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Mauricio

Entre las cálidas mareas del Océano Índico y rodeada de coloridos arrecifes de coral, emerge una pequeña isla volcánica llamada Mauricio. 2.000 kilómetros cuadrados que te reconcilian con la naturaleza. ¡Incluso se la conoce como "Isla Playa" y no es para menos! Sus playas perfectas, cubiertas por un manto dorado y flanqueadas por palmeras y cocoteros, se presentan como la mejor opción del planeta para desconectar de la rutina y el estrés. ¡Y qué decir de sus apacibles y calientes aguas turquesas! ¿Se te ocurren unos mares más impolutos que estos para darte un chapuzón? Aunque la amplia oferta hotelera de la isla ofrece sus propias playas, siempre puedes zambullirte en arenales como Le Morne, Belle Mare o la Isla de los Ciervos. Ya sea con el fin único de refrescarte entre sesión y sesión de bronceado o bien para descubrir el interesante mundo marino que se esconde tras las relucientes aguas de Mauricio. Puedes descubrirlo desde lo más profundo del Índico, buceando como un sirenito, o peinando las olas practicando windsurf, kitesurf o navegación a vela, por poner tres ejemplos. No obstante, existen tantas actividades acuáticas como visitantes a la isla. ¡Mauricio fomenta la libre imaginación!


Formadas tras haberle ganado un pulso al mar, las tierras de Mauricio también valen muchísimo la pena. ¡Te avisamos para que no te cojan de sorpresa excepcionales lugares como el Grand Bassin! Este es un antiguo cráter reconvertido a lago y visita imprescindible para todos los que aterrizan en el aeropuerto mauriciano para algo más que bucear y broncearse. Es incluso un lugar sagrado y de peregrinación para los locales, ya que según cuentan está conectado bajo tierra con el Ganges. Pero si hablamos de cráteres tenemos que mencionar Trou aux Cerfs, un volcán en constante hibernación para uso y disfrute de todos. Eso sí, ándate con cuidado, no vaya a ser que se despierte. A una altura máxima de 605 metros ha dejado crecer una espesa barba verde ideal para respirar aire fresco y practicar senderismo. Aunque para esto no existe mejor lugar que el Parque Nacional de Black River Gorges, que abre ante ti multitud de itinerarios diferentes para pasar un día prometedor de intensa actividad deportiva. ¡El encanto natural de Mauricio está aquí, congregado en más de 6.000 hectáreas de terreno! Y si llegas a lo más alto, hay premio: unas vistas excepcionales de toda la isla en las que podrás emular a un dodo, un pájaro extinto convertido en un símbolo de Mauricio.


Si bajas de nuevo a la civilización podrás tener una jornada dominical deportiva con alternativas más calmadas como el golf o las carreras de caballos (¡el segundo hipódromo más antiguo del mundo está aquí!). El resto de la semana podrás aprovechar tus paseos por la capital Port Louis para hacer unas compras en su animado Mercado Central, lleno de artículos de artesanía, ropa y complementos muy económicos (siempre y cuando sepas desplegar tu talento en las artes del regateo). ¡Te fascinarán los aromas y el colorido de las especias de la isla! De lunes a sábado puedes comprobar de primera mano aquí cuáles son los platos fuertes de la gastronomía mauriciana: carnes, pescados, mariscos... La sopa de cangrejo es toda una delicia, al igual que los arroces y el paratha, que es un pan de harina hecho a mano y relleno de verduras, carnes y pescados. ¡Ojalá pudieras llevártelos a casa hechos en el plato! Pero no te preocupes: si pasas por Le Caudan Waterfront, un moderno centro comercial en Port Louis, se te ocurrirán un montón de alternativas para hacer un obsequio a la gente que te espera con los brazos abiertos en casa: un peluche con forma de dodo, azúcarmade in Mauricio (¡el 90% de terreno cultivado es de caña de arroz!)... Si pasas por la localidad de Curepipe podrás pararte en un taller artesano donde conseguir una maqueta de barco totalmente fiel al original. Y en el sur de la isla, en tu visita a la Ronería de Chamarel, no solo catarás rones y licores y aprenderás cómo se elaboran en Mauricio, sino que además podrás comprar alguno en la tienda de la fábrica. ¡Así, podrás revivir en casita el sabor más fuerte de Mauricio!


Todo lo contrario a la calidez y la dulzura de los mauricianos, que harán que te sientas aclimatado en una isla ya de por sí cálida. Sus temperaturas más bajas se dan en julio y agosto, rondando los 20 grados (¡ríete tú del frío de los Alpes...!). Mauricio es un paraíso acogedor y cosmopolita. Una explosión cultural de los pueblos que han sido una influencia para ella: indios, chinos, portugueses, holandeses, franceses, británicos... Vayas de luna de miel con tu prometido (barra, prometida) o en un viaje en familia con los niños, aterrizarás en una tierra privilegiada, con un aeropuerto que dispone de conexiones con Madrid y otras ciudades europeas. Eso sí, en cuanto pongas un pie en suelo mauriciano ármate de valor: las carreteras solo tienen un carril y la circulación es a la inglesa (o sea, por la izquierda). ¡Take it easy, que estarás de vacaciones! Y además, en un entorno que te regala las mejores playas del mundo. ¿Cuántas veces en tu vida podrás decir eso?