Todo cambia: las estaciones, las modas, la música y también los city-breaks. ¿Recuerdas? Esa maleta rápida, corriendo al aeropuerto a matacaballo y quemando el fin de semana pateando como si no hubiera un mañana. Por suerte, la vida acelerada y la ciudad encuentran la sinergía perfecta en Suiza, tierra de chocolates y relojes que hoy, más que nunca, burla sus tópicos para seducir a un amplio abanico de urbanitas exigentes y más allá. Aquí no se corre, se aprovecha el tiempo, que es distinto.

Ginebra

Ginebra se propone contentar al urbanita foodie, disfrutón y mente azul. Tu aliado es el Geneva Resort Pass pero que no te confunda el nombre que no es el tipo de resort que te imaginas. Este es mucho mejor. Ginebra es un city-resort donde la infinity pool se sustituye por el lago más grande de Europa Central y las terrazas son los balcones de su Casco Antiguo. Aquí la Dolce Vita dibuja una sombra alargada a disfrutar con un buen Choco Pass, comidas en cruceros y la Plage des Eaux-Vives. Si te pierdes, sigue el chorro del Jet d’Eau, una fuente tan potente que podría derribar a un ovni. Como guinda, nada mejor que una ruta en bicicleta eléctrica por sus sinuosos viñedos, 30 variedades de uva nada menos, y una cata que no desmerece un regreso confiado. Ginebra tiene lo mejor de una ciudad y la amabilidad del pueblo de al lado. 

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Zúrich

Grossmuenster, General View

Metaurbanitas, no nos olvidamos de vosotros. Y Zúrich tampoco. El cabaret Voltaire, cuna del dadaísmo, supone la mejor excusa para perderse por los bares, restaurantes y conciertos que se desbordan como la espuma en una rica taza de café suizo. Y la Zürich Card, importante para descubrir todas sus gemas: un tour guiado por el casco antiguo, o un walking tour a todos los secretos de la ciudad, desde Zürich-West hasta el lago. Como un resort de muchos kilómetros cuadrados. Tantas vueltas en barco como onzas de chocolate en Lindt Home of Chocolate, natación urbana y restaurantes open-air donde deberían rodarse todos los spots de cerveza del verano. 

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Basilea

Con que un city-break normalito, ¿eh? Pues agárrate porque Basilea despliega una oferta cultural a la altura de las grandes capitales del mundo (dicen que Nueva York la mira de reojo desde el otro lado del océano). Hazte con la Basel Card para no perderte nada. Es gratis al reservar en cualquier hotel de la ciudad y podrás acceder a descuentos, Wifi y viajes gratis en autobús y tranvía.

El Rín se cruza en barcos que no utilizan combustible, solo la energía del agua. Es posible recorrer tres países en bicicleta y todo termina con una cerveza artesana. La Basler Münster, una catedral que no sabías que necesitabas, y hasta 40 museos diferentes conforman una oferta cultural que muerde a la Gran Manzana.

Una ciudad hecha para el moderno sostenible y cultureta, alejado de los tópicos, casi una nueva especie. 

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El concepto city-break no es el mismo desde que Suiza entra a escena para desplegar todo su potencial: ríos de chocolate que Willy Wonka nunca llegó a crear, lagos donde buscar tesoros urbanos o resorts que toman la ciudad para convertirla en el paraíso que soñamos. Señor@s, esto no es un city-break.  Es un city-stay.

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Alicantino de nacimiento, amante de cualquier lugar con mínimas de 25ºC. Mi debilidad es escribir en cafés secretos, tengo curry en las venas y una palmera tatuada (tiene su miga, aunque no lo parezca). Una vez gané un premio en Japón.