Se respira expectación. La gente se hace fotos en el photocall saltando a lo Billy Elliot. Yo también lo intento. La foto sale movida. Da igual. Lo intento otra vez y nada. No hay manera. Al final me hago una foto como el resto de los mortales posando con mi mejor sonrisa. ¿A quién quiero engañar? Yo no sé bailar. Busco mi butaca y una voz anuncia que: por favor, apaguen los móviles, que la obra está a punto de comenzar. Se hace un silencio atronador. Se abre el telón y comienza la función.

Billy Elliot Madrid
Créditos: Rodrigo Merluzo

Dos horas y media después, estoy de pie aplaudiendo como un poseso, con los ojos vidriosos y un nudo en la garganta. Si tuviera que definir este intervalo de tiempo en una sola palabra sería: E M O C I Ó N.  

Yo no soy muy de musicales pero…

Sí, yo tampoco soy muy de musicales. Pero cuando algo te emociona, hay que reconocerlo. Se dice y no pasa nada. Yo suelo aguantarme las lágrimas en un vago intento de parecer un machote (en la forma más primitiva de la palabra) y esta vez me ha costado más de lo normal. La historia del pequeño Billy tiene algo que me conmueve. No sé si es el conflicto paterno-filial, la lucha por los derechos sociales o simplemente, el hecho de observar cómo un chiquillo con tesón, talento y la ayuda adecuada puede florecer en un entorno gris. Pero si además del libreto, le sumas una coreografía espectacular, actorazos de la talla de Carlos Hipólito y Natalia Millán, música de Elton John y una escenografía impresionante pues… yo no soy muy de musicales pero casi me da el síndrome de Stendhal y me caigo de culo ante tanto prodigio.

Billy Elliot Madrid
Créditos: Billy Elliot, El Musical

Los pequeños ‘Billies’

Acabo de mencionar a varios actores, hay muchos más, todos maravillosos. Pero esta vez, el protagonismo hay que dárselo a los más pequeños. ¡¿Pero de dónde han sacado a estos chicos?! ¡Qué manera de bailar! Me quedo corto diciendo que estos chavales iluminan el escenario con un arte y desparpajo fuera de lo normal, dando lugar a los momentos más divertidos de la obra. Doble mérito para ellos, ya que imagino que tendrán que compatibilizar los exigentes ensayos con su formación escolar y la vida personal. Sin duda, Billy Elliot será una gran escuela y el principio de una gran carrera para muchos de ellos.

Billy Elliot Madrid
Créditos: Billy Elliot, El Musical

La música es lo más

Supongo que es inevitable hacer la comparación del musical con la película. A título personal, la mayor diferencia la encuentro en la música. ¡Ojo! Diferente en el mejor sentido de la palabra. ¿No es esa la grandeza de una obra? La multitud de formas que puede adoptar una misma creación artística. Yo tengo la película encadenada sin remedio a su banda sonora, en especial al Cosmic Dancer de T-Rex. En el caso del musical, la banda sonora está compuesta íntegramente por Elton John.

Resulta que el bueno de Elton vio la película en el cine y salió profundamente conmovido, ya que había empatizado mucho con la vida del pequeño Billy. Tras varias conversaciones con el director y el guionista de la película, sugirió que Billy Elliot podría convertirse en un musical y que él mismo compondría la música. Y voilá, aquí estamos…

Billy Elliot Madrid
Créditos: Rodrigo Merluzo

Una puesta en escena brutal

Llevaba mucho tiempo esperando ver algo así en Madrid. Algo grande. Una escenografía y un juego de luces que me dejara sin palabras. Y al fin, aquí está. Trasladar un entorno real a las tablas de un escenario nunca es tarea fácil. Pero en este caso, esta labor va un paso más allá, contando con varios artilugios para escenificar dos espacios o más a la vez, mientras los actores se mueven por el decorado como peces en el agua. Todo esto combinado con un mezcla de fantasía y gamberrismo da como resultado algo espectacular, muy loco y lleno de imaginación. No puedo contar nada más al respecto. Mis labios están sellados. No quiero ser un Spoiler de la escenografía.

Billy Elliot Madrid
Créditos: Billy Elliot, El Musical

¡Quiero ser Billy Elliot!

Después de bajar el telón y aplaudir como un loco, toda la marabunta de gente vamos saliendo pacíficamente del Nuevo Teatro Alcalá. Pero algo dentro de mí ha cambiado, y no es que ahora sea más sensible que antes por haberme emocionado (casi-llorado) viendo la obra; sino porque ahora siento electricidad por todo mi cuerpo y unas ganas enormes de bailar. Delante del teatro, rodeado de extraños y como poseído por una fuerza superior consigo pegar el salto que quería dar antes y consigo congelar ese momento. ¡Toma! Ya tengo mi foto haciendo el canelo. A Instagram que vas, #YoYaHeVistoBillyElliot, ahí, haciendo el canelo, pero también dando envidia. Postureo fuerte.

Ojalá pudiera transmitir con mayor fidelidad todo lo que sentí al ver Billy Elliot, El Musical. Pero eso, además de ser imposible, sería una pena. Porque lo suyo es que vayas a verla y sientas lo que yo sentí, pero en tus propias carnes. ¡Ah! Y una cosa más. Debido a su particular puesta en escena, sólo podrá disfrutarse en Madrid. Según parece, no hay posibilidad de una gira. Así que… ¡Estás tardando!

Se respira expectación. La gente se hace fotos en el photocall saltando a lo Billy Elliot. Yo también lo intento. La foto sale movida. Da igual. Lo intento otra vez y nada. No hay manera. Al final me hago una foto como el resto de los mortales posando con mi mejor sonrisa. ¿A quién quiero engañar? Yo no sé bailar. Busco mi butaca y una voz anuncia que: por favor, apaguen los móviles, que la obra está a punto de comenzar. Se hace un silencio atronador. Se abre el telón y comienza la función.

Billy Elliot Madrid
Créditos: Rodrigo Merluzo

Dos horas y media después, estoy de pie aplaudiendo como un poseso, con los ojos vidriosos y un nudo en la garganta. Si tuviera que definir este intervalo de tiempo en una sola palabra sería: E M O C I Ó N.  

Yo no soy muy de musicales pero…

Sí, yo tampoco soy muy de musicales. Pero cuando algo te emociona, hay que reconocerlo. Se dice y no pasa nada. Yo suelo aguantarme las lágrimas en un vago intento de parecer un machote (en la forma más primitiva de la palabra) y esta vez me ha costado más de lo normal. La historia del pequeño Billy tiene algo que me conmueve. No sé si es el conflicto paterno-filial, la lucha por los derechos sociales o simplemente, el hecho de observar cómo un chiquillo con tesón, talento y la ayuda adecuada puede florecer en un entorno gris. Pero si además del libreto, le sumas una coreografía espectacular, actorazos de la talla de Carlos Hipólito y Natalia Millán, música de Elton John y una escenografía impresionante pues… yo no soy muy de musicales pero casi me da el síndrome de Stendhal y me caigo de culo ante tanto prodigio.

Billy Elliot Madrid
Créditos: Billy Elliot, El Musical

Los pequeños ‘Billies’

Acabo de mencionar a varios actores, hay muchos más, todos maravillosos. Pero esta vez, el protagonismo hay que dárselo a los más pequeños. ¡¿Pero de dónde han sacado a estos chicos?! ¡Qué manera de bailar! Me quedo corto diciendo que estos chavales iluminan el escenario con un arte y desparpajo fuera de lo normal, dando lugar a los momentos más divertidos de la obra. Doble mérito para ellos, ya que imagino que tendrán que compatibilizar los exigentes ensayos con su formación escolar y la vida personal. Sin duda, Billy Elliot será una gran escuela y el principio de una gran carrera para muchos de ellos.

Billy Elliot Madrid
Créditos: Billy Elliot, El Musical

La música es lo más

Supongo que es inevitable hacer la comparación del musical con la película. A título personal, la mayor diferencia la encuentro en la música. ¡Ojo! Diferente en el mejor sentido de la palabra. ¿No es esa la grandeza de una obra? La multitud de formas que puede adoptar una misma creación artística. Yo tengo la película encadenada sin remedio a su banda sonora, en especial al Cosmic Dancer de T-Rex. En el caso del musical, la banda sonora está compuesta íntegramente por Elton John.

Resulta que el bueno de Elton vio la película en el cine y salió profundamente conmovido, ya que había empatizado mucho con la vida del pequeño Billy. Tras varias conversaciones con el director y el guionista de la película, sugirió que Billy Elliot podría convertirse en un musical y que él mismo compondría la música. Y voilá, aquí estamos…

Billy Elliot Madrid
Créditos: Rodrigo Merluzo

Una puesta en escena brutal

Llevaba mucho tiempo esperando ver algo así en Madrid. Algo grande. Una escenografía y un juego de luces que me dejara sin palabras. Y al fin, aquí está. Trasladar un entorno real a las tablas de un escenario nunca es tarea fácil. Pero en este caso, esta labor va un paso más allá, contando con varios artilugios para escenificar dos espacios o más a la vez, mientras los actores se mueven por el decorado como peces en el agua. Todo esto combinado con un mezcla de fantasía y gamberrismo da como resultado algo espectacular, muy loco y lleno de imaginación. No puedo contar nada más al respecto. Mis labios están sellados. No quiero ser un Spoiler de la escenografía.

Billy Elliot Madrid
Créditos: Billy Elliot, El Musical

¡Quiero ser Billy Elliot!

Después de bajar el telón y aplaudir como un loco, toda la marabunta de gente vamos saliendo pacíficamente del Nuevo Teatro Alcalá. Pero algo dentro de mí ha cambiado, y no es que ahora sea más sensible que antes por haberme emocionado (casi-llorado) viendo la obra; sino porque ahora siento electricidad por todo mi cuerpo y unas ganas enormes de bailar. Delante del teatro, rodeado de extraños y como poseído por una fuerza superior consigo pegar el salto que quería dar antes y consigo congelar ese momento. ¡Toma! Ya tengo mi foto haciendo el canelo. A Instagram que vas, #YoYaHeVistoBillyElliot, ahí, haciendo el canelo, pero también dando envidia. Postureo fuerte.

Ojalá pudiera transmitir con mayor fidelidad todo lo que sentí al ver Billy Elliot, El Musical. Pero eso, además de ser imposible, sería una pena. Porque lo suyo es que vayas a verla y sientas lo que yo sentí, pero en tus propias carnes. ¡Ah! Y una cosa más. Debido a su particular puesta en escena, sólo podrá disfrutarse en Madrid. Según parece, no hay posibilidad de una gira. Así que… ¡Estás tardando!

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Lo que más me gusta del siglo XXI es que todavía seguimos usando un palo metálico que pone El Siguiente para distinguir nuestra compra de la de los demás en el supermercado.