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Panorámica de Dubrovnik

En la región croata de Dalmacia, entre altas paredes de piedra, se esconde un pequeño gran tesoro. Sus primeros pobladores la llamaban Ragusa, aunque con el tiempo eslavizó su nombre en referencia a los mestos robles que crecían en la circundante montaña de San Sergio. Dubrovnik es la "Perla del Adriático", un "paraíso en la Tierra", como dijo en su día George Bernard Shaw. En las empedradas calles de su vetusto Patrimonio de la Humanidad se respira elegancia e historia. Ciudad libre durante varios siglos, la antigua Ragusa era un puerto de parada obligatoria para las mercaderías del Adriático. ¡Normal que los pueblos circundantes la tantearan! Bizantinos, venecianos, austríacos y otomanos ejercieron en algún momento su control sobre ella. Todo ello a pesar de los terremotos que la sacudieron. Y a pesar de los intentos de la moribunda Yugoslavia de no dejarla escapar bajo las alas de una Croacia que quería volar sola.


Recorrerse las murallas que abrazan al casco histórico (StariGrad), bordeando sus casi 2 kilómetros de perímetro con sus 16 torres, es una buena manera de empezar a hacerse una idea de la blancura de esta perla. Desde la Torre Minceta otearás el vetusto horizonte urbano de Dubrovnik. ¡Aunque nada mejor que adentrarse en ella por alguna de sus dos puertas de acceso! La soledad de los guardianes puede ser muy aburrida. Por eso, la Puerta de Pile, construida en los estertores de la Edad Media, está acompañada del Convento de Santa Clara y de la Fuente de Onofrio, que con sus 16 aberturas todavía riega las gargantas de propios y extraños. ¡Ah! No nos olvidemos del Convento Franciscano, otro bello compañero de tiempos muertos que cuenta con una farmacia abierta en 1391. ¿En aquella época se habían inventado ya las farmacias? Mientras vas pensando en ello, tómate un respiro recorriéndote la Placa o Stradun, eje principal de Ragusa y vía peatonal donde se sigue respirando un aire bohemio y aristócrata. Lo irás notando a medida que la vayas atravesando entre sus bellos edificios y palacetes. En sus bajos abren sus puertas multitud de encantadoras tiendas de recuerdo, además de elegantes restaurantes que ponen de manifiesto el carácter mediterráneo de sus cocinas combinado con su mezcla de culturas. ¡En ningún sitio pueden saber mejor que aquí una bouzara (que es un suculento guiso de cigalas del Adriático)! Dubrovnik es un sitio de buen comer, así que te costará decidirte por uno de los platos de la carta.


Al final de la Placa, el archivo del Palacio Sponza guarda para ti toda la información para que entiendas la grandeza de la antigua República de Ragusa. Cuando salgas, mirarás con otros ojos la Catedral de Velika Gospa, monumento de referencia en los tiempos de Dubrovnik como ciudad libre que no logró aguantar las embestidas de la tierra. Menos mal que un italiano, un tal Gropelli, se encargó de diseñar su reconstrucción para que sigamos percibiendo sus bellas formas sin tener que hacernos un croquis en la cabeza. Antes habrás pasado por el elegante Palacio de los Rectores. Las paredes de este edificio de estilo barroco seguro que guardan algún secreto sobre las decisiones que tomó en su día el gobierno de la República. Allí está ahora el Museo de Dubrovnik. No muy lejos, la animada Plaza Luza está custodiada por la flamante Iglesia de San Blas, nacida más o menos al mismo tiempo que la catedral en su segunda vida. Enfrente a la iglesia, el ayuntamiento, lugar por excelencia de la toma de decisiones, y la torre del reloj, que marca los tiempos de paseo de los maravillados turistas. Este es un momento oportuno para darse una vuelta por el pequeño mercado de la Plaza Gunduliceva, dedicada al célebre poeta local Gundulic. A partir de ahí, el laberinto con suelo de piedra caliza te invita a que te pierdas. Encontrarás otros pequeños tesoros como la Iglesia de San Ignacio, el Museo Zitnica Rube o el Museo Ronald Brown, que cuenta las desgracias que sufrió la ciudad en un tiempo no tan lejano. Poco a poco te irás acercando al puerto que vio florecer a la primitiva Ragusa, donde se levanta la imperiosa Iglesia de San Juan (Sveti Ivan) pegadita al Museo Marítimo. ¿Dónde mejor si no se podría explicar la historia marítima de la ciudad? ¡Cada ragusano tenía que plantar cien cipreses a lo largo de su vida para tener madera suficiente que sirviera para la construcción de los barcos! En Dubrovnik la navegación ha sido siempre un arte.


Lánzate a explorar la Dubrovnik de extramuros saliendo por la otra puerta de la ciudad, la Puerta de Ploce. No sin antes, claro está, echarle un ojo al Monasterio de los Dominicos. A partir de aquí, descubrirás una moderna ciudad en torno al barrio de Ploce que, entre sus moderneces, conserva elementos del pasado como la Fortaleza de Revelin, fiel vigilante de los barcos que entraban y salían de la ciudad. No obstante, ahora únicamente se dedica a ver pasar las nubes... Y los turistas que se dirigen hacia la empedrada Gradska Plaza, la principal playa de la ciudad. ¡Fíjate si en Dubrovnik gusta la piedra que hasta la usan para acariciar al Adriático! Puedes divisar todo el panorama a vista de pájaro desde el funicular que trepa hacia la montaña. Ten en cuenta que desde la fortaleza de Lovrijenac no te van a hacer falta los prismáticos para ver la antigua Ragusa y su bahía. Una bahía donde emerge de la tierra la apacible isla de Lokrum, un pequeño universo de vida natural con un jardín botánico, una playa nudista y las ruinas de un monasterio. ¡No te conformes con verla a lo lejos! Desde el antiguo puerto puedes coger un taxi boat, que no desprende un aire tan lujoso como el casco histórico de la ciudad, pero es efectivo.


El viejo puerto se ha quedado para estos viajes y poco más. El trasiego de transporte marítimo y terrestre se ha trasladado hacia la zona de Gruz, antigua meca de veraneo de la ostentosa nobleza local y actual meca multicultural, con mucha población procedente de la vecina Herzegovina. Es una de las principales zonas hoteleras de Dubrovnik. Aunque nada más cómodo que hospedarse en alguno de los encantadores alojamientos de la zona de Placa. Es el mejor modo de conocer por ti mismo la marcha nocturna que tiene esta vía y la paralela calle Prijeco. Especialmente en verano, cuando tiene lugar el Festival de Verano de Dubrovnik, que intensifica más si cabe el ambiente cultural y artístico que rodea a la ciudad.


El aeropuerto de Dubrovnik, conectado estacionalmente con Madrid, Barcelona y Bilbao, está a unos 22 kilómetros de la Placa. Si se te hace mucho, por el camino puedes hacer una parada en el histórico pueblo de Cavtat, un romántico lugar que vive por y para el mar... ¡y que ya fundaron los griegos en el siglo IV a. C.! Entre las suaves mareas del Adriático hay infinidad de motivos para visitar la zona: la histórica ciudad de Split construida dentro de un palacio, las envidiables Islas Elaphiti, la encantadora isla de Korcula que entre viñedos vio nacer a Marco Polo... o Mostar, una ciudad Patrimonio de la Humanidad en plena Herzegovina. Eso sí, luego no te olvides de dirigirte hacia Dubrovnik, la "Atenas de Dalmacia". Una perla con un carácter singular y distinguido.

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