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Majestuosa desde el apacible Mediterráneo, La Valletta se yergue como centro económico y puerto principal de Malta. Il-Belt ("la ciudad" para los malteses) está compuesta por una de lasáreas históricas más densas del mundo: ¡en solo 55 hectáreas de terreno se cuentan nada más y nada menos que 320 monumentos! Pero tranquilo, no te perderás ninguno de ellos: las rectilíneas calles de su casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, dirigen tus pasos hacia todos los rincones más especiales de esta pequeña ciudad de poco más de 7.000 habitantes.


La Catedral de San Juan, aunque presenta un aspecto sobrio en su fachada, es todo un derroche de decoración barroca en su interior. ¡Y además cuenta con una rica colección de pinturas de Caravaggio, el maestro del claroscuro! Pero si hay algo que destaca a vista de pájaro es la impresionante cúpula de la Procatedral anglicana de San Pablo, construida luego del dominio de los ingleses sobre la isla durante el último siglo. ¡Te quedarás con la boca abierta!


El Museo Nacional de Arquitectura y el Hipogeo de Hal Saflieni, a 6 kilómetros de La Valletta, dan buena cuenta de los orígenes de Malta, que se remontan al siglo VI a. C. Y fortificaciones como la de San Telmo te recordarán que esta preciosa isla ha sufrido durante su historia las penurias de la guerra: buena parte de la ciudad de La Valletta resultó devastada tras la II Guerra Mundial. Sin embargo, ha resurgido como un ave fénix con todo su esplendor de antaño, como capital de una isla con un clima cálido, típicamente mediterráneo, con dorados arenales y una rica gastronomía. ¡Cualquiera de sus plazas es un lugar perfecto para probar un pastizzi (un pastel de hojaldre con ricotta) antes de ponerse manos a la obra (o a la mesa) para degustar un sabroso conejo al estilo maltés!


Malta te invita a conocerla durante todo el año, aunque su época de mayor apogeo es entre abril y noviembre (eso sí, ¡el calor estival puede resultar sofocante para aquellas personas ya de por sí acaloradas!). En temporada alta varias compañías aéreas operan vuelos directos desde los aeropuertos de Madrid, Barcelona y Girona, que te dejan a solo unos 5 kilómetros de La Valletta. Dentro de la isla puedes moverte en autobús, taxi o coche privado (¡aunque no te olvides de que en Malta, como los ingleses, conducen por la izquierda!).


Y como la isla principal es de dimensiones bastante reducidas (246 kilómetros, más o menos como El Hierro), es de visita obligada una visita a lugares como el templo de Tarxien o los impresionantes templos de Hagar Qim, construidos en el siglo IV a. C. y situados en un enclave maravilloso al sur de Malta, sobre unos acantilados que te proporcionan la mejor panorámica marítima de la isla. ¡Sin olvidarnos, por supuesto, de la silenciosa y encantadora ciudad de Mdina! Ni de las catacumbas de St. Paul y St. Agatha, quizás las mejor conservadas de todo el antiguo Imperio Romano, situadas en la ciudad de Rabat (¡tranquilo, no nos hemos ido a Marruecos! Rabat también existe en Malta). Asimismo, las ciudades de Senglea, Cospicua y Vittoriosa, con el Forti Sant' Anglu como estandarte, protegen la capital de la isla y nos regalan unos espléndidos cascos históricos que enloquecen a todos los inquietos culturales. Y la localidad de Marsaxlokk, al sureste de Malta, conserva toda la esencia de los pueblos mediterráneos con el mercado tradicional de pescados, ropa y objetos varios que tiene lugar los domingos por la mañana.


Ingleses, italianos y turcos han ejercido de una u otra manera su influencia sobre los malteses. A pesar de sus reducidas dimensiones, La Valletta es cosmopolita, internacional, acogedora, histórica... En definitiva, ¡preciosa! Un lugar donde todo el mundo se siente bien.