Pero,  ojo, que no cunda el pánico, aquí estamos los houdinis para solucionar el problema: Todavía nos quedan las escapaditas. Benditas y maravillosas escapaditas. Y si se os ocurre un sitio mejor para una escapadita que ir a pasarlo de muerte, a culturizarse y a chuparse los dedos a Salamanca, que además nos queda a tiro de piedra a todos, nos lo decís. ¿No, verdad? Pues vamos.

Una foto publicada por Laura de la Hoz (@laura_luckywoman) el 4 de Oct de 2016 a la(s) 6:38 PDT

Organizar una escapada no es tan sencillo como parece. Pocos días, muchas ganas y demasiadas cosas para ver. Pero, tranquilos, lo tenemos todo planificado. ¡Menudos somos! ¡Un Houdini nunca se rinde! Y menos cuando tenemos por delante una de las ciudades con mejor oferta cultural, gastronómica y patrimonial que existen en todo el territorio. ¿Notáis ya el hormigueo del viajero? Eso es que vamos por buen camino. Salamanca es un tesoro del que podemos presumir con la cabeza bien alta. Uno de los destinos con más historia y tradición que vamos a poder encontrar, pero también un oasis de eventos, tiendas y, cómo no, productos típicos que nos van a dejar extasiados. Y por si faltaba algo -¿más todavía?-, también tenemos opciones de turismo activo y de aventura para contentar a los más atrevidos. ¡Si es que no podíamos haber elegido mejor!

Una foto publicada por Martina (@majty_the_running_spirit) el 4 de Oct de 2016 a la(s) 6:27 PDT

Un poco de historia para comenzar…

¿Cómo vamos a arrancar una visita a Salamanca sin pasar por la Universidad, la Plaza Mayor o la Casa de las Conchas? ¡Que no solo de gastronomía vive el hombre! Antes de lanzarnos a la mesa y a la cerveza, vamos a ganarnos el merecido descanso realizando una visita por el centro histórico de la ciudad -en  la Oficina de Turismo os podrán informar de las rutas organizadas, tanto para hacer cada uno por su cuenta como con servicio de guía-. Un agradable paseo nos llevará desde la Plaza Mayor a las dos Catedrales de la ciudad, la nueva y la vieja, con sus impresionantes vistas desde las torres. Bienvenido a Ieronimus: podrás subir a las torres de las campanas, al andén interior y a las terrazas exteriores para hartarte a disfrutar de las vistas y a dar envidia a todos tu seguidores en Instagram. ¡Eso no se paga con dinero!

 

Una foto publicada por Roberto Povero (@robertopovero) el 3 de Oct de 2016 a la(s) 12:56 PDT

Sin darnos cuenta, pasaremos por delante del Palacio de Monterrey, de la Iglesia de la Purísima o del Convento de las Úrsulas. No faltarán las tradicionales paradas delante de la Casa de las Conchas -¡foto! ¡foto!- ni, cómo no, de la Universidad. No hay nada más tradicional en Salamanca que detenerse diez minutos buscando la rana de la fachada. ‘¡Ahí, ahí! ¡Ya la he visto! ¿Seguro? Yo no veo nada’. Los grupos de turistas se arremolinan delante de la entrada principal de la Universidad buscando a la rana más famosa del país. Está situada encima de… Ah, no, no, ¡nada de pistas! Pero no os quedéis ahí. Merece la pena adentrarse en las estancias de la Universidad, observando el paso del tiempo y sintiéndose como esos privilegiados que pudieron compartir saber con Miguel de Unamuno. Tradición en estado puro. ¡Pelos como escarpias!

Una foto publicada por @daninstagramsvq el 27 de Ene de 2016 a la(s) 2:41 PST

¿Y si hacemos unas compras antes de comer?

Bien empapados de cultura salmantina, ha llegado el momento de darnos algún que otro capricho. Nos acercamos a la zona comercial, situada alrededor de la calle Toro, para perdernos entre tiendas y souvenirs. ‘Póngame uno de cada, que me lo llevo todo’. Vais a encontrar tanta oferta que no sabréis por dónde empezar. ¿Qué tal un poco de jamón de Guijuelo? El producto estrella de Salamanca tiene fama en el mundo entero. ¡Y no es para menos! El sabor, la calidad, el aroma, madre mía, ¡qué hambre! Seguro que todos nuestros amigos, familiares, conocidos y compañeros de trabajo están esperando que les llevemos un bonito -y suculento- recuerdo de la ciudad. ¡Jamón para todos! Pero también aceite, quesos y la deliciosa carne de vaca morucha. Salamanca es un placer para los sentidos.

Como buenos Houdinis, es el momento de perderse durante un buen rato por el Mercado Central, dejándose embriagar por los productos autóctonos. ¡Ojalá haber llevado una maleta más grande para cargar con todo! No olvidéis un buen vino y un pedazo de hornazo, una contundente y típica empanada que nos alimentará para lo que nos queda de viaje. Y lo vamos a necesitar, que todavía tenemos mucho que patear. Con el estómago bailando de alegría, nada como dejarse caer por el Huerto de Calixto y Melibea, uno de los rincones más curiosos y delicados de la ciudad. -ideal para tomarse un respiro y pasar el crítico momento de la digestión-. También el Puente Romano o la Cueva de Salamanca, el lugar donde, aseguran, impartía clave el diablo. ¡Esta ciudad es una caja de sorpresas!

Una foto publicada por Marc Ancelle ⚪️ (@marcancelle) el 28 de Ago de 2016 a la(s) 6:23 PDT

‘No llores por mí, Salamanca’

Ya nos gustaría quedarnos a vivir, pero la escapada termina y tenemos que comenzar a elegir. Museos (imprescindible acercarse al Museo de Art Nouveau y Art Déco, Casa Lis y, entre otras cosas, alucinar de lo bonitas que son sus vidrieras), placenteras terrazas y, claro, también una oferta de actividades de turismo activo que harán las delicias de los más aventureros. ¿Cansados de tanto asfalto? Pues a pocos kilómetros del centro tenemos un abanico de posibilidades, desde senderismo a rutas en bicicleta, paseos a caballo o excursiones en globo o helicóptero. ¡Hasta en barco vamos a poder ir! Otra forma distinta de admirar la belleza de una de las ciudades con más tradición del país. Para que luego digan que no tenemos alternativas para todos los gustos. Y si no somos mucho de bota de montaña, también podemos visitar los muchos museos de que dispone o reservar mesa en el restaurante de Víctor Gutiérrez, galardonado con una estrella Michelin.

Con la lagrimita cayendo, nos despedimos de Salamanca jurando que vamos a volver. ¡Nos queda tanto por ver! Pocos destinos ofrecen una combinación mejor de tradición, ocio, cultura y diversión. Ideal para organizar una escapada en pleno otoño. ¿Os hemos convencido? ¡Bien! ¡Otro éxito para los houdinis!

Pero,  ojo, que no cunda el pánico, aquí estamos los houdinis para solucionar el problema: Todavía nos quedan las escapaditas. Benditas y maravillosas escapaditas. Y si se os ocurre un sitio mejor para una escapadita que ir a pasarlo de muerte, a culturizarse y a chuparse los dedos a Salamanca, que además nos queda a tiro de piedra a todos, nos lo decís. ¿No, verdad? Pues vamos.

Una foto publicada por Laura de la Hoz (@laura_luckywoman) el 4 de Oct de 2016 a la(s) 6:38 PDT

Organizar una escapada no es tan sencillo como parece. Pocos días, muchas ganas y demasiadas cosas para ver. Pero, tranquilos, lo tenemos todo planificado. ¡Menudos somos! ¡Un Houdini nunca se rinde! Y menos cuando tenemos por delante una de las ciudades con mejor oferta cultural, gastronómica y patrimonial que existen en todo el territorio. ¿Notáis ya el hormigueo del viajero? Eso es que vamos por buen camino. Salamanca es un tesoro del que podemos presumir con la cabeza bien alta. Uno de los destinos con más historia y tradición que vamos a poder encontrar, pero también un oasis de eventos, tiendas y, cómo no, productos típicos que nos van a dejar extasiados. Y por si faltaba algo -¿más todavía?-, también tenemos opciones de turismo activo y de aventura para contentar a los más atrevidos. ¡Si es que no podíamos haber elegido mejor!

Una foto publicada por Martina (@majty_the_running_spirit) el 4 de Oct de 2016 a la(s) 6:27 PDT

Un poco de historia para comenzar…

¿Cómo vamos a arrancar una visita a Salamanca sin pasar por la Universidad, la Plaza Mayor o la Casa de las Conchas? ¡Que no solo de gastronomía vive el hombre! Antes de lanzarnos a la mesa y a la cerveza, vamos a ganarnos el merecido descanso realizando una visita por el centro histórico de la ciudad -en  la Oficina de Turismo os podrán informar de las rutas organizadas, tanto para hacer cada uno por su cuenta como con servicio de guía-. Un agradable paseo nos llevará desde la Plaza Mayor a las dos Catedrales de la ciudad, la nueva y la vieja, con sus impresionantes vistas desde las torres. Bienvenido a Ieronimus: podrás subir a las torres de las campanas, al andén interior y a las terrazas exteriores para hartarte a disfrutar de las vistas y a dar envidia a todos tu seguidores en Instagram. ¡Eso no se paga con dinero!

 

Una foto publicada por Roberto Povero (@robertopovero) el 3 de Oct de 2016 a la(s) 12:56 PDT

Sin darnos cuenta, pasaremos por delante del Palacio de Monterrey, de la Iglesia de la Purísima o del Convento de las Úrsulas. No faltarán las tradicionales paradas delante de la Casa de las Conchas -¡foto! ¡foto!- ni, cómo no, de la Universidad. No hay nada más tradicional en Salamanca que detenerse diez minutos buscando la rana de la fachada. ‘¡Ahí, ahí! ¡Ya la he visto! ¿Seguro? Yo no veo nada’. Los grupos de turistas se arremolinan delante de la entrada principal de la Universidad buscando a la rana más famosa del país. Está situada encima de… Ah, no, no, ¡nada de pistas! Pero no os quedéis ahí. Merece la pena adentrarse en las estancias de la Universidad, observando el paso del tiempo y sintiéndose como esos privilegiados que pudieron compartir saber con Miguel de Unamuno. Tradición en estado puro. ¡Pelos como escarpias!

Una foto publicada por @daninstagramsvq el 27 de Ene de 2016 a la(s) 2:41 PST

¿Y si hacemos unas compras antes de comer?

Bien empapados de cultura salmantina, ha llegado el momento de darnos algún que otro capricho. Nos acercamos a la zona comercial, situada alrededor de la calle Toro, para perdernos entre tiendas y souvenirs. ‘Póngame uno de cada, que me lo llevo todo’. Vais a encontrar tanta oferta que no sabréis por dónde empezar. ¿Qué tal un poco de jamón de Guijuelo? El producto estrella de Salamanca tiene fama en el mundo entero. ¡Y no es para menos! El sabor, la calidad, el aroma, madre mía, ¡qué hambre! Seguro que todos nuestros amigos, familiares, conocidos y compañeros de trabajo están esperando que les llevemos un bonito -y suculento- recuerdo de la ciudad. ¡Jamón para todos! Pero también aceite, quesos y la deliciosa carne de vaca morucha. Salamanca es un placer para los sentidos.

Como buenos Houdinis, es el momento de perderse durante un buen rato por el Mercado Central, dejándose embriagar por los productos autóctonos. ¡Ojalá haber llevado una maleta más grande para cargar con todo! No olvidéis un buen vino y un pedazo de hornazo, una contundente y típica empanada que nos alimentará para lo que nos queda de viaje. Y lo vamos a necesitar, que todavía tenemos mucho que patear. Con el estómago bailando de alegría, nada como dejarse caer por el Huerto de Calixto y Melibea, uno de los rincones más curiosos y delicados de la ciudad. -ideal para tomarse un respiro y pasar el crítico momento de la digestión-. También el Puente Romano o la Cueva de Salamanca, el lugar donde, aseguran, impartía clave el diablo. ¡Esta ciudad es una caja de sorpresas!

Una foto publicada por Marc Ancelle ⚪️ (@marcancelle) el 28 de Ago de 2016 a la(s) 6:23 PDT

‘No llores por mí, Salamanca’

Ya nos gustaría quedarnos a vivir, pero la escapada termina y tenemos que comenzar a elegir. Museos (imprescindible acercarse al Museo de Art Nouveau y Art Déco, Casa Lis y, entre otras cosas, alucinar de lo bonitas que son sus vidrieras), placenteras terrazas y, claro, también una oferta de actividades de turismo activo que harán las delicias de los más aventureros. ¿Cansados de tanto asfalto? Pues a pocos kilómetros del centro tenemos un abanico de posibilidades, desde senderismo a rutas en bicicleta, paseos a caballo o excursiones en globo o helicóptero. ¡Hasta en barco vamos a poder ir! Otra forma distinta de admirar la belleza de una de las ciudades con más tradición del país. Para que luego digan que no tenemos alternativas para todos los gustos. Y si no somos mucho de bota de montaña, también podemos visitar los muchos museos de que dispone o reservar mesa en el restaurante de Víctor Gutiérrez, galardonado con una estrella Michelin.

Con la lagrimita cayendo, nos despedimos de Salamanca jurando que vamos a volver. ¡Nos queda tanto por ver! Pocos destinos ofrecen una combinación mejor de tradición, ocio, cultura y diversión. Ideal para organizar una escapada en pleno otoño. ¿Os hemos convencido? ¡Bien! ¡Otro éxito para los houdinis!

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Bloguer con solera. Profesional de la palabra. Vedette del freelancismo. Inventor de la confusión. Me gano la vida escribiendo y gestionando mi imperio. Es duro, pero merece la pena.