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Stuttgart

Punto de partida hacia los mayores atractivos naturales de Alemania, Stuttgart crece y crece arrimada a las aguas del río Neckar. La Selva Negra, las elevaciones del Jura de Suabia, el Lago de Constanza y los balnearios de Baden-Baden tienen como nexo de unión esta ciudad de 600.000 habitantes, la segunda más poblada del sur de Alemania. Cuna del filósofo Friedrich Hegel y hogar durante años de un literato de importancia como Schiller, durante los siglos XIX y XX el peso y la población de esta urbe crecieron a la misma velocidad que alcanzan los coches que se fabrican en ella. ¡Y es que Stuttgart ve nacer Porsches y Mercedes por doquier! Automóviles de calidad y distinción como ella. Una ciudad rica en actividades culturales y repleta de zonas verdes. Los jardines y los lagos se extienden a lo largo y ancho de la capital del estado de Baden-Wurtemberg, mientras que los alrededores se pueblan de zonas boscosas y de extensos viñedos que dan origen a algunos de los vinos más codiciados de Alemania. ¡La naturaleza ha encontrado su sitio en Stuttgart!


La historia también ha hecho una parada aquí. Se tiene constancia de un asentamiento romano en el siglo I en el núcleo de Bad Cannstatt, que hasta hace 100 años era un pueblo independiente. Ahora, sin embargo, constituye uno de los barrios con más encanto y personalidad de Stuttgart. En él se encuentra el Museo Mercedes-Benz, que se revela como una visita ineludible para todos los amantes del motor y de la historia del automóvil. Y también para los amantes de la arquitectura contemporánea, ya que sus formas, obra y gracia de un estudio holandés, recuerdan a un trébol, mientras que la superposición de las plantas del edificio hará que te sientas sumergido en medio de una hélice. ¡Daimler estaría orgulloso de ver a dónde ha llegado el interés de sus Mercedes! Saliendo del barrio y pasando por el Mercedes-Benz Arena, donde los futbolistas del VfB Stuttgart regatean con el esférico sin descanso, encontrarás otra meca de los motores y de los derrapes: el Museo Porsche, que cuenta la historia de esta marca de exclusivos coches deportivos. ¡El lugar perfecto para sacarse una foto fardando de cochazo!


No existe garantía de que puedas arrancar con él para volver al centro de Stuttgart. Lo que sí es seguro es que conocer otras maravillas de la ciudad no es nada difícil mientras sigan existiendo el metro, el tranvía y los autobuses. La Schlossplatz no es desde luego el punto de encuentro más original, pero sí el ideal para disfrutar de un excelente paseo urbano entre la vegetación del Schlossgarten. O para empaparte de una buena dosis de arte moderno y contemporáneo en el Kunstmuseum, un cubo de cristal que por la noche adquiere luz propia. O para contemplar la belleza imponente del Castillo Antiguo (Altes Schloss) del siglo X y del Castillo Nuevo (Neues Schloss), antigua residencia real. Estarás a tiro de piedra de la Markplatz (o la Plaza del Mercado, hablando en cristiano), donde tiene lugar un mercado semanal todos los martes, jueves y sábados. Un sitio ideal para comprar un buen fruto de los viñedos que rodean la ciudad... o para catarlo en la Fiesta del Vino, que riega de alegría y bebida a partes iguales los miércoles de agosto. ¡Y ya si te acercas aquí en diciembre, el mercado navideño de Stuttgart te conectará con la forma más alemana de celebrar la llegada de Santa Klaus! El reloj que cuelga en lo alto de la torre del Ayuntamiento irá marcando tus pasos. Eso sí, a las horas más insospechadas: las 11:06, las 12:06, las 14:36... ¿Qué es eso de marcar las horas y las medias como en el resto del mundo? ¡Originalidad ante todo, sí señor!


Cualquier hora es buena para sentarse a la mesa a probar alguna delicia culinaria. ¡Y más si es de esta región y en un bar del encantador barrio de Bohnenviertel! Los Maultaschen, unos raviolis al estilo germano con salchicha y espinaca por dentro, son el manjar más codiciado por las gentes de Stuttgart (aunque el Spätzle, una pasta con cebolla frita y salchicha, le disputa el primer puesto... ¡y no es para menos!). La cerveza, bebida alemana por antonomasia, refresca las gargantas de lugareños y visitantes, conviviendo en absoluta armonía con los vinos de Württhenberg. Con el estómago bien llenito ya no hay excusa para no proseguir con los paseos por Stuttgart. La Königstrasse se expande a lo largo de un kilómetro con una activa marcha de noche y de día, con tiendas que traen a la ciudad la moda de marcas universales. ¿Queda algún lugar del mundo donde no exista un Zara? Si tu cartera no resiste las tentaciones de apropiarse de todo lo que ve en los maniquís de los escaparates, puedes acercarte a bellas iglesias como la Johanneskirche, que rodea con sus formas neogóticas la laguna Feuersee, o a importantes museos como la Staatsgalerie, una galería que recopila algunas de las colecciones artísticas más importantes de Alemania. En la Württembergisches Staatstheaterobtendrás una de las mejores acústicas nacionales para disfrutar de la ópera. Entre los jardines del Weissenburgparkse ocultan pequeños paraísos como la Casa del Té, mientras que el edificio más impresionante de la ciudad se alza a orillas del Neckar. Es el Palacio de Rosenstein, un edificio de estilos neoclásico que alberga un museo donde se te explica con pelos y señales la evolución de los seres vivos y la diferencia entre las especies. Allí se encuentra también el Museo de Historia Natural, con una enorme colección de flora de todo el mundo. ¡Las gentes de Stuttgart no podían haber elegido mejor lugar para un museo como este! El Parque de Rosenstein los abraza con suma educación y cortesía, como cabe esperar de un genuino jardín inglés, mientras que la zona del Wilhelma, dentro del mismo parque, se convierte en un reducto de vida salvaje donde tienen su morada reptiles, monos y demás especies salidas del Arca de Noé. Un lugar perfecto para escabullirte si las formas urbanas te empiezan a agobiar. Aunque en este caso, escaparse hasta la reserva natural de Rotwildpark, admirar la grandeza del Palacio de Ludwigsburg a 12 kilómetros de la ciudad o subir hasta la Torre Bismarck para contemplar la panorámica más completa de Stuttgart son planes que también deberías sopesar. ¡Además de la ya mencionada Selva Negra!


Stuttgart es una ciudad que vale la pena conocer siempre. Durante todo el año tienes excusas perfectas para visitarla: el Trickfilm Festival, que es un certamen internacional de cine de animación; la Stuttgarter Sommerfest, ideal para disfrutar de la música y la cocina alemana bajo los apacibles rayos del sol estival; la Cannstatter Volksfest, una de las mayores fiestas populares de Alemania celebrada en Bad Cannstadt... Es por ello que el Aeropuerto de Stuttgart, con parada propia de metro, cuenta con vuelos a múltiples ciudades del mundo, muchas de ellas españolas (Barcelona, Madrid, Málaga, Palma...). ¿Quién no va a querer conocer así Stuttgart? Una urbe conectada con el siglo XXI, tan dinámica como su pasado automotriz, inquieta por ofrecer conocimientos, llena de vida y aire puro.

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