Ya hemos comentado en otras ocasiones mi querencia natural por el Atlántico frente a otras aguas más cálidas que no me inspiran confianza. A mí el Atlántico me llama, como el Pacífico a Vaiana. Creo que soy “el elegido” de este océano limpio y recio que conecta Europa con América, y por eso siempre encuentro a orillas del Atlántico mis destinos favoritos.

Hoy vengo a hablaros de mis queridas Azores; esas nueve maravillas que emergen en mitad del Atlántico y que los portugueses tuvieron la suerte de conquistar. ¿Y por qué me acuerdo ahora de lo mucho que me gustó mi viaje a las Azores? Piensa que en total viven unas 250.000 personas, distribuidas entre las 9 islas de origen volcánico, y que la tierra más cercana es Portugal, a unos 1.600 kilómetros. Así que si hay un lugar en el que mantener la distancia social es fácil, es aquí. Yo, que últimamente estoy algo paranoico (llámame raro, o que leo las noticias), acabo de encontrar mi lugar en el mundo. Si tú también quieres venir en busca de una vida mejor, puedes, porque, además de contar con todos los protocolos sanitarios anti COVID, las Azores ha sido el primer archipiélago del mundo en obtener un certificado de destino turístico sostenible. Blanco y en botella: hay que vivir aquí.

Aventuras de Tarzán

Si hay algo que hay que probar en este rincón del mundo es el barranquismo, que en época de crisis es un perfecto bálsamo para liberar endorfinas, adrenalina o lo que sea que nos haga relajar nuestra contracturada realidad. En las islas de San Miguel, San Jorge y Flores, puedes elegir itinerarios espectaculares, desde grandes verticales hasta recorridos sencillos para principiantes. Si alguna vez has tenido complejo de tarzán, este es un buen momento para recuperar el instinto y disfrutar de una experiencia alucinante.

Bajo el mar

Las Azores son ante todo un santuario submarino. Seguramente la pequeña Ariel se pensaría mucho lo de volverse humana si hubiera conocido este fondo marino. Aquí viven cinco especies de tortugas marinas, más de 24 especies de cetáceos y unas 600 de peces, desde el pequeño Nemo hasta las mantas raya gigantes. Sin duda uno de los mejores lugares del planeta para observar cachalotes y la gran ballena azul, que obsequia a los visitantes con auténticos espectáculos acuáticos como un canto a la libertad. Será por la emoción del momento, pero el agua aquí no es fría y en cuanto lo pruebas y descubres que la variedad del fondo marino no tiene fin, no quieres dejar de ser anfibio. De verdad que no sé en qué estaría pensando Ariel con lo de subir a la superficie.

Siempre Jamás

¿A quién no le hubiera gustado tener polvo de hada para viajar con Peter y los niños perdidos hasta el país de Nunca Jamás? Pues algo parecido sientes al llegar a las Azores; que podrías quedarte allí y detener el tiempo para siempre. De hecho, por algún extraño fenómeno atmosférico, en el archipiélago paran a descansar de sus viajes migratorios un sinfín de aves procedentes del continente americano y también de Europa. Si yo fuera pájaro, también elegiría este oasis de cráteres volcánicos, lagos, playas vírgenes y acantilados espectaculares para hacer un alto en el camino. Gracias a eso, existe en el archipiélago una diversidad de especies única en el mundo, y por eso es imprescindible acercarse a alguno de sus observatorios de aves antes de regresar. Dicen que los descubridores dieron al archipiélago este nombre por las aves que avistaron, que se suponía que eran azores aunque, en realidad, eran milanos. Hay otra teoría que defiende que el nombre viene realmente de “Islas Azuis” un aportuguesamiento de Azzure, en genovés, por el color azulado de la vegetación autóctona del archipiélago, fruto de un liquen llamado urzela. Sea como fuere, si yo hubiera descubierto las Azores las hubiera llamado las islas de Siempre Jamás, porque es un lugar al que siempre querrás regresar

Está claro que a mí el Atlántico me llama, como el pacífico a Vaiana. Las Azores son uno de esos lugares vírgenes y exhuberantes que me dan motivos de sobras para creer en una vida mejor. Y es que, tal como está el patio, ¿qué mejor que perderse en un sueño de película?

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Cantante asmático y carismático, abogado del diablo más por oficio que por convicción. Viajero, vividor y trotamundos, voy de gira porque me toca. No soporto a la gente gris ni a los cobardes. La vida es música, música, música.