Cómo romper con la rutina antes del próximo verano

Marta Lizcano 4 minutos
La llegada de septiembre supone el fin de las vacaciones y la vuelta a la rutina para mucha gente. Los últimos días antes de reincorporarse al curro pasan a cámara rápida y con música de dibujos animados. Pero no todo está perdido.
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Concebollistas y sincebollistas, nikonistas y canonistas, de ebook o de libro en papel, de Cola Cao o de Nesquik… al ser humano le encanta sacar dilemas de donde no los hay. Pero si hay algo que diferencia a las personas es, sin duda, el momento en el que creen que empieza el año. Eso sí: da igual que seas de septiembre o de enero, el fin del verano asusta. Sin embargo, cada estación tiene sus cosas buenas y estoy dispuesta a demostrarlo.

Así que ahora que el calor se va disipando y las Perseidas han dejado paso a las estrellas que brillan en el techo de tu habitación, nos tenemos que aferrar a un clavo ardiendo y pensar que, maldita sea, el otoño también puede ser una época maravillosa.

La planificación es tu amiga

Aunque sé disfrutar de la tranquilidad y de no hacer nada, la inactividad me da un poco de alergia.

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De hecho, siempre me ha generado una cierta inquietud la gente que dice que se aburre. ¿Aburrimiento? ¿Qué es eso, un Pokémon? La verdad es que mi frustración es, precisamente, no tener tiempo para explotar todas las aficiones que se agolpan en mi cabezota.

Pero si hay algo peor que no tener tiempo es caer en la inercia. La pereza te invade y caes sin remedio en “El día de la marmota”. Mi herramienta esencial para combatir esto son las listas. Encuentro una inexplicable satisfacción en marcar con un tick las cosas que ya he hecho y añadir elementos nuevos. Llámame rara.

Te propongo elegir 12 actividades y asignarle un mes a cada una. Si no se te ocurre nada, aquí van algunas sugerencias.

El otoño existe

El otoño es como el color blanco de los Plastidecor, el garbanzo de las mezclas de frutos secos, la fruta fea del supermercado. Pero yo creo que solo hay que encontrarle los puntos fuertes, que haberlos haylos.

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Por ejemplo, en esta estación el agua del mar conserva aún el calor del verano, así que es una época perfecta para bucear y sacar la Sirenita que llevas dentro. Puedes decantarte por conseguir la certificación, o simplemente probar con un bautismo. Tranqui, no tendrás que apostatar si no te convence la experiencia.

Durante estos meses, los árboles empiezan a cambiar de color y los bosques se ponen preciosos. Perfecto para ir al campo, recoger hojas caídas, identificarlas y preparar un cuaderno bonito con los diferentes ejemplares. También hay un montón de actividades que puedes hacer en la naturaleza, como circuitos de aventura o echar una partida de paintball.

Aunque he renunciado a cumplir mi lista de propósitos, tengo pensado acabar el año haciéndome un curso de programación. Siempre me ha apetecido saber cómo funcionan por debajo las herramientas a las que estamos enganchados diariamente y, reconozcámoslo, un selfie con una ristra de código de fondo le da un toque de distinción al Instagram de una. ¿Quién dijo friki?

Invierno al calor del hogar

Llega el fin de semana y solo quieres abrazar a tu gato, tirarte en el sofá y ver pelis malas. Ah, no, que esa soy yo… pero bueno, me entiendes. Lo malo es que llega el domingo y descubres con horror que ni has descansado, ni has desconectado. Especialmente en invierno, que tendemos a pasar mucho más tiempo en casa. Y eso que en España solemos querer pisar calle aunque nos asomemos por la ventana y veamos allí fuera un paisaje posnuclear. Pero los planes hogareños no tienen por qué ser un muermo, palabrita.

Para disfrutar de tu piso, puedes organizar allí un “intercambio de saberes” con tus colegas. Igual tú sabes hacer pan. El pan le gusta a todo el mundo. Vale para cualquier comida. Hay miles de variantes. Huele bien. Es fácil de hacer. El pan es tu amigo. Quien dice pan, dice galletas o bizcocho. Si otro sabe tejer y la de más allá fabrica jabón en su tiempo libre… ya tenéis montado un taller cojonudo. Eso sí, mantén alejado al gato del ovillo de lana. Créeme, no es un mito.

Estas actividades tienen el añadido de que te harán ahorrar algo de dinero, te permiten hacer unos regalos fantásticos por Navidad y te alegrarán la cuesta de enero. De nada.

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Si te van las manualidades pero no te caíste precisamente en una marmita de creatividad de peque, combate los últimos coletazos del invierno montando un Lego, una maqueta o un puzle que tengas por casa. ¿O soy solo yo? Otra opción molona es organizar un club de lectura: os ponéis de acuerdo en un libro, lo leéis y quedáis un día para intercambiar impresiones. ¡También se aceptan películas!

Primavera: la hermana simpática del verano

El frío y la lluvia empiezan a dejar paso al solete y a mí me da una pena tremenda, que para eso soy del norte, pero ya sé que a la gente esto le hace mucha ilusión. No os juzgo.

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Sin embargo, el verano pasado es ahora un recuerdo lejano y empiezas a necesitar un respiro como agua de mayo. Y en realidad estás hasta las narices del agua de mayo, a ver si deja de llover de una vez.

Mi propuesta para esta estación es que te dejes sorprender. En medio del bullicio floral, lanza esta propuesta: cada fin de semana, una persona del grupo tendrá que decidir un plan diferente, algo que no hayáis hecho antes. Por ejemplo, conocer los pueblos de tu zona. Recuerda que en todos lados cuecen habas, pero para bien. Si tu imaginación está aún en plena hibernación, recuerda que Internet está ahí para echarte un cable y que siempre hay un houdini cerca de ti.

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©Marta Lizcano

Y con esto y un bizcocho —casero, de esos que has aprendido a hacer en invierno— nos plantamos otra vez en la época estival. Y, de repente, no tienes tantas ganas de que llegue noche de San Juan. Te doy la bienvenida al club de los amantes de la rutina. Y que le den al verano.