Hoy vengo a hablarte de Lanzarote; ese rincón del mundo de arena, salitre y fuego en medio del atlántico que inspiró a César Manrique y a cualquiera con un mínimo de sensibilidad en las venas; esa isla de arquitectura blanca, tierra negra, cielos rojos y un fascinante perímetro de costa azul que puede ser tu mejor elección para reencontrarte contigo mismo, compartir con tu familia o escaparte con ese alguien que merezca descubrir contigo el paraíso.

Arena, rocas, piscinas naturales y peces de colores

Te aviso desde ahora que en cuanto empieces a descubrir Lanzarote te enamorarás sin remedio de alguna de sus playas; del agua cristalina, de los acantilados rocosos o de la arena fina de todos los colores. Las hay para todos los gustos. El acantilado de Famara y la playa Bajo el Risco en el norte (un tesoro de aguas turquesas en forma de recompensa para los que sean capaces de llegar por el camino de los Gracioseros), Costa Teguise, la tranquila Playa del Rey con sus aguas de un azul intenso y sus peces loro exhibiendo sus colores junto al rompeolas o Playa Chica en Puerto del Carmen, con su escaparate de peces y su biodiversidad marina. 

También tienes que probar la sensación inigualable de sumergirte en el agua helada y cristalina que se acumula en las pozas de origen volcánico: te recomiendo los Charcones de Janubio al sur de la isla, pero solo si eres capaz de recordar el horario de la pleamar y la bajamar. Si quieres disfrutar sin mirar el reloj, mejor cualquiera de las piscinas naturales de Punta Mujeres, con escaleras metálicas para entrar y salir sin estar pendiente de los caprichos del gran azul y restaurantes para gozar y recomponer el alma a base de pescado fresco tras el baño. 

Por supuesto hay sección especial para los que prefieren las calas naturistas como Charco del Palo o las mixtas, de alegre convivencia nudista-textil, como el Barranco del Quíquere, en Tías, o Caleta del Congrio, en Papagayo, en pleno Monumento Natural de los Ajaches

Y como seguro que me dejo alguna otra playa imperdible y no quiero oír a nadie quejarse, os dejo mejor un directorio de playas para que cada uno elija a su gusto, que uno es Houdini, no adivino.

Playa Blanca Papagayo
Playa Blanca Papagayo

Vinos magmáticos

Ya sé que hemos venido a la isla a disfrutar del mar y la naturaleza volcánica, pero no podía dejar pasar la ocasión de vendimiar y probar vinos magmáticos (y magníficos); lo inédito de esta vendimia es que la uva de La Geria se cría en cenizas volcánicas desde que Timanfaya cubrió el valle con sus cenizas en el siglo XVIII, y es la primera vendimia de todas las zonas vinícolas de Europa, empezando por la listán negro, seguido por la malvasía volcánica, la listán blanca, la negra mulata, la diego y el moscatel de Alejandría, cada una según su punto de maduración. Más de la mitad de la producción se queda en Lanzarote, un 40% se exporta al resto de Canarias y solo el 10% llega a las mejores vinotecas y restaurantes de Europa, Asia o Estados Unidos. Una joya que hay que venir aquí a probar, vaya. Y ya que has llegado hasta aquí, vale la pena visitar la ermita de la Caridad, en el corazón de la Geria, y la Bodega la Geria, que el 15 de agosto recrea la vendimia tradicional con camellos y el pisado de la uva en el lagar. ¿Sabes esos lugares en los que tienes la sensación de que se ha parado el tiempo? Aquí el tiempo puedes saborearlo en la copa y sentirlo bajo los pies, exprimiendo, como la uva, cada segundo.

La Geria
La Geria

Y como beber me abre el apetito, te diré que lo mismo pasa con la gastronomía volcánica; que te traslada a la cocina de tu abuela: la de cuchara, de potajes, enyesques y jareas. Pero con una increíble riqueza mineral (¿será aquí donde empezó la moda de los super alimentos?) fruto del fuego, el agua y el viento y de un sistema de cultivo único en el mundo. Lo de los super alimentos no sé, pero lo de la agricultura sostenible os digo yo que se inventó en Lanzarote, sin más riego que el agua de lluvia ni más aditivos que los sedimentos de los volcanes.

Una de cactus, deporte y aventura

Si además de las legumbres y verduras, te interesa conocer la flora de la isla, puedes descubrir más de cuatro mil plantas suculentas en el Jardín de Cactus, de 450 especies distintas, llegadas de los 5 continentes. Lo cierto es que me sorprendió la naturaleza de Lanzarote, con sus impresionantes acantilados y sus vistas y por supuesto el Parque Natural de Los Volcanes, donde descubres cómo empezó todo, en 1730, con la primera erupción de la Montaña de La Lapa. El sendero te descubre distintos tipos de lava, ceniza y el interior del cono volcánico, y no puedes dejar de admirar el cráter de Caldera Blanca, el de mayor diámetro de la isla y que te hará sentir más cerca de Marte que de la Tierra.

Ya hemos comprobado que el escenario natural es de película, pero es que si además le añades una temperatura suave durante todo el año, Lanzarote se convierte en el escenario perfecto para todo tipo de deportes, en especial de agua. Buceo, vela, surf, windsurf, kitesurf y todos los subtipos de surf, pero también bici, trekking, ala delta, golf… la oferta es enorme, así que si no tienes el cuerpo para deporte, tendrás que buscarte una buena excusa. Y créeme, aunque sea a nivel amateur como yo, merece la pena sumergirse de forma orgánica con el entorno. Elige tu medio: tierra, mar o aire; elige tu arma: aletas y tubo, bicicleta, escarpines, bambas o pies descalzos… seguro que encuentras tu momento para conectar con la naturaleza y activar mente y cuerpo como nunca lo has hecho.

Y para acabar, la calma

A todos nos gusta exprimir las vacaciones, experimentar nuevas sensaciones y decir a la vuelta que lo hemos dado todo, pero, sinceramente, llevamos una temporada acumulando altas dosis de estrés, así que por esta vez puedes permitirte disfrutar de este balneario natural en medio del Atlántico y dedicarte a no hacer nada. Cierra los ojos y siente ya su clima subtropical, sus amaneceres, sus aromas, su eterna dosis de Vitamina D… Tu cuerpo flotando en el mar, la brisa yodada, catar un buen gofio escaldado, que te den un masaje con aloe vera de Lanzarote o incluso un circuito hidrotermal.

Abre los ojos: cuando quieras, nos vamos

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Siempre creo que me he dejado la llave del gas abierta.