Algeciras, más allá de las narco lanchas

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Pues de pronto, Algeciras es la Medellín del sur de España, un “Narcos” flamenco. Pero la capital del Campo de Gibraltar, es mucho más que su mala fama y olor a incienso, palabrita.

No se sabe porque causa del destino, vas a parar por Algeciras. Quizás de camino a Marruecos o Tarifa, o quizá simplemente te perdiste. Todas las imágenes de persecuciones policiales, fardos incautados de drogas y “gomas” reventadas en mitad del Estrecho, invaden tu mente. Respira tres veces. Hay un mundo más allá de todo eso. Mírame a mí, que nací allí y soy mujer de bien. Bueno, a veces.

El Campo de Gibraltar -provincia de Cádiz-, el territorio más al sur de Europa. Y aunque es la ciudad más grande y “comercial” de la zona- eso nos ha quedado claro- está rodeada de lugares y planes que te quitarán todas las tonterías y prejuicios. Pero para empezar cualquier ruta y día, hay que dar prioridad a lo importante: zampar.

 

Nacidos para comer

Si te gusta el atún más que ver volar los dragones de Daenerys Targaryen, no puedes dejar de pasar por ‘Maridaje’ y probar su bandeja variada de atún rojo de almadraba: tartar, tataki, en manteca… Para mí, eso es la auténtica droga de Algeciras, y no lo que sale en la televisión. Y si encima te va el alpiste cosa fina, tienes una carta de vinos muy particulares que no vas a encontrar en ningún otro bar: Milú, La Cometa, la Perra Gorda y vinos familiares, como el Chloe de Ronda. Vamos, como para salir de allí haciendo ochos.

Y hablando del mercado de abastos, date por allí una vueltecita. Alucina con el edificio, que tiene la primera cúpula que se construyó en España que no se sostiene en ninguna columna. Esta maravilla fue obra del abuelo de Ana Torroja, que seguro que no sabíais que era ingeniero. ¿Veis que en Algeciras también hay espacio para el arte y el pop?

En este punto ya tendrías que estar generando pensamientos del tipo: “Vale que es una frontera ‘complicada’, pero chica tampoco es la franja de Gaza”.

Vuela, vuelva

Y ahora que ya tienes el estómago lleno y te has convencido que no te van a meter droga en el bolsillo de atrás, ¿que mejor que una playita, para subirse unas olas o echarse una siesta? A tan solo 20 km de Algeciras, las interminables playas de arena blanca, fina y virginal, te esperan en Tarifa.

Que eres kite-surfero: Valdevaqueros. Que eres sólo surfero: Los Lances. Que eres y no eres, no sabe no contesta, pues las demás: Bolonia, Caños de Meca… ¡Y sin lanchas!

Hacerte el guiri en el peñón de Gibraltar

Estás en una tetería de la Main Street de Gibraltar, frente una relaxing cup of té inglés. Una niña rubia de ojos azules, chanclas y ropa chillona juega en unas escaleras. Escalón para arriba, escalón para abajo, deslizamiento por la barandilla y triple salto mortal. Su madre, una suerte de Vicky Pollard con bolsas de Mercadona rozando sus piernas, desde la mesa le va advirtiendo:­ “Mary stop please, Mary please…”.­ Y Mary pasa de todo, cuando la madre pega un berrido monumental: “¡Mary come here!. ¡Que te va a caé, shiquilla!­”.

Gibraltar, territorio de ultramar de la corona británica, es un cachito de Gran Bretaña en pleno Andalucía. A sus habitantes se les conoce como “llanitos”, y el “llanito” es esa divertida mezcla entre perfecto inglés y el andaluz de la zona. Nada más por escuchar a una inglesa decir: “shoshete, shiquilla, te llamo pa’trás” ( I´ll call you back), hay que ir.

Pero no queda ahí la cosa, hay muchas cosas que hacer y ver: interactuar con los únicos monos salvajes y en libertad de toda Europa, hacer espeleología en las cuevas de Sant Michael, conocer los túneles de la II Guerra Mundial, o comerte un auténtico “fish and chips” con una pinta de cerveza. Si eres del género contemplativo, te recomiendo subir a la cima de su peñón – el monolito de piedra más alto del mundo-, desde donde puedes ver del tirón tres países, dos continentes, un mar y un océano. Todo esto en menos de 360º, y con la boca descolgada de la sorpresa.

Castellar no, su castillo

No todo en Algeciras va a ser empaparse de mar y atún: a 30 minutos en coche se llega a un castillo mejor conservado que la Preysler, con un pueblo típico andaluz en su interior. Y cuando digo típico andaluz, quiero decir que tiene su peña flamenca, por supuesto. Que está bien surtido de macetas con geranios colgadas en las fachadas. No faltan sus gatos amodorraos por la solana en las puertas de las casas. También va sobrado de fachadas blancas que te dejan como iluminado por el espíritu santo. Y claveles, que no falten los claveles.

Es increíble pasear por los callejones empedrados del castillo de Castellar de la Frontera, oler la buganvilla que cuelga de sus muros y asomarte al mirador que da al pantano. Un auténtico salto en el tiempo. Y si a estas alturas aún tienes hambre, es que debes tener un agujero negro en tu interior. No pasa nada, por sitios para zampar que no sea. Uno de los sitios más especiales de la provincia, se encuentra en sus muros, la Ecotapería. Comida totalmente ecológica, de la zona y de temporada.

© Sonsoles Lozano

Sotogrande, piruletas a lo grande

Si en este punto no has olvidado las narco lanchas, es que eres un caso perdido. Pero aún hay una última esperanza. Existe el país de nunca jamás, allí donde lo abyecto no existe, donde las avenidas huelen a arcoiris y las casas a gominola: Sotogrande. Nada como tomarte una copa en alguna de sus terrazas. O simplemente darte un paseito por su puerto a observar relajadamente yates y catamaranes en lugar de narco-lanchas para empezar a pensar que todo lo que sale en la televisión, es mentira, y que en realidad Algeciras es de lo más chic. Ahí os espero.