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octubre 2019

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Situada sobre la colina de Anfa, Casablanca ha sabido resurgir de sus cenizas, llegando a convertirse en el primer puerto del Norte de África, motor de la economía y símbolo de la modernidad de Marruecos. "Casa", como es conocida cariñosamente, se va perfilando cada año como uno de los destinos más atractivos del país, pues resulta ser una ciudad moderna con un rico patrimonio histórico. Y es que de solo nombrarla evoca una miríada de emociones; una encrucijada de civilizaciones que ha marcado para siempre su identidad, un pueblo sensible al arte y a la espiritualidad, y en definitiva, un lugar rodeado de un halo de misterio al que muchos vienen para encontrarse.
Resulta fácil remontar el curso de la historia de Casablanca con un simple recorrido por sus distintos barrios. A principios del siglo 20, la ciudad laboratorio se hace eco de sus grandes hazañas arquitectónicas inspiradas en el art déco de la época, como la Plaza de las Naciones o la Plaza de Mohammed V, en el centro.
Si quieres descansar, cerca encontrarás el parque de la Liga Árabe, donde los residentes suelen pasear en familia y disfrutan de la naturaleza.
Más al norte te aguardan miles de sorpresas en la antigua medina. Sin contar su polvorienta decoración, esta se destaca sobre todo por la vida que cobra su gente y las plazoletas que se esconden entre sus calles. Aquí encontrarás la Gran Mezquita y el mausoleo de la Kouba Sidi Bou Smara.
En un promontorio y con inmejorables vistas sobre el Atlántico, la Mezquita del Gran Hassan II hace gala del minarete de ladrillos más alto del mundo. La titánica construcción, de estilo arabo-andaluz, puede acoger hasta 25 mil fieles y es uno de los pocos edificios islámicos abiertos a los no musulmanes. Sólo los fieles tienen acceso a la plataforma de vidrio sobre la cual pueden rezar directamente sobre el mar, convirtiéndola así en uno de los espacios religiosos más especiales del mundo.
Acto seguido, dirígete a la zona balnearia de Casablanca. El bulevar de la Corniche es el paseo marítimo que bordea playas, piscinas, cafés, hoteles, restaurantes y bares. Día sí día también, en familia o entre amigos, residentes y turistas salen aquí a tomar el aire y a distraerse. A un extremo está el faro El Hank y al otro, el parque Sinbad con su zoológico y atracciones.
Entre arquitectura marroquí y urbanismo moderno, el distrito de Habous llama la atención de los visitantes por su nueva medina, idealizada y proyectada por los franceses durante la década de 1930 para intentar solventar la falta de viviendas.


Desde el Aeropuerto Internacional Mohammed V, que está a 30 kilómetros al sur de la ciudad, se puede tomar el servicio de tren o de autobús hasta el centro de Casablanca.

Los autobuses son muy baratos y seguros, aunque en horas punta el servicio se colapsa y se vuelve un poco caótico. Los taxis son de color rojo y muy baratos. Por la noche, se aplica un recargo de 50% de la tarifa. El taxi compartido, además de poco costoso es un medio fiable para hacer excursiones fuera de la ciudad.

Aunque respecto a otras ciudades de Marruecos los precios son un poco más altos, las opciones de compras en Casablanca son prácticamente ilimitadas, desde librerías de arte, tiendas de prêt-à-porter y cosméticas, pasando por artesanía, telares y antigüedades, hasta casas relojeras y joyerías de lujo.

Aparte de las dos medinas donde encontrarás los objetos más tradicionales y donde podrás regatear los precios, el barrio de Maarif cuenta con tiendas de moda de las conocidas cadenas europeas y americanas.

El Mercado Central se encuentra en el bulevar Mohammed V. El local es pequeño pero ofrece versiones de alta calidad de los objetos que se ven en los zocos tradicionales. Aquí encontrarás todo tipo de productos de alimentación y de artesanía.

En la nueva medina, los comerciantes no son tan insistentes a la hora de regatear y los precios son mucho más uniformes.

Detrás de cada plato hay una historia, y compartir este momento es la base sobre la cual se fundamenta la sociedad marroquí.

El cuscús, elaborado a base de sémola de trigo, carne o pescados y verduras, es el plato por excelencia. El toque exótico lo imprime la harissa.

La pastilla así como el tajín son otros de los famosos platos que suelen seguir un método de preparación tradicional.

Si te apetece comer comida rápida en la calle busca siempre los sitios donde haya más gente, es una apuesta segura de que los productos son los más frescos.

El , considerado como una bebida de cortesía, está muy arraigado en la cultura árabe, tanto que si rechazas una invitación a tomar té, podrías estar ofendiendo a un marroquí.

Marruecos es un país frío de sol abrasador. El clima es muy contrastado según las regiones. El porcentaje de humedad media de Casablanca es de un 60%, lo que supone un descenso considerable de la temperatura al caer el sol, ya sea en invierno o en verano. Se agradecen los abrigos durante los meses de noviembre a marzo, e incluso alguna ropa más ligera para el frío durante las noches estivales.

No hay vacunas obligatorias pero se recomienda prevenirse de las hepatitis A y B, de la fiebre tifoidea y del tétanos-difteria.

Los idiomas oficiales son el árabe y el francés, aunque todas las personas relacionadas con el turismo hablan un poco de español, inglés o incluso alemán.

La mayor parte de lo que hay que ver se encuentra al norte de la ciudad. No obstante, no es aconsejable deambular por la noche en el centro de Casablanca sobre todo en la zona de la antigua medina y sin compañía.

De aspecto moderno gracias a un nuevo trazado de la ciudad, hoy Casablanca goza de una posición inmejorable respecto a otras ciudades marroquíes en cuanto a negocios y turismo se refiere. Entre las joyas art déco que podemos encontrar en el casco antiguo y la fastuosidad de sus edificios religiosos, lo que causa mejor impresión es sin duda su gente.

Monumental y generosa

Famosa gracias a Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, esta perla de Marruecos ha sabido equilibrar tradición y modernidad allá donde menos lo esperas. ¡Ver para creer!

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