En un mundo sin recuerdos, un sótano es el lugar escogido por Carlota para recomponer su memoria y dar sentido a un puñado de reminiscencias aisladas y confusas.
En un mundo sin recuerdos, un sótano abandonado es el lugar escogido por Carlota para recomponer su memoria y dar sentido a un puñado de reminiscencias aisladas y confusas. Para ello se ayuda de viejos carteles, fotografías, discos antiguos y unos chicles que misteriosamente le ayudan a recordar.
Allí se reúne con Cristina, una joven víctima de la amnesia generalizada, a la que, poco a poco, convence de que eran amigas tiempo atrás. Juntas inician el proceso de reconstrucción de recuerdos mientras que en el exterior la gente vive sin referencias del pasado y controlada por unos vigilantes llamados “tubos”.
Poco después, aparece Hans, una persona que aparentemente no ha perdido la memoria, y que se une a ellas. Con su ayuda empezarán a enfrentarse a la situación opresiva que están viviendo.
De esta forma, el sótano se convierte en el lugar ideal para organizar pequeños sabotajes contra un poder que prohíbe la nostalgia y les obliga a escuchar ruidos de máquinas y tuberías.