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Plaza en Old Town

Una bella y aguerrida sirena de nombre Sawa, escudo y espada en mano, se puso fiera y mandó construir la ciudad de Varsovia. O al menos eso cuenta la leyenda... Se tiene cuenta de un asentamiento humano en esta orilla del Wisla desde el siglo X. No obstante, Varsovia tuvo que esperar hasta el año 1596 para ostentar el título de capital de Polonia. Desde entonces ha crecido, aunque no lo ha tenido fácil. Protagonista de amargos capítulos de la Historia del siglo XX, hoy en día es el principal conglomerado de un área urbana de 2,8 millones de habitantes. Y cabeza de un país que ha tenido que sacar a relucir su fuerte personalidad para no ser fagocitada por sus vecinos mayores.


En esa pelea entre potencias, la cosmopolita Varsovia sufrió y mucho. De poco le valieron sus robustas murallas. Cuando aliados y nazis decidieron enterrar el hacha (o las bombas) de guerra, Varsovia ya estaba hecha escombros. No obstante, después de la caída hay que levantarse. ¡Y Varsovia se aplicó muy bien el cuento! La fidelidad con la que se siguió la reconstrucción del casco antiguo de la ciudad le valió el título de Patrimonio de la Humanidad, ¡que no es moco de pavo! Todo comenzó con un castillo situado en una plaza coronada por una columna en honor al rey Segismundo III Vasa. Un castillo de estilo barroco y tintes rojizos donde vivió durante años la Familia Real de Polonia, y que hoy cuenta con un interesante museo con pinturas y muebles que te transportan a tiempos remotos. Este Castillo Real dio origen al Stare Miasto. O sea, a la Varsovia más vetusta y animada, llena de tiendas con productos artesanales y restaurantes donde catar unos genuinos Pierogi. Ante tal trasiego de gente de arriba para abajo, en una plaza cercana se fue creando un importante mercado que se convirtió en lugar de reunión de varsovianos y gentes de otros lares. Una plaza flanqueada por edificios bastante coloridos entre los que destacan el Museo de la Literatura y el Museo de la Historia de la Ciudad. ¡No hay mejor lugar para conocer los devenires de Varsovia que no sea en su mismísimo centro neurálgico! No obstante, la cercana Catedral de San Juan ya habla por sí sola: aunque edificada de nuevo tras la Segunda Guerra Mundial, imita a la original del siglo XIV, con un curioso tejado que parece que quiere ir escalón a escalón alcanzando el cielo.


Una vez aquí, tienes dos opciones. Una, cruzar al otro lado del Wisla para adentrarte en el mundo bohemio y por momentos siniestro de Praga (no te has sido a tierras checas, sigues en pleno centro de Varsovia). O dos, no atravesar el río y quedarte en esta orilla. Si eliges la segunda opción, puedes tirar hacia el norte. Aquí te espera Nowe Miasto, que es como los polacos llaman al barrio de "Ciudad Nueva". En realidad ya hace tiempo que esta parte de Varsovia se estrenó (¡sus primeros edificios son del siglo XIV!), pero en comparación con la maravilla histórica que tiene al lado... ¡Así, cualquier monumento parece todo un querubín! En la plaza Krasinsich se levanta el Monumento a los Héroes del Levantamiento de Varsovia, dos hombres de bronce (que no bronceados) que dieron lo mejor de sí por defender a su ciudad en la Segunda Guerra Mundial. Nowe Miasto es un conglomerado de calles en torno a la calle Freta, donde se encuentra la casa que vio nacer a la célebre Marie Curie, y con iglesias como la de San Casimiro, que con su cúpula ilumina de tonos verdosos el cielo de la capital polaca. En esta zona puedes entrar en un bar mieczny o "bar de leche", ideal para probar unas sopas polacas.


En cambio, si tiras hacia el sur puedes seguir la Ruta Real, que como su propio nombre indica, era el camino que realizaba la Familia Real desde su Castillo hasta el imponente Palacio de Wilanów, ya en las afueras de la ciudad. Desde luego vale la pena emular a la realeza: atravesarás la Krakowskie Przedmie?cie, una calle de nombre impronunciable para los latinos que viene a significar "Suburbio de Cracovia". Eso sí, ¡de suburbio nada de nada!: aquí se encuentran edificios de calidad como el Palacio Presidencial, la Universidad de Varsovia, así como diferentes iglesias (¡es que en Polonia siempre han sido muy católicos!) como la Iglesia de la Santa Cruz, donde reposa el corazón sin latidos de Chopin. No muy lejos están el Gran Teatro de Varsovia, donde "El Barbero de Sevilla" inauguró la actividad cultural del recinto, y los Jardines Sajones, un escenario verde puramente romántico donde te sentirás todo un lord intentando conquistar a tu amada. Sigue recto y llegarás a Ulica Nowy Swiat, la calle del Nuevo Mundo que, efectivamente, parece otro mundo aparte. Sin perder su belleza, esta vía es un templo a la moda, ya que cuenta con un montón de tiendas de ropa y complementos, además de prestigiosos restaurantes con los mejores platos de la gastronomía polaca. Nunca está de más tomar un pequeño desvío para disfrutar de la cultura polaca en el Museo Nacional o de la obra del gran Chopin en su museo. Este es un personaje ilustre de Varsovia. Bueno, en realidad se trasladó aquí con pocos años de vida, pero los acogedores varsovianos lo han tratado siempre como uno de los suyos. La ruta sigue hacia el Parque de Ujazdow y el frondoso Parque de Lazienki, donde te espera tímidamente el Palacio en la Isla. Pero su ubicación en medio de las aguas de un lago la convierten en foco de atención para todo aquel curioso que se acerque a conocer Varsovia. Eso sí, el premio por llegar al final de la ruta no hay dinero que lo pague: el esplendoroso Palacio de Wilanów reposa tranquilo, protegido por sus jardines. Un Versalles trasladado a Polonia. ¡No está nada mal!


Fuera de estas áreas, Varsovia va regalando pequeñas tesoros escondidos entre su entramado urbano. El Palacio de la Cultura y la Ciencia es una de ellas, aunque para nada se esconde: es el edificio más alto de la ciudad y uno de los más elevados de Europa, donde tienen lugar algunas exposiciones. A pesar de su nombre, el Museo del Alzamiento de Varsovia tiene menos alzada. Es el lugar perfecto para entender la masacre que causó aquí la Segunda Guerra Mundial y las consecuencias que trajo a posteriori. ¡Menos mal que no siempre tiempo pasado fue mejor!


Varsovia tiene alojamientos para todos los gustos. Eso sí, si quieres acceder fácilmente a todo lo que la capital polaca tiene para enseñarte, lo mejor es que cojas sitio en algún lugar del centro de la ciudad. No solo llegarás fácilmente a todos los lugares que te acabamos de indicar, sino también a los dos aeropuertos de la ciudad. ¡Sí, dos, que Varsovia no es una ciudad cualquiera! Cogiendo el autobús 175 en Stare Miasto llegarás al aeropuerto de Varsovia-Chopin, con vuelos directos a Barcelona, Madrid, Málaga y Canarias. Más lejos se encuentra el aeropuerto de Varsovia-Modlin, que cuenta también con vuelos a los principales destinos españoles operados por una línea de bajo coste.


¡Ya no tienes excusa para no acercarte a una de las ciudades más importantes de Europa Central! Varsovia ha sabido reinventarse, dejando atrás su último siglo de penurias para mirar al siglo XXI con optimismo. ¿Por qué no conocerla en todo su esplendor?

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