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Catedral Alexander Nevski

Enclavada en medio de los Balcanes, a mitad de camino entre frías estaciones de esquí y cálidas playas del Mar Negro, se despierta cada mañana una capital europea desconocida para muchos. Con 1,2 millones de habitantes, Sofía se erige como principal (pero no única) representante de Bulgaria en el mundo. Una ciudad con una gran riqueza cultural, arquitectónica e histórica que ofrece al calor de sus aguas termales. ¡Es que 6.000 años de historia dan para mucho! La tercera capital más antigua de Europa solo por detrás de Atenas y Roma es un mestizaje de religiones y pueblos, desde los otomanos hasta los rusos, con una enorme concentración de monumentos apegados a muy diferentes creencias.


"¡Serdica es mi Roma!". Eso decía de Sofía el emperador romano Constantino I El Grande. Al menos, la grande Serdica era la capital del Imperio Romano de Oriente. El Foro Urbano, un resto de aquella época descubierto gracias a las excavaciones del moderno metro, habla por sí solo de la importancia que tuvo esta ciudad. Aunque lo que sin duda destaca en Sofía son las cúpulas de bronce y pan de oro de la impresionante Catedral de Alexander Nevski. Una oda al principal defensor del cristianismo ortodoxo... Y a los rusos caídos en combate por la liberación de Bulgaria frente al imperio otomano. Una catedral guerrera con muchas batallas a sus espaldas y superviviente de dos guerras mundiales. ¿Cómo no va a ser un emblema para los búlgaros? Este templo se extiende a lo largo de 72 metros, pudiendo acoger a su abrigo alrededor de 5.000 personas. ¡Que son muchas menos que las que la admiran! Además, su cripta vale oro: posee una de las mayores colecciones de arte búlgaro desde la Edad Media hasta el siglo XIX.


Muy cerca de aquí están la Asamblea Nacional, donde los representantes del pueblo búlgaro toman las decisiones del país, y la Iglesia de Santa Sofía, que da nombre a la ciudad. Fue construida en el siglo VI y, aunque ahora se viste de ortodoxa, durante mucho tiempo fue una mezquita. La huella de la influencia otomana sigue muy marcada por distintos puntos de la ciudad. Baste comprobar el tamaño de la cúpula y del minarete de la mezquita de Banya Bashi, una de las más antiguas del continente europeo y ubicada enfrente a los Baños Centrales. Eran estos un auténtico spa de los tiempos otomanos, un paraíso para la relajación donde actualmente abre sus puertas el no menos tranquilo Museo de Sofía. ¡Pero tampoco te relajes demasiado aquí, que el bullicioso Mercado Central te está esperando muy cerquita! Tiene todo tipo de alimentos locales: frutas, verduras, carnes, vinos... Un lugar ideal para comprar algún detalle si no has parado antes en el Mercado de Alexander Nevski, en torno a la catedral. Allí tienen un montón de aparatos, antigüedades, productos artesanos derivados de las rosas y objetos con lemas de la época comunista y también está tirado de precio. No muy lejos, otra muestra más del cruce de pueblos de esta ciudad: la Sinagoga de Sofía, que además es la más grande del Sureste de Europa.


¿No querías una catedral? ¡Pues te regalamos dos! La de Sveta Nedelya, que tampoco se ha librado de las embestidas de la guerra: en 1925 sufrió en sus carnes un atentado terrorista que tiró abajo su cúpula. ¡Menos mal que a día de hoy la seguridad garantiza una paz absoluta entre cánticos eclesiásticos! Para ruido, el que hay en la parte de fuera (no podemos olvidarnos de que estamos en el centro neurálgico de Sofía). En la plaza de esta catedral se encuentra el TZUM, el gran almacén más antiguo de Bulgaria. Y por aquí pasa el elitista Bulevar Vitosha, una calle peatonal llena de cafeterías donde catar unas típicas sopas, quesos o yogures, además de outlets y tiendas de marcas de moda internacionales no aptas para todos los bolsillos. ¡Es una de las calles más caras de Europa! No te disperses demasiado, que por esta zona todavía tienes que ver la Iglesia de San Jorge, la más antigua de Sofía.


No nos extenderemos relatando la historia de la ciudad porque el cercano Museo Arqueológico Nacional lo explica mucho mejor que nosotros y con todo lujo de detalles. Tampoco hablaremos de corrientes artísticas: la Galería Nacional de Arte y la Galería de Arte de Sofía se encargan de exhibir destacadas obras de artistas búlgaros, así que mejor que lo veas con tus propios ojos. ¡Y que no te lo cuenten! Eso sí, pásate por el Museo de Historia Natural, el museo más antiguo de Bulgaria. Y para conocer mejor a esa gente con la que te cruzas en tu viaje, vete al Museo Etnográfico Nacional, que seguramente te aclarará más de una duda sobre el pueblo búlgaro. Quizás descubras aquí por qué en este país se mueve la cabeza de arriba abajo para decir que no y de izquierda a derecha para decir que sí. Y una vez disipes todo tipo de dudas, párate unos minutos a contemplar la Iglesia Rusa de San Nicolás, construida hace un siglo por inmigrantes rusos que querían tener un punto de encuentro religioso en Bulgaria.


Como ves, en Sofía el arte ha encontrado su sitio. ¡O sus sitios, porque hay donde escoger! Además, cualquier evento cultural de relevancia pasa por las instalaciones del prestigioso Teatro de la Ópera, del Teatro Nacional Ivan Vazov o del Palacio Nacional de Cultura. En este último, nombrado uno de los mejores centros de congresos del mundo, se dan cita importantes figuras del cine y la música con motivo de sendos festivales internacionales. Aunque ahora la pillarás en proceso de chapa y pintura, poniéndose guapa para ser sede de la presidencia del Consejo de la Unión Europea en el segundo semestre de 2018. Eso sí, la explanada que preside su fachada es un lugar perfecto para dar un paseo extra antes de embarcarte hacia la Iglesia de Boyana, a las afueras de la ciudad. ¡No pienses que por dejarlo para el final vale menos la pena! Estamos hablando de un Patrimonio de la Humanidad construido en el siglo XI. Aprovecha bien tus diez minutos dentro de la iglesia para retener en tu retina los valiosos y frágiles frescos del siglo XIII que adornan sus paredes. Al salir, el cercano Museo Nacional de Historia cuenta con una enorme colección de objetos que hacen un recorrido por la historia del país. Por si estos dos no fueran motivos de peso para alejarse del centro de Sofía, el Monte Vitosha te regala la mejor panorámica de la ciudad y de su valle. Un soplo de aire fresco que entre su vegetación esconde pequeños tesoros construidos por el hombre como el Monasterio de Dragalevtsi. Desde los 900 metros de altitud que alcanza la montaña también puedes montarte los esquís en la estación de Aleko. Aunque a tan solo unos 70 kilómetros tienes la afamada montaña de Borovets...


No tendrás demasiados problemas para moverte por Sofía, ya que dispondrás de líneas de metro modernas. Es un medio de transporte muy apto, especialmente para dirigirse al aeropuerto, donde podrás coger tu vuelo hacia Madrid, Barcelona, Málaga, Valencia o Palma de Mallorca. Atrás dejarás una ciudad con una interesante vida nocturna y que, según dicen, "crece sin envejecer". La oferta hotelera es amplia, aunque pocos hoteles en el mundo pueden presumir de tener en sus instalaciones un anfiteatro romano. En el año 2004, las obras del Arena di Serdica de cinco estrellas, sacaron a la luz otro vestigio más del rico pasado de Serdica. Una muestra más de que Sofía es una ciudad con un valioso pasado que se plasma en su presente, sin dejar de lado las inquietudes culturales. ¡Sofía es una capital europea por descubrir!

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