Los Cañones del Sil y del Miño son de esos paisajes imponentes que te conectan con la naturaleza a otro nivel. No es de extrañar que durante siglos hayan acogido la vida espiritual de los monasterios que se concentran en esta zona, alejados del mundanal ruido y al amparo del clima benigno de estas tierras, como un oasis en el corazón de Galicia. Aquí, monjes de todos los tiempos han dedicado su tiempo y su sabiduría a honrar a Dios y a estudiar los secretos de la vid, seguramente una de las mejores formas de conectar el cielo y la tierra. La erosión fluvial del Sil ha labrado aquí una profunda grieta que lo lleva, merodeando por la izquierda, hasta el cauce del Miño y, precisamente entre esas paredes imposibles, buscaron refugio monjes y eremitas, poblándolas de monasterios con la misma paciencia secular. Así, este lugar cargado del misticismo propio de una fuerza superior, reunió hasta una docena de cenobios, románicos y benedictinos la mayoría, que le dieron el nombre ya documentado desde la Edad Media de “Rivoyra Sacrata”.

La verdad es que no se me ocurre mejor conjunción de astros: lo divino y lo humano unidos por el vino… y eso es exactamente lo que ocurre entre estas escarpadas laderas de hasta 500 metros de profundidad, donde emergen diminutos viñedos como diamantes en bruto entre la inmensidad de este paraíso entre Lugo y Ourense.

EL Vino

Vendima na Ribeira Sacra

Para añadir misterio a este enclave divino, os diré que nadie sabe dónde empieza y dónde acaba exactamente la Ribeira Sacra. Puede que sus límites verdaderos estén marcados por la presencia de las vides en las laderas de solana. Se trata de  una vendimia insólita y difícil, entre fuertes pendientes organizadas en bancales, ‘viticultura heroica’, la llaman, por las dificultades que tienen los agricultores para acceder a las cepas.

Obviamente, yo supe de la existencia de esta región por ser la cuna del legendario “Amandi”, un vino tan apreciado por los romanos que llegó a llamarse “oro del Sil”. ¡Y no es para menos! Siglos más tarde los monjes benedictinos elaborarían el caldo en exclusiva para las bodegas del papa de Roma y hoy cuentan con una Denominación de Origen propia. Los más famosos son los tintos Mencía, en honor a la uva que lleva el mismo nombre, una variedad que no puedes dejar de probar si visitas este lugar. Tranquilo, que si eres más de blancos, tienes los no menos heroicos Godello.

Viaxe en catamarán pola Ribeira Sacra
Viaxe en catamarán pola Ribeira Sacra

Os Peares es el punto donde se juntan estos dos grandes ríos del noroeste. Como dice el dicho: el Sil lleva el agua y el Miño, la fama. Ya se ve que en todas partes unos cardan la lana y otros se llevan la fama. Pero en este caso el dicho va por agua, porque para conocer la Ribeira Sacra de verdad, hay que hacerlo por el agua. Los dos cursos fluviales son navegables en catamarán, y si tienes oportunidad de hacerlo, vale la pena, bien desde los embarcaderos ourensanos de Santo Estevo (Nogueira de Ramuín) y Abeleda (Castro Caldelas), bien desde la localidad luguesa de Belesar (O Saviñao).

Los Monasterios

Mosteiro de Santa Cristina de Ribas de Sil
Mosteiro de Santa Cristina de Ribas de Sil

La vida monacal es lo que tiene: paz, serenidad y buenos alimentos. Si no lo has probado nunca, ya estás tardando. Los monasterios más apegados al fluir del Sil son los de Santo Estevo de Ribas de Sil y el de Santa Cristina. Al primero, convertido en hotel, se accede desde la localidad de Luíntra (Nogueira de Ramuín) o por el monasterio de San Pedro de Rocas. Al de Santa Cristina, desde Parada de Sil por una carretera de ida y vuelta. La bajada hasta este monasterio entre la espesura de árboles centenarios merece casi tanto la pena como el destino. Y ya que estamos en Parada de Sil, si sigues una pista de tierra llegas hasta el Balcóns de Madrid, un mirador de vértigo desde el que puedes ver al otro lado del río el santuario de Cadeiras (Sober) y la llanura de Monforte al horizonte. Por el camino encontrarás otros miradores, como el andamiaje entre Vilouxe y Caxide donde el cañón alcanza su máxima altitud.

El cañón del Miño es de pendientes más suaves, obligando al río a doblarse en magistrales recovecos provocando un espectacular cambio de dirección, como en A Cova (O Saviñao), también conocido como Cabo do Mundo.

Cabo do Mundo-Canón do río Miño

Las faldas orientadas al sur se embellecen con viñedos en un largo abrazo con el río. En este sector casi todos los monasterios están situados en el margen izquierdo, y puedes acceder desde Chantada y Monforte de Lemos para disfrutar de una auténtica ruta del románico. Iglesias como la de A Cova, San Miguel de Eiré, San Fiz de Cangas; o el convento de San Salvador en la capital municipal de Pantón, Santo Estevo de Ribas de Miño y San Paio de Diomondi hacen de la Ribeira Sacra del Miño un destino de paz interior imbatible cuando el mundo se desmorona. No se me ocurre mejor remedio para superar este annus horribilis que un reducto espiritual de naturaleza imponente, en el que siempre hay vino.

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No te tomes tan en serio, nadie más lo hace.