken Baden-Baden (carne de corzo al horno) acompañado con un afamado vino de la región. Aquí también puedes darle un regalo a la vista, no solo observando a los rubiazos alemanes que pasan para arriba y para abajo, sino también contemplando la principal iglesia de la ciudad, el edificio del Ayuntamiento y la Pirámide de Karlsruhe, concluida en 1825. La interacción humana continúa en la calle Kaiserstrasse, llena de tiendas de moda que incitan a darse un capricho, mientras que el ejercicio y la diversión son todo uno en la pista de hielo que puedes encontrar en Navidad en la plaza Friedrichplatz.


Si con todo lo que te ofrece el centro de Karlsruhe no te basta, la ciudad te ofrece otras alternativas ciertamente apetecibles. Por ejemplo, visitar el Palacio Gottesaue, un edificio renacentista en la parte este de la ciudad donde hoy tiene su sede la universidad musical. O seguir los pasos de Karl Benz, inventor del automóvil y nacido en esta ciudad. El osado Benz, acompañado de sus hijos adolescentes, se atrevió en 1888 a realizar un recorrido de 108 kilómetros sobre su recién estrenado bólido pasando por diversas localidades de la zona, entre ellas Karlsruhe. Es la llamada Bertha Benz Memorial Route (en honor a su esposa, que no sabía que el bueno de Karl se llevaba a los niños a explorar el mundo). Otro ejemplo más: subir en funicular hasta Turmberg y contemplar desde las estribaciones de su castillo una visión más lejana de la ciudad. ¡Aunque no por más lejana va a ser menos recomendable! Desde tan privilegiada ubicación podrás observar las maravillas naturales que rodean a Karlsruhe: el Bosque del Palatinado, el macizo de los Vosgos, el valle del Rin... Y no tan lejos de allí puedes perderte entre la inmensidad vegetal de la Selva Negra. ¡Desde luego, Carlos Guillermo eligió un buen lugar para fundar su ciudad!


El abanico de Karlsruhe se descubre ante tus ojos como una cuna del saber tecnológico. Una ciudad de gentes tolerantes y hospitalarias, que contagian optimismo y vitalidad a raudales. Tanta como la que se vive cada año en la FEST, uno de los mayores festivales de pop y rock al aire libre y que congrega a miles de alemanes y gentes de otras partes del mundo. Para ello, el pequeño aeropuerto, conectado con el centro de la ciudad a través del autobús 140, se pone a tu disposición con vuelos a Girona, Málaga, Palma de Mallorca y varias islas canarias. No obstante, no demasiado lejos de la ciudad se abren a cielo abierto aeropuertos mayores como el de Stuttgart, el de Frankfurt o incluso el de Estrasburgo, ya en la vecina Francia. ¡Ahora solamente tienes que elegir el día de tu viaje!