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Porto Cristo

De las aguas del antiguo Mare Nostrum emergió Mallorca, una isla que emana belleza a raudales por todos sus rincones. Los almendros en flor protagonizan un espectáculo sin igual en los meses de invierno, hasta que dan paso a una primavera y un verano en ebullición. ¡Todo el año es bueno para disfrutar de Mallorca! Sol, calorcito, paisajes variados y siempre preciosos... ¡En Mallorca no tienes tiempo a aburrirte!


Sus 3.640 kilómetros cuadrados la convierten en la más grande de las Islas Baleares. ¡Todo un mosaico de panorámicas que configuran el mejor álbum de fotos que puedas contemplar! Mar y montaña, actividad y calma, pueblo y ciudad... Su capital, Palma de Mallorca, nos regala en su parte antigua algunos de los rincones con más encanto de la isla, merecedores de una exhaustiva visita. La Catedral (o La Seu, como se denomina en catalán) ilumina la azul Bahía de Palma con sus hermosas formas góticas que durante mucho tiempo sirvieron junto con las murallas para proteger a la ciudad de los feroces ataques de pueblos invasores. ¡Que nadie ose destruir el monumento con el mayor rosetón gótico del mundo! Góticos son también la majestuosa Lonja (o Llotja) y, rodeando la ciudad, el imponente Castillo de Bellver, uno de los pocos de Europa con planta circular. No obstante, la capital mallorquina cuenta con numerosas casas señoriales que esconden bellos patios donde la arquitectura y la vegetación alcanzan su máxima expresión.


La combinación de arena y mar también adquiere múltiples formas a lo largo de los 550 kilómetros de costa de Mallorca. Extensas playas como la de Alcúdia o la de Muro son solo algunos de los innumerables ejemplos que podríamos ponerte. Algunas de ellas regalan paisajes espectaculares, como la cala de Sa Calobra, en la boca del torrente de Pareis, protegida por la escarpada Sierra de Tramuntana. ¡Sí, sierra! ¡Y es que en el oeste de la isla se llega a los mil metros de altitud! A medio camino entre cumbres y acantilados se levantan pequeños pueblos como Deià, bohemio y pintoresco donde los haya, con una cala a pocos kilómetros del casco urbano que a buen seguro ha servido de inspiración a más de un artista. ¡Si Joan Miró, Rubén Darío o Chopin la encontraron...! No muy lejos, Valldemossa es un balcón abierto al Mediterráneo, donde el dorado y el azul simbolizan la perfección y la armonía del cromatismo. Por su parte, la capital de la sierra, Sóller, es una pequeña ciudad que ha sabido conservar su encanto decimonónico gracias al vetusto tranvía que lleva a su puerto. ¡Romanticismo en estado puro! Estellencs, Esporles, Banyalbufar... Los motivos para visitar esta sierra son muchos. ¡Y las alternativas de senderismo y actividades al aire libre, todavía más!


Al norte, la reposada playa de Formentor marca el punto más septentrional de la isla. Se sitúa a pocos kilómetros de la antigua ciudad romana de Pollentia, uno de los principales enclaves mediterráneos en los tiempos de César Augusto. En sus proximidades se hallan Pollença y Alcúdia, dos maravillosas ciudades con el sabor mallorquín más genuino. Un lugar más que perfecto para catar un arròs brut, un trempó, una sobrasada... ¡O por supuesto, una archiconocida ensaimada de Mallorca! En la franja este se encuentran las llamadas Calas de Mallorca, un grupo de cuatro calas inmejorables para disfrutar de una Mallorca marítima casi virgen. Es una zona con reposados pueblos turísticos como Porto Cristo, que esconden pequeños tesoros de la naturaleza como las Coves del Drach, un conjunto de cuatro cuevas naturales que esconden un gran lago bajo tierra, el Llac Martel, que sirve de escenario inmejorable para conciertos de música clásica. Las Coves d'Artà son otro espectáculo sinfónico que la naturaleza nos ofrece al norte de la isla, cerca de la impresionante y recogida Cala Mesquida.


Si quieres actividad, buen ambiente y fiesta, ¡tienes que ir a la zona de Calvià! A los lados del inmenso paseo marítimo del municipio, Santa Ponça, Portals Nous, Palmanova y Magaluf cuentan con una variada oferta hotelera a pie de playa. Desde allí tienes fácil acceso a pueblos como Andratx, que han sabido conjugar el turismo con la tradición, o a la propia ciudad de Palma. ¡Una ciudad con infinidad de planes urbanos! Si quieres saciar tus inquietudes culturales, lugares como el Museu de Mallorca o el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Es Baluard te esperan con los brazos abiertos. La mejor música para tus oídos la pone la sibil·la, un canto navideño que se ha conservado en Mallorca desde la Edad Media. Si quieres shopping, la plaza Weyler, la calle Unió y la avenida de Jaume III dan paso a multitud de tiendas de moda. Y para cerrar bien el día, la zona de la Llotja o el barrio de Portixol cuentan con un montón de bares y discotecas abiertas hasta el amanecer. ¡Porque el día tiene 24 horas y hay que aprovecharlas todas al máximo! Por eso las fiestas abundan durante todo el año: San Sebastián, San Antonio Abad, Moros y Cristianos, la matanza del cerdo...


¿Todavía tienes dudas? ¡Mallorca es un destino que sin duda tienes que conocer! Apta para todos los públicos y para todos los gustos: personas tranquilas y reposadas, amantes de lo urbano y de lo natural... El aeropuerto de Palma, el tercero con más tráfico de España, es el mejor puente para llegar desde muchos puntos de España y de Europa. ¡Cómo no! ¡Si Mallorca es un seguro de sol!