Consigue tu vuelo+hotel y conoce Faro

Playa 1

Tan pequeña como cosmopolita, siempre acogedora y tranquila, la encantadora ciudad de Faro corona la radiante región del Algarve. Sus costas están llenas de arenales infinitos que se entregan al Atlántico, regalando al mundo hermosos paisajes dominados por la naturaleza en estado puro. Lejos de las multitudes que atraen a miles de europeos hacia el Algarve, Faro se mantiene serena y siempre bella para aquellos que quieren alternar sus descansos encima de una toalla con paseos urbanos entre callejuelas adoquinadas y edificios decorados con los característicos azulejos portugueses. ¿No me digas que no es encantador?


La mejor manera de conocer Faro es... ¡pateándotela! Por ejemplo, puedes empezar por la zona de la marina, una lujosa área donde los barcos deportivos encuentran su lugar de reposo y donde abre sus puertas el Museu Marítimo Almirante Ramalho Ortigão, especializado en las dificultosas artes del mar. Junto a la Igreja da Misericórdia y el Arco da Vila, puerta de entrada al Faro más vetusto, el jardín de Manuel Bivar decora de palmeras el paisaje urbano. De allí parten varias calles peatonales ideales para irse de shopping. 1º de Dezembro, Santo António, Praça da Liberdade... conforman la Baixa de Faro, una zona comercial con locales de artesanía al más fiel estilo del Algarve, además de tiendas de moda que seguramente te resultarán familiares. ¡Pero tranquilos todos! Si te agobian las boutiques, puedes dejar que la cultura se apodere de ti en el Museu Regional do Algarve. Sin embargo, una vez salgas a la calle, la actividad continúa a medida que te vas sumergiendo en las vías del casco antiguo o, como lo llaman los farenses y los universitarios, Vila-Adentro ("Villa Adentro"). ¡Te entrarán ganas de perderte por sus calles! Los bares y restaurantes de la zona, desde luego, ofrecen platos típicos para perder el sentido: el arroz de lingueirão, por ejemplo,fusiona en un solo plato los sabores propios de esta legumbre con el aroma y el frescor de las navajas de los mares atlánticos. Y el Don Rodrigo saca lo mejor de las yemas y las almendras para endulzar tu paladar. Claro que ya está el sabroso vino del Algarve para ponerle la nota amarga al manjar. ¡En el Algarve sí que saben comer!


Para bajar unas pocas calorías, otra ración de paseo. Al calor de las murallas que rodean la antigua ciudad de Al-Andalus, junto al Largo de Sam Francisco, se alza el imponente castillo que durante años ejerció el papel de soldado principal de la ciudad. También es verdad que durante el último siglo sus fines eran más industriales (en ella se elaboraba cerveza), pero por el camino no ha perdido ni un ápice de su belleza. Desde luego es uno de los monumentos más hermosos de Faro. Eso sí, el espejito mágico sigue pensando que la Catedral es la más bella de la ciudad. El Paço Episcopal, el Seminário Diocesano y la Câmara Municipal se encargan de resaltar los rasgos góticos de la .


Y por detrás de la catedral, la estatua de Afonso III vela por que nadie intente atacar a otro de los bellos príncipes de Faro: el Convento de Nossa Senhora da Assunção. Ahora el convento acoge el Museo Municipal de Faro, por lo que es lugar de visita obligada para los amantes de la arqueología. Pero no te preocupes: si eres más de ciencias, el moderno Centro de Ciência Viva es tu sitio, enclavado a la vera de la hermosa Laguna de Ria Formosa. Esta es una marisma salina situada entre la humanidad de Faro y las cálidas mareas del Atlántico. Un parque natural y criadero VIP de aves migratorias que hace más especial si cabe el Algarve. A lo largo de kilómetros y kilómetros, en la zona de Ria Formosa y protegidas por cordones de dunas, reposan algunas de las mejores playas del sur de Portugal. La Praia de Faro, a pesar de su condición de urbana, es un oasis de paz lejos de las multitudes de turistas. ¡Y muy cerca de la capital! Además, la Ilha da Culatra y la Ilha da Barreta esconden pequeñas joyas doradas a las que puedes acceder en barco. En esta última, a lo largo de diez kilómetros se encuentra la Praia Deserta. Bueno, desierta del todo no está, ya que a pie de playa abre sus puertas un aclamado restaurante ecológico.


Dentro de las no muy extensas medidas de Faro, como ves, se levantan amplios motivos de peso para visitarla. No podemos dejar de recomendarte que conozcas otro de los emblemas de la capital del Algarve: la Igreja de Nossa Senhora do Carmo, engalanada con oro traído de Brasil. A su lado reposa la Capela dos Ossos, un nido de tumbas construido con huesos y calaveras de más de mil monjes. ¡Siniestro! Aunque nunca está de más recordar que la vida son dos días... Por eso tienes que aprovechar tu estancia en Faro para conocer todos los encantos del Algarve, una región repleta de costas apacibles protegidas por imponentes acantilados. El pequeño pueblo de Estoi, muy cerca de Faro, esconde un palacio y unas ruinas romanas que han sido testigos de la historia del Algarve desde tiempos romanos. Montando en el romántico tren del Algarve puedes llegar a pequeñas ciudades como Loulé, que entre murallas medievales conserva uno de los carnavales más conocidos de Portugal; Tavira y Silves, ambas protegidas por avasalladores castillos que te sorprenderán; o Portimão, capital portuaria del Algarve y receptora de múltiples gentes de otros lares dispuestos a conocer esta encantadora región. También a tiro de piedra, la marcha diurna y sobre todo nocturna de Albufeira y Lagos, epicentros turísticos de masas con un montón de alternativas hosteleras y hoteleras.


Faro es una ciudad donde el tiempo se detiene y donde el silencio alcanza otra dimensión. Con una única excepción: el mes de julio, en el que tiene lugar la Concentración de Motos de Faro, un acto que se clausura con los rugidos de estos pequeños diablos sobre carretera. Esto no quita que el resto del año Faro no sea un paraíso al lado de casa, situado nada más cruzar el Guadiana y con un aeropuerto internacional. A pesar del trasiego de gente, Faro sabe contener a las masas para que se paren a contemplar su belleza mientras el fado pone la banda sonora al lugar más encantador del Algarve.