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Munich

El enterrador del romanticismo alemán, Heinrich Heine, afirmó en su día que "entre el arte y la cerveza, Múnich es como un pueblo acampado entre colinas". A decir verdad, Múnich hoy es algo más que un pueblo, ya que el millón trescientas mil almas que la pueblan la convierten en la tercera ciudad alemana más poblada. Sin embargo, el arte y la cerveza siguen desempeñando un papel protagonista en su actividad diaria. Fundada en 1158 por monjes benedictinos, en el siglo XIV volvió a nacer tras el gran incendio que la devastó. Pero como los gatos, Múnich tiene unas cuantas vidas ya que, tras ser cuna del movimiento nazi, el bando aliado la destruyó casi por completo en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la capital de Baviera resurgió como un ave fénix desde mediados del siglo XX para convertirse en una ciudad moderna, con una gran calidad de vida, centro editorial y cultural, importante foco industrial y destacado destino turístico de Centroeuropa.


Muchos muestran su interés por ella a raíz de los éxitos de su principal equipo de fútbol, el Bayern de Múnich, mientras que a otros les llegan los rumores de que la mejor cerveza del mundo se produce aquí. La Oktoberfest es la meca de los amantes cerveceros: durante más de dos semanas a partir de mediados de septiembre, Múnich se convierte en el epicentro fiestero del planeta, con enormes cantidades de bebida dorada regando las gargantas de miles de personas venidas de todo el mundo. No obstante, durante todo el año puedes catar la codiciada cerveza muniquesa en un Biergarten, un lugar de encuentro social 100% bávaro donde tradicionalmente se elaboraba esta bebida. Aunque nada es comparable a una Helles o una Weissbier en la emblemática Hofbräuhaus, una cervecería con más de 400 años de historia visitada en su día por destacados personajes de la Historia como Lenin. Ya puestos a catar las delicias culinarias de Baviera, ¿por qué no lanzarse a probar unas Weisswurst? Son unas salchichas blancas cocidas (¡pero no unas salchichas cualquiera!), de color grisáceo, elaboradas con carne de ternera picada y manteca de cerdo. ¡Riquísimas! Ya puestos, nunca está de más aventurarse a probar un Leberkäs, un embutido con forma de caja que se come con un panecillo.


El Viktualienmarkt parece un lugar idóneo para comprarlo o comerlo. Se trata de un céntrico y animado mercado de alimentos de calidad, con 200 años de historia, situado muy cerca de la Marienplatz. Por cierto, cuando te plantes en esta, podrás decir con conocimiento de causa que estás en el centro neurálgico de Múnich desde tiempos inmemoriales. La fuente de nombre Fischbrunnen y el Antiguo y el Nuevo Ayuntamiento, este último de estilo neogótico, custodian la plaza y han sido testigos presenciales de cualquier acontecimiento reseñable que se haya desarrollado en la ciudad durante el último siglo. Por su parte, el Carillón pone la melodía a tus paseos por la plaza, ya que un paseo con música se lleva mejor. Oirás sus ecos cuando estés contemplando la Peterskirche, la iglesia más antigua de la ciudad, o cuando subas a la torre de laFrauenkirche, la catedral católica de Múnich. Desde aquí, a 99 metros de altitud obtendrás una panorámica inigualable del centro de la ciudad y de los mismísimos Alpes bávaros. Una vez llegues a las iglesias de San Miguel y de los Teatinos es poco probable que tu oído alcance las ondas del Carillón, aunque la belleza de los monumentos compensa cualquier ausencia de melodía musical. Dentro de la llamada Residencia de Múnich, por el contrario, preferirás el silencio: los aposentos de este palacio que durante siglos sirvió de residencia oficial de los monarcas bávaros te dejará sin palabras y solamente querrás contemplando detenidamente sin interferencias.


En Múnich también tienes una selva: los BMW aúllan por doquier y sus rugidos se escuchan por toda la ciudad. La principal planta de producción de esta reconocida marca de vehículos se encuentra aquí. E incluso tiene unas instalaciones especializadas, el BMW Welt, todo un paraíso donde los amantes del motor se ponen a cien por hora. ¡No pienses mal! Lo que se exhiben son los modelos más actuales de la marca. Muy cerca de aquí tienes la Torre Olímpica (Olympiaturm) esperándote para que escales sus 291 metros. Arriba te espera no solo uno de los restaurantes con más solera de Múnich, sino también la mejor panorámica del Parque Olímpico, construido con motivo de las Olimpiadas de 1972 y punto de encuentro ideal para dejar que el verdor de la vegetación se adentre por todos tus sentidos. Aunque tienes otras alternativas como los jardines que rodean el majestuoso Palacio de Nymphenburg (que por cierto, se merece una visita por dentro) o el enorme Jardín Inglés (o como lo llaman los muniqueses, Englischer Garten), uno de los mayores parques urbanos del mundo situado a orillas del río Isar, cuyo curso corta de norte a sur la capital bávara. Con islotes incluidos. De hecho, en medio de uno de estos islotes fluviales abre sus puertas el Deutsches Museum, que cuenta con una de las colecciones de ciencia y tecnología más extensas del planeta.


Podrías dar varias vueltas a Múnich y todavía te quedarían rincones por descubrir: el edificio de la Universidad de Múnich, una de las más prestigiosas de Alemania, o el Hofgarten, un parque urbano con cuatro siglos haciendo florecer historias y ubicado al lado de la Odeonplatz, antigua puerta de entrada a la ciudad; la Karlsplatz, otra de las antiguas vías de entrada a la ciudad y área comercial por excelencia... Y por supuesto debes conocer el Kunstareal, el distrito del arte con más sabiduría por metro cuadrado. Allí encontrarás la Antigua Pinacoteca (Alte Pinakothek) con la colección de pintura más importante de Alemania; la Nueva Pinacoteca (Neue Pinakothek), con obras de Van Gogh, Gauguin y muchos otros; la Pinakothek der Moderne, de arte moderno; la Gliptoteca de Múnich, con una gran colección de esculturas griegas y romanas; la Lenbachhaus, con obras de pintores muy vinculados a la ciudad... Podría estar así durante horas. Y si Múnich se te queda corto, a unos 13 kilómetros se encuentra el antiguo campo de concentración de Dachau. Los elementos que se cobijan en su interior hablan por sí solos de una época negra de la Alemania del siglo XX.


El aeropuerto de Múnich es el segundo del país, por lo que llegar a él es pan comido. Cuenta con vuelos directos con los principales aeropuertos españoles durante todo el año. En especial durante la primavera, la mejor época para dar paseos bajo el sol, o durante la mencionada Oktoberfest. Únicamente tendrás que coger un tren de cercanías (el S1 o el S8) para llegar a pleno centro de la capital bávara. Es otra de las cosas buenas de Múnich, que cuenta con una avanzada red de transporte público. Ten por seguro que, nada más poner un pie en la tierra, te encontrarás con una ciudad del siglo XXI, que combina arte, historia y modernidad a las mil maravillas. ¡Un destino prioritario en tus próximas vacaciones!

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