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Dortmund 1

La historia se detiene en Dortmund. Desgraciada protagonista en la Guerra de los Treinta Años, esta ciudad alemana situada en la región industrial del Ruhr es hoy una ciudad pujante... ¡y limpia! Se ha ganado el apodo de pulmón verde de Westfalia y no es para menos: casi la mitad de su superficie está plagada de bosques urbanos como Westfalenpark o Rombergpark, que es el jardín botánico de la ciudad. ¡Tanto uno como otro cuentan con lagos y cursos de agua que hacen las delicias de toda pareja romántica! Aunque los paseos a la orilla del río Emscher también adquieren otra dimensión. Este pequeño curso fluvial, además, ha sido generoso con la ciudad, ya que le regala el mayor puerto de canal de toda Europa.


Tus paseos por Dortmund tendrán la banda sonora de la Dortmunder Philarmoniker, la orquesta de la ciudad. ¡Y es que en Dortmund las artes escénicas han encontrado su refugio en lugares como la Konzerthaus(casa de conciertos)! La ciudad también cuenta con casa de la ópera (Opernhaus) desde principios del siglo XX, aunque fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial y tardó más de veinte años en ser reabierta tras ser reducida a escombros en el crudo conflicto bélico. Pero miremos al futuro, y para ello no tenemos más que fijarnos en las tendencias artísticas contemporáneas que se dan cita en el Ostwall Museum. Por su parte, el Dortmund U-Tower es el epicentro de todas las industrias creativas. Antaño este lugar era una fábrica de cervezas de estilo Dortmunder. ¡Fíjate si debe estar rica esta cerveza que dio lugar al nombre actual de la ciudad! No cabe duda de ello: esta cotizada bebida dorada generó una gran actividad comercial e industrial. ¡Tanta que Dortmund es la mayor productora cervecera de Alemania! Desde su puerto la afamada Dortmunder llega a todo el mundo. Aunque una parte de ella también se queda en casa para consumo de lugareños y visitantes.


¡Desde luego, esta bebida sabe mejor si visitas el museo de fabricación de cerveza! Rincón idóneo para los curiosos que quieran saciar su sed de conocimientos acerca de su elaboración. No obstante, para conocer en su totalidad la pujanza industrial de la ciudad es indispensable que hagas una visita a las minas Zollem, a la fábrica de coque Ganza... ¡y cómo no, al Museo Industrial! Tras las visitas culturales, puedes catar (de nuevo) una refrescante cerveza en un bar 100% alemán. O entrar en un restaurante del centro de la ciudad para probar deliciosos manjares como el Panhas (un paté elaborado con carne de cerdo) o un Hasenpfeffer (un ragú de carne de liebre bañado en su propia sangre). Esta cata bien puede servir como preludio de un exhaustivo paseo por las calles de la ciudad vieja, compuesta por barrios que datan de los siglos XVIII y XIX. La catedral del Pastor, la iglesia de San Ewald y la iglesia de San Pedro son algunos de los monumentos más destacados del Dortmund más vetusto (y más bello). Otra buena opción que debes contemplar una vez necesites dar descanso a tus pies es subirte al piso de arriba de los autobuses de dos pisos: desde allí obtendrás unas fantásticas vistas de la ciudad que no podrías obtener de otro modo. Pero si te van más las cercanías al suelo firme, la extensa red de tranvías te transporta a cualquier punto de la ciudad: desde el Mercado Viejo hasta el Signal Iduna Park, donde juega como local el afamado Borussia Dortmund.


Hablando de transporte, llegar a Dortmund es muy fácil. ¡Una ciudad como esta, con más de medio millón de habitantes, tiene que tener un aeropuerto bien conectado! Puedes elegir tu punto de partida desde España: Barcelona, Palma de Mallorca, Gran Canaria, Fuerteventura... Y una vez aterrices, coges un autobús... ¡y en 25 minutos ya estarás listo para patearte sus calles! Y si esto no te basta, en una hora escasa en tren desde el centro de Dortmund tienes el Aeropuerto Internacional de Düsseldorf, el tercero con más tráfico de pasajeros de Alemania y que da servicio a la macrociudad que forman las localidades del Ruhr. Cualquiera de los dos es una buena manera de llegar a esta ciudad moderna, bulliciosa con motivo de su mercado navideño y más relajada en sus veranos suaves. Eso sí, vayas cuando vayas encontrarás una variada oferta hotelera. Dortmund, una ciudad donde lo amargo de su cerveza y lo antiguo de su centro histórico se transforman en un placer para los sentidos.